En la clínica de Haddington Road, Lali llevaba lo
que le estaban pareciendo horas escuchando distraída al señor Peavey, incapaz
de concentrarse lo suficiente para articular una frase. No podía pensar más que
en Peter. Durante toda la tarde y en el trayecto de vuelta a casa, trató de
imaginar lo que él estaría haciendo y si estaría pensando en ella. Cerró los
ojos y pudo ver cómo se le rizaba el pelo oscuro por encima del cuello de la
camisa, su mano grande descansando en la de ella, las patas de gallo que se le
formaban cuando reía. Pudo ver el ardor de su mirada cuando se había sumergido
en sus entrañas. La recorrió un escalofrío y se frotó los brazos enérgicamente
con las manos.
De vuelta en Russell Square, se vistió con mucho
cuidado para la velada. El vestido de brocado rosa pálido que eligió parecía
algo excesivo para Vauxhall Gardens, pensó, y soltó una carcajada de alegría.
Como si quedaban en medio de un campo de calabazas, a ella le daba igual
mientras pudiera volver a verlo.
A las seis y media, casi salió volando de la casa,
detuvo un coche de alquiler a la puerta y, feliz, le dio al cochero la
dirección de lady Darfield. Al llegar a la mansión de Audley Street, sonrió de
oreja a oreja al mayordomo cuando éste la condujo a la salita verde, en la que Candela,
tirada en el suelo, jugaba con Alexa. Su amiga se puso de pie cuando Jones la
anunció. —¡Lali! ¡Qué grata sorpresa! —exclamó, saludándola con un cariñoso
abrazo—. ¡No te esperaba! Cuánto me alegro de que hayas venido. Agustín y yo
nos hemos pasado el día entero preparándonos para nuestro regreso a Blessing
Park y no me vendría mal un poco de compañía.
—Debí haberte enviado una nota, pero confiaba en
que pudieses hacerme un inmenso favor —le contó Lali, cogiéndole las manos a su
amiga.
—¡Claro! ¿De qué se trata?
—¿Me ayudas a peinarme, por favor?
—¿A peinarte? —preguntó, jocosa, Candela—. Vaya,
vaya, condesa de Bergen, ¡en tu vida te has preocupado de tu pelo!
—Lo sé, lo sé, pero hoy quiero llevar algo muy
especial. —Le soltó las manos a su amiga y dio una vuelta sobre sus talones—.
¿Cómo lo ves?
—Lo que veo es que hace tiempo que me muero por
meterle mano a esos rizos. ¿A qué se debe tanto acicalamiento?
Lali titubeó. Qué curioso, hasta entonces no había
pensado en lo extraño de la situación.
—Bueno, es un..., nada —espetó.
Candela frunció los ojos, recelosa.
—Nada, ¿no? —Le abrió de golpe la capa a Lali y
contempló su vestido—. Cielo santo, ¡es precioso! Muy bien, no me lo digas,
puedo adivinarlo —exclamó, dándose golpecitos con las manos en la cadera.
—¿Ah, sí? —preguntó Lali, asustada.
—¡Pues claro! Estás enamorada, Lali Espósito, y no
te atrevas a negarlo. ¡Él no va ocultando sus afectos precisamente! —exclamó y
se agachó para recoger del suelo a Alexa.
De pronto, Lali notó que le faltaba el aire.
¿Había oído Candela los chismorreos? Cielo santo, ¿cómo se habría enterado?
—N-no sé a qué te refieres —dijo con voz temblona.
Candela rió, apoyándose a Peter en la cadera.
—Lali, todo el mundo sabe que el conde de Bergen
está loco por ti. ¡Ay, cuánto me alegro, de verdad! Vas a seguir adelante,
¿verdad?
Perpleja y aliviada de que Candela pensase que a
quien quería era a Máximo, Lali rió nerviosa.
—¿Con qué vamos a seguir adelante?
—¡Con el matrimonio, por supuesto! —soltó Candela.
—¿Matrimonio?
—¿Quieres decir que no te lo ha propuesto?
—preguntó
Candela, incrédula.
—No, es decir, sí..., quiero decir...
—Está aquí lady Nina, señora —anunció Jones desde
la puerta.
—¡Ah, estupendo! Organizaremos una pequeña
reunión, ¿te parece? ¡Una especie de celebración! ¡Dos bodas en un año! —Candela
rió, encantada—. Hazla pasar, por favor —le ordenó al mayordomo, luego le
dedicó una sonrisa cariñosa a Lali—. Prométeme que no dirás una palabra hasta
que yo vuelva del cuarto de la niña, ¿me lo prometes? ¡Contén tus pensamientos!
—exclamó feliz y casi se escabulló de la sala, explicándole a Alexa que mamá
iba a tomar el té con sus amigas.
No tomarían el té si Lali podía evitarlo.
Completamente abochornada por la presencia de Nina, buscó desesperada el modo
de huir o, al menos, un escondite. Sintió una punzada de amarga vergüenza y se
precipitó a ciegas hacia la ventana. Al oír que se abría la puerta, Lali se
volvió sobre sus talones y se apoyó en el marco de la ventana.
Nina parecía tan sorprendida como ella y se quedó
titubeando un buen rato en el umbral de la puerta. Algo pálida pero, no
obstante, vestida de un verde manzana que le favorecía, la prometida de Peter
caminó despacio y con elegancia hasta el centro de la sala. Lali destilaba
vergüenza y horror por todos sus poros.
