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lunes, 26 de enero de 2015

CAPÍTULO DIECINUEVE



Aunque en el fuero interno de Lali sentía un torbellino de pena, de miedo y de ira, supo mantener su compostura.

—Verás, yo estaba asegura de que no ibas a querer que trabajara para ti, e intenté hacérselo comprender al señor Weatherby –dijo  Lali dirigiéndose a la puerta—. Pero me dijo que cuando te enterases de que soy bilingüe, cambiarías de opinión.

—¿Bilingüe? –repitió Peter despectivamente.

Lali se volvió hacia él con la mano ya en la puerta.

—Sí, por eso puedo decirte lo que pienso de ti en perfecto italiano. Pero es mucho más gratificante decírtelo en nuestro idioma: ¡eres un idiota!

Lali salió de allí como una flecha, y cuando ya se encontraba en el ascensor, sintió una mano que la asía por la muñeca.

—Vuelve ahora mismo a mi despacho –rugió Peter.

—¡Quítame las manos de encima!

—Mira Lali, aquí hay cuatro personas que nos están mirando, y una de dos: o entras en mi despacho por tu propio pie, o te juro que te arrastro yo mismo hasta allí.

—¡Vamos, atrévete! –gritó Lali fuera de sí—. ¡Te denunciaré por asalto!

Inesperadamente, Peter abandonó su actitud violenta y esbozó una sonrisa.

—Tienes unos ojos preciosos, Lali. Cuando te enfadas, chispean como…

—¡No digas tonterías! –gritó Lali mientras se revolvía en vano para liberar su muñeca.

—Conozco muy bien tus ojos…

—¡Haz el favor de no hablarme así! ¡No quiero que me trates como si fuera tu amante!

—Mentira, te encantaría que te tratara de esa forma.

Aquel repentino cambio de tono dejó completamente desconcertada a Lali, que se encontró de pronto sin ánimos para discutir y bastante alterada en general. Dándose por vencida, se recostó en la pared y, con una mirada suplicante, murmuró:

—Peter, por favor, déjame marchar.

—No puedo. Cada vez que te veo, me parece más difícil dejarte marchar.

—¡Pero si acabas de despedirme!

—Pero acabo de volver a contratarte.

La situación era tan absurda que Lali fue incapaz de soportar aquella irresistible sonrisa, aparte del hecho de que no podía permitirse el lujo de perder aquel trabajo, así que, aunque de mala gana, le siguió por el pasillo hasta el despacho de su secretaria, que comunicaba con el suyo por una puerta.

—Julia –dijo Peter a la mujer de cabellos grises que se encontraba sentada en el escritorio—. Esta señorita es Lali Espósito, y va a trabajar en el proyecto Rossi. Mientras yo asisto al almuerzo, acomódela aquí mismo, en el otro escritorio, y póngala a traducir la carta que ha enviado es señor Rossi esta mañana— y dirigiéndose a Lali con una cálida sonrisa, añadió—: Tú y yo vamos a tener una larga conversación cuando vuelva.

Julia Calvo, así se llamaba la secretaria de Peter, parecía tan contrariada como la propia Lali por su repentina presencia en aquella oficina.

—Es usted muy joven, señorita Espósito –comentó con tonillo desagradable, mirándola de arriba abajo.

—No se preocupe, estoy envejeciendo rápidamente –replicó Lali.

E ignorando la sutil mirada de la buena señora, ocupó el escritorio de frente al de ella y se enfrascó en su trabajo.

A la hora y media, el teléfono de Julia sonó y Lali se levantó apresuradamente a contestarlo.

—¿Diga?

—¿Julia? –preguntó la afectuosa voz femenina en tono inseguro.

—No. Soy Lali Espósito. La señora Calvo de encuentra fuera de su despacho en estos momentos. ¿Quiere dejar algún recado?

—Oh eres tú, Lali. Hola. Soy Eugenia Suarez. No quiero interrumpir a Peter, así que, ¿podrías hacerme el favor de decirle que llego a Nueva York en el último vuelo de la mañana? Dile también que iré directamente desde el aeropuerto al Recess Club, y que le espero allí a las siete.

—En este momento está almorzando, pero descuida, le daré el recado.

¡Aquello de coger los recados de las amiguitas de Peter era lo último! Nada más colgar el teléfono, éste volvió a sonar. En esta ocasión se trata de una mujer con acento sureño que preguntaba por “Piti”

—Lo siento ene este momento no está. ¿Quiere dejar algún recado?

—¡Vaya por Dios! –exclamó la mujer con fastidio—. Soy Tini. Piti no me ha dicho en qué plan es la fiesta del sábado y no sé qué ponerme. Dígale que le llamaré esta noche a casa.

Lali colgó con tanta energía, que se estuvo a punto de derribar el aparato al suelo.

Afortunadamente, cuando Peter volvió a la oficina, ella ya había recuperado la calma, con la misma correcta amabilidad.

El timbre de su intercomunicador no tardó en sonar, y poco después, a voz sensual y profunda de Peter se dejaba oír.

—Lali, ¿puedes entrar un momento, por favor?

Lali cogió las notas que había tomado de las respectivas llamadas y entró.

—¿Sí?

—Ven aquí –le dijo Peter, que se encontraba apoyado en su escritorio con los brazos cruzados.

A Lali no le pasó desapercibida su inquietante mirada, por lo que avanzó con cautela hacia él y se detuvo fuera de su alcance.

—Más cerca.

—Así está bien. Demasiado cerca, diría yo.

Peter dijo con voz solemne:
—Tú y yo necesitamos aclarar algunos aspectos personales. ¿Por qué no salimos esta noche a cenar para poder charlas tranquilamente?

—Lo siento, pero esta noche ya he quedado.

—Entonces, ¿mañana? –insistió Peter, teniendo la mano hacia ella.

Lali aprovechó aquel gesto para colocarle los papeles en la mano.

—Mañana tienes otra cita, con la señorita Suárez, en el Club Recess, a las siete.

Peter ignoró sus palabras.

—Me marcho a Italia el miércoles…

—Que tengas un buen viaje.

—Volveré el sábado –prosiguió Peter con cierta impaciencia—. Iremos…

—Lo siento –interrumpió Lali con una sonrisa burlona—. Yo el sábado tengo otras cosas que hacer y tú también. Tini ha llamado preguntando si la fiesta del sábado es de etiqueta o no. A propósito, te llama “Piti”… ¡Qué pareja tan encantadora. Tini y Piti!

—Cancelaré esa cita –declaró Peter.

—Pero yo no cancelaré la mía. Bueno, ¿quieres algo más?

—Sí, maldita sea. Quería decirte que sé que te he hecho daño, y lo siento.

—Acepto tus disculpas –le interrumpió Lali alegremente—. Al fin y al cabo, sólo has herido mi orgullo.

—Lali, te estoy pidiendo perdón porque…

—No te repitas, Peter, ya te has disculpado.

—…porque quiero que nos llevemos bien a partir de ahora. Por el bien de los dos tendremos que ser discretos y no dar pie a murmuraciones dentro de la empresa. De todas formas, creo que con un poco de cautela no las podremos arreglar.

Lali enrojeció de indignación.

—¡Arreglárnoslas! ¿Para qué? ¿Para tener una aventura?

—Lali, yo te deseo y sé perfectamente que tú me deseas a mí. También sé que estás furiosa conmigo porque después de ser tu primer amante te he…

—¡Pero… qué va! –Protestó Lali, deshaciéndose en una melosa sonrisa—. Yo no cambiaría aquella noche por anda del mundo. Es más, ya he decidido que cuando tenga una hija te llamaré a ti para que la inicies. Si es que todavía sigues “activo”.

La distancia de seguridad no sirvió de nada, porque Peter, con los ojos llameantes, se acercó a ella y la atrajo hacia sí.

—Eres preciosa e insoportable…

Y entonces la besó con una mezcla de ira y deseo contenido. Pero Lali apretó los dientes y, haciendo un esfuerzo supremo, se separó de él.

—¡Maldita sea, déjame! –sollozó, apoyado la cabeza en su pecho.

Peter aflojó su brazo.

—¡Si pudiera dejarte, te dejaría, Lali, de verdad! –exclamó con desesperación. Y después, apartándole el pelo de la cara, añadió—. Después de  que te marcharas de Harbor Springs, no pude dejar de pensar en ti ni un momento. Y hoy, en la comida de trabajo, era incapaz de concentrarme por tu culpa. ¡Te aseguro que no puedo evitarlo! Es superior a mis fuerzas.

Aquella confesión echó abajo las defensas de Lali, rindiéndola y seduciéndola infinitamente más que un beso.

Se encontraban así, mirándose a los ojos sin decir nasa cuando una voz destemplada, que procedía de la puerta, vino a interrumpirles.

—¿Se trata de esto el proyecto de máxima prioridad para el que Lali ha sido requerida?

Lali se desasió de los brazos de Peter al mismo tiempo que Pablo entraba en el despacho.