—Buenas tardes —dijo Nina, muy educada.
—Lady Nina... —resopló Lali.
—Lady Nina... —resopló Lali.
—Disculpe la intromisión. Jones no me ha
mencionado que...
—No, no, por favor, no es ninguna intromisión...
M-mi visita no estaba prevista. Lady Darfield ha ido al cuarto de la niña,
pero... pero volverá en seguida.
La señorita Reese asintió con la cabeza y echó un
vistazo a la salita antes de dirigirse a un sofá tapizado de seda china dorada.
—Eh..., tengo entendido que ha estado fuera
—espetó Lali por decir algo.
Nina asintió con brusquedad y ésta lamentó de
inmediato las palabras que había elegido.
—Sí. Mi abuela ha estado muy enferma...
—Lo siento muchísimo.
—Lo siento muchísimo.
—Ya se encuentra mucho mejor, gracias —contestó Nina
con frialdad. Estaba sentada recatadamente al borde del sofá, estirándose
nerviosa las faldas del vestido—. He vuelto tan pronto como ha empezado a
recuperarse. —Hizo una pausa, visiblemente incómoda—. No se imagina la cantidad
de preparativos que conlleva la boda de un duque —repuso, mirándose el regazo.
Lali retiró la mano del marco de la ventana y la
dejó caer a su costado.
—Debe de ser abrumador —murmuró, tragando saliva
para deshacer el nudo que la sensación de culpa le había provocado en la
garganta.
—Sí, ciertamente lo es. El servicio de comidas, la
florista..., el ajuar. Y es tan complicado decidir qué llevarse para el viaje
de bodas.
—Estoy segura. —Que Dios la asistiera, porque iba
a fenecer allí mismo.
—Son tantísimos detalles, y luego está la
distracción de mi entusiasta prometido —comentó Nina, tensa—. Dice que me ha
echado muchísimo de menos. —Levantó la vista y miró a Lali por el rabillo del
ojo—. Confío en que no me considere vulgar, condesa de Bergen, pero ¡no me
quita las manos de encima! De hecho, me ha pedido que huyamos y nos casemos.
¡Hoy! —Soltó una carcajada histriónica.
A Lali se le cayó el alma a los pies. Peter no
podía haberle pedido eso, menos aún aquel día, después de la noche anterior.
¿Por qué iba a mentirle Nina? Fijó la vista en la puerta y contuvo una nueva
arcada, preguntándose si podría llegar hasta allí sin desplomarse.
Nina tosió discretamente.
—M-me jura que no puede aguantar hasta que estemos
casados, pero yo le he dejado bien claro que tiene que hacerlo. ¿Se puede creer
que incluso me lo he llegado a plantear? Pero hay tantas expectativas puestas
en nuestro enlace... que tendrá que esperar un poco más. —Volvió a reír, algo
histérica.
Lali notó que su propia histeria bullía, como un
volcán.
—Le ruego me disculpe, condesa. Es que... —volvió
a alzar la vista y detectó la mirada horrorizada de Lali— es que lo quiero
tantísimo... ¿Sabe lo que es querer tanto a alguien?
La interpelada, que no sabía si podría articular
palabra, se limitó a menear la cabeza.
Nina esbozó una sonrisa, una con la que no
desapareció la peculiar expresión de sus ojos.
—Haría cualquier cosa por él, ¿sabe? Pero no es
cuestión de largarse a Gretna Green... Al menos en nuestra situación, claro.
Debemos pensar en muchas otras personas, ¡por ansioso que esté el novio! Bueno,
dejemos el tema —dijo con un movimiento despectivo de la muñeca—. ¡Qué vestido
tan bonito! ¿Va a algún sitio especial esta noche?
—No —espetó Lali, sofocada—. Tengo que irme...
—¡Ah, no, ni hablar! No pretendía estropear su
visita a lady Darfield.
—En serio, no puedo quedarme. —Con las piernas
agarrotadas, se abalanzó sobre la puerta, desesperada por salir de aquella
estancia y alejarse todo lo posible de Nina Reese antes de romper a llorar como
una Magdalena. Salió de allí tan aprisa que no vio cómo Nina se dejaba caer en
el sofá, se llevaba las manos al estómago y se doblaba de dolor.
Continuará...
+10 :'s
Hay no que feo :'(
ResponderEliminarLo peor es que lo que dijo no fue mentira :/
ResponderEliminarJajajaj y candela pensando que era maximo :?
ResponderEliminarpobre lalii
ResponderEliminarque tonto peter, todo le dolor que le causo a lali
ResponderEliminarLa pregunta es porque nina fue a ver a candela
ResponderEliminarquierooo masssssssssss
ResponderEliminarmassssssssssssssssssssssssssssssssss
ResponderEliminarque yegua nina contandole lo que paso
ResponderEliminarSalió de allí tan aprisa que no vio cómo Nina se dejaba caer en el sofá, se llevaba las manos al estómago y se doblaba de dolor.
ResponderEliminarmmm se casaran peter y nina y el quedara viudo???????
otrooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
ResponderEliminarmee encanta como se pone lo cosa. ojala q lali no sufra muchoo con las cosas q hace peter
ResponderEliminarLas dos sufren x Peter y él no hace nada bien.
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