—Me parece que las cosas se van a poner un poco difíciles para Lali –prosiguió Pablo en tono burlón—. En primer lugar, me temo que Julia ha presenciado buena parte de esta conmovedora escena, y, teniendo en cuenta la fidelidad ciega que te profesa, no me extrañaría que le echase todo la culpa a Lali. Y en segundo lugar, da la casualidad de que esa cita que quería que Lali anulase el sábado, era precisamente conmigo, y teniendo en cuenta que tú y yo somos amigos íntimos y que la semana tiene siete noches, me parece un mal detalle por tu parte que quieras robarme mí noche –en aquel punto, Peter arrugó el entrecejo con expresión feroz, pero Pablo, habiendo caso omiso, prosiguió su perorata—. Ya que obviamente los dos estamos detrás de la misma chica, creo que lo más prudente sería establecer las reglas de juego. En primer lugar: ¿vale perseguirla dentro de la oficina? Yo no estoy dispuesto a atenerme a…

Lali que se había quedado muda, recobró por fin la facultad de hablar.

—¡Me niego a escuchar ni una sola palabra más!

Dicho eso, se dirigió con paso resuelto a la puerta.

Pablo se apartó de su paso, y esbozando una sonrisa burlona, se dirigió a Peter:

—Como te iba diciendo, Peter, estoy dispuesto a…

—Espero que tengas una buena razón para justificar esta inesperada visita –le interrumpió Peter secamente.

—En efecto. Existe una razón. Curtis ha llamado cuando yo no estaba. Creo que quiere hablarme de un asunto…

Lali acababa de salir por la puerta cuando, al oír aquel nombre, se paró en seco, y sintió que empezaba a sudar.

Curtis era uno de los seis sospechosos que le había enumerado Philip para que estuviera atenta por si oía pronunciar su nombre.

“Curtis quiere hablarte de un asunto…”

Lali se dejó caer en su silla e intentó escuchar algo más, pues ellos habían bajado la voz y, con el ruido de los teléfonos y la voz de Julia, resultaba imposible.

Pero cabía la posibilidad de que Curtis fuera el nombre que pila en lugar del apellido. El hombre que Philip buscaba se llamaba Michael Curtis, y Pablo sólo había dicho “Curtis”, sin más. Lali se apresuró a buscar en la guía telefónica de los empleados de Global Industries: figuraban dos hombres llamados Curtis; quizás fuera uno de ellos.

Pero enseguida surgió otro impedimento: Lali consideraba a Pablo incapaz de actuar como intermediario en un asunto tan sucio. No era propio de Pablo.

—Si no tienes trabajo –se oyó la voz fría como el hielo de Julia—, no me importaría pasarte parte del mío.

Lali se sonrojó hasta las orejas y se concentró en sus papeles.


Para alivio de Lali, Peter permaneció en una reunión el resto de la tarde y cuando dieron las cinco, todavía no había aparecido. Cuando terminaba de recoger sus cosas, Pablo apareció y se dirigió directamente a su escritorio.

—¿Quieres hablar conmigo? –le preguntó Pablo.

—Está bien.

Una  vez es su despacho, y sentados frente a frente, Pablo rompió el fuego.

—¿Y bien? Venga, dime lo que sea, porque entre tú y yo ya no tiene sentido andarse con formalidades.

—En ese caso… —comenzó Lali un tanto nerviosa—. Dime… ¿por qué te quedas ahí… escuchándolo todo? ¿Por qué se te ocurrió decir esas cosas de nosotros,,, de ti y de mí?

—Cuando volví de comer y me enteré de que te habían mandado a trabajar con Peter, subí inmediatamente para asegurarme de que todo marchaba bien. Julia me dijo que acababas de entrar en su despacho y yo abrí la puerta por si acaso hacía falta rescatarte. Y allí estabas tú… mirándole con una sonrisa angelical mientras le dabas los recados telefónicos de otras mujeres y rechazabas sus proposiciones deshonestas. ¡Estuviste magnífica Lali! –exclamó rompiendo a reír—. Ya me marchaba cuando de pronto Peter empezó a pasarse de la raya diciéndote que no podía dejar de pensar en ti. Por último, cuando te vi llorar contra su pecho, no pude contenerme más y entré.

—¿Por qué?

—Pues porque no quería que te hiciese daño, porque en ese caso tú probablemente te marcharías de la empresa y yo quiero que sigas aquí… no sólo porque alegres mi triste oficina con tu bonita presencia,  sino también porque eres una secretaria eficiente… y a decir verdad, me agradas.

Lali sonrió ante aquel cumplido, pero no se dio por satisfecha con su contestación. En realidad, Pablo no le había aclarado por qué había mentido de aquella manera delante de Peter, haciéndole creer que entre los dos existía algo.

—Entonces –murmuró Lali expresando sus pensamientos—, si Peter cree que tú estás interesado en mí, se lo tomará como un desafío, y le resultaré todavía más atrayente. No escamoteará tiempo y esfuerzos hasta conseguirme. Además, como estará ocupado persiguiéndome, no le quedará tiempo libre para dedicárselo a Eugenia, ¿verdad?

Pablo entornó los ojos.

—Peter, Eugenia y yo fuimos juntos a la universidad. Somos amigos desde hace años.

—¿Amigos íntimos?

—Hace muchos años Eugenia y yo estuvimos prometidos. Quizás debería cumplir mi amenaza y dedicarme a perseguirte yo también –añadió con una sonrisa diabólica.

Lali sonrió.

—Tengo el presentimiento de que eres tan cínico y taimado como él. Bueno, bueno, no pongas esa cara; también son muy guapos los dos.

—Gracias.

—¿Estaban Peter y tú en el mismo club de estudiantes? –preguntó Lali.

—No, Peter estaba en la universidad con una beca, y no podía permitirse el lujo de pertenecer a un club de estudiantes. Haz el favor de no poner esa cara de pena, boba. Peter no tenía dinero, pero era inteligente y se convirtió en un ingeniero de los mejores. También tenía todas las chicas que se le antojaban, incluidas algunas que me gustaban a mí.

—No estaba poniendo cara de pena por el –dijo Lali, poniéndose en pie, dispuesta a marcharse.

—¡Ah! A propósito. Hablé con Julia y le dejé bien claro quién había seducido a quién hace unas cuantas semanas.

Lali suspiró con desesperación.

—Pues yo hubiera preferido que no…

—¡Todo lo contrario! Deberías alegrarte. Verás, Julia trabajó ya para el abuelo de Peter, así que le conoce desde que era un chiquillo y le quiere mucho. Es muy rígida en cuestiones de moral, y profesa un odio especial a todas las mujeres agresivas que se dedican a perseguirle. De no ser por mí, te habría hecho la vida imposible.

—Pues si es una moralista, no me explico cómo puede trabajar para Peter.

—Peter y yo somos sus favoritos, piensa que ya no tenemos remedio.

Cuando estaba a punto de marcharse, Lali se volvió con expresión pensativa.

—Pablo, ¿entonces subiste al despacho sólo por mi causa? ¿Te inventaste la excusa de que Curtis quería hablar con Peter?

—No, eso era verdad –contestó Pablo, mirándola con curiosidad—. Aunque, desde luego, lo utilicé como una excusa. En cuanto te marchaste, Peter me dijo muy enfadado que el asunto Curtis no era lo suficientemente importante como para justificar mi intromisión. Pero… ¿por qué me preguntas por Curtis?

—Por nada especial –repuso Lali sonrojándose.

—Bueno, vamos. Yo también me marcho ya.

Salieron juntos del edificio, justo a tiempo para que Lali tuviera ocasión de ver a Peter subiendo a su lujoso coche. El también reparó en ellos, y dirigió a Lali una significativa mirada que contenía algo de promesa y algo de desafío.


—¿Dónde, señor Lanzani? –preguntó el chofer.

—Al aeropuerto Metro.

Peter volvió la cabeza y contempló a Pablo y a Lali cruzando el bulevar, fijándose en el armonioso movimiento de caderas de ella y en la gracia y la desenvoltura de su manera de andar. Pensándolo bien, todo lo de Lali le atraía; le divertía, le ponía furioso, despertaba sus deseos sexuales. Lali reunía en sí una mezcla de inocencia y sensualidad, de ternura y de agresividad, que la convertían en una persona muy especial.

Cómodamente reclinado en su asiento, Peter meditó acerca de la aventura que se había propuesto vivir con ella. Sabía que era una locura mantener relaciones con una empleada suya, y por eso se arrepentía de haberle conseguido un puesto de trabajo en su propia empresa, cuando podía haberla colocado en cualquier otra de algún amigo suyo. Pero ya era demasiado tarde y, además la deseaba.

Continuará...

Capítulo larguito ;)
Mañana más!!

19 comentarios:

  1. Para mi , peter sigue siendo idiota
    Mass

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  2. Holaaaaa!
    Uffs veremos!....
    Lali que paso?! Hiba tan bien, siendo fuerte y todo pero la besa y adiós todo jajajja
    Peter la vera como un desafío o algo así..
    A lo mejor si siente amm atraído por ella pero nada más
    Me sigue pareciendo ammm idiota podría decirse..
    Jajajjaa me quede como que? Pablo con Lali en serio? Pero ya después entendi jajaja
    Creo que Pablo y Lali se llevarán super bien y harán un buen equipo..
    Uhhhhh ya esta averiguando algo de la empresa..

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  3. Espero k puedan hablar tan bien como Lali lo hace con Pablo

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  4. Peter sigue siendo el mismo imbecil

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  5. Me encantoooo.. Otroooo

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  6. Bue! Pasó de todo!Y Peter no baja los brazos parece y ella creo q se esta metiendo en arenas movedizas entre ambos y su investigacion!

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  7. Quiero que Lali actúe así siempre pero que no se derrumbe por un beso de peter

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  8. capitulo doble plissssssssssssssss

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