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jueves, 8 de marzo de 2012

Capítulo 27

Lali sabía lo que quería, aunque podría no ser lo mejor para ella. El corazón no siempre elegía sabiamente, pensó. Aun así, entró en la casa para buscar a Peter, sabiendo que había tomado la decisión más acertada.


Sus hermanos se habían ido y lo encontró solo en la habitación en la que lo había dejado, mirando por la ventana. Tenía la camisa arrugada y sombras alrededor de los ojos… no parecía haber dormido mucho en los últimos días.

-Lali: Peter.
Él se dio la vuelta, sorprendido.
-Peter: ¿Estás bien, Lali?  Siento si mis hermanos te han disgustado…
-Lali: Me casaré contigo —lo interrumpió ella.
-Peter: ¿Qué?
-Lali: Quiero una ceremonia pequeña, tan sencilla como sea posible.
-Peter: Lo que tú digas —sonrió.
-Lali: Y quiero…
-Peter: ¿Qué es lo que quieres? No hay nada que yo no hiciera por ti. Sólo tenes que pedírmelo.
-Lali: No quiero quedarme aquí, quiero que volvamos a la isla.
Peter asintió, apretando su mano.
-Peter: Nos iremos en cuanto estemos casados.
-Lali: ¿Lo dices en serio? ¿No te importa?
-Peter: Tu felicidad es lo único importante para mí. Y me pides algo tan sencillo… la isla será nuestra casa a partir de ahora si eso es lo que quieres.
-Lali: Sí, eso es lo que quiero.
-Peter: Entonces, empezaré a organizarlo todo ahora mismo.

Peter no perdió el tiempo organizando la boda. Él mismo hizo los cambios pertinentes en su agenda y encargó todo lo que Lali pudiera necesitar en la isla.

Ahora que había recuperado la memoria, estuvo varias horas en la comisaría dando todos los detalles que recordaba. Los secuestradores no le habían hecho daño y habían mostrado cierta consideración hacia su embarazo. Llevaban varios días vigilándola, sabiendo que vivía con Peter Lanzani, y habían aprovechado la primera oportunidad que se les presentó. Habían pedido una cantidad discreta como rescate, pero al no recibir respuesta a sus demandas decidieron abandonarla y llamar de manera anónima a la policía para indicarles su paradero.

Creer que Peter no iba a hacer nada por ella fue lo que la empujó al abismo. Fue entonces cuando bloqueó su pasado, tan desolada estaba por esa traición. Lali lo pasó mal mientras estaba recordándolo y Peter sufrió la agonía de verse enfrentado con todo lo que había sufrido por su culpa.

El detective encargado del caso les dijo que se pondría en contacto con ellos si, con un poco de suerte, detenían a los culpables y Lali se veía obligada a testificar.

Dos días después se casaron. Vico y Pablo fueron los testigos y, después de la boda, Pablo le ofreció una discreta bienvenida a la familia mientras la de Vico fue más abierta, más entusiasta.

-Vico: Me has hecho muy feliz, cuñada —murmuró, abrazándola.

Lali sonrió, pero sabía que no estaba engañándolo con esa sonrisa. Aún había mucho dolor en su corazón. Mientras Peter quería esperar un par de días para volver a la isla, Lali insistía en irse de inmediato. Quería volver al sitio donde había sido feliz… aunque sólo fuera durante unas semanas. Nueva York tenía para ella tantos malos recuerdos…

Era tarde cuando, por fin, el helicóptero aterrizó en la isla, pero para Lali fue un alivio estar de nuevo en casa.

Una vez en la cama, Peter la abrazó como si tuviera miedo de tocarla y Lali alargó una mano para encender la lamparita de la mesilla.

-Peter: ¿Qué ocurre? ¿No te encuentras bien?

Lali vio las líneas de preocupación alrededor de su boca, el brillo de incertidumbre en sus ojos… y en ese momento lo entendió: tenía miedo.

-Lali: Quiero hacer el amor —le dijo.
-Peter: Tenes que estar segura del todo, mi amor. No quiero presionarte para que hagas algo que no quieres hacer.
-Lali: Estoy segura.

Dejando escapar un suspiro, Peter se colocó encima. Cada beso, cada roce, era exquisitamente tierno. La acariciaba con infinito cuidado.
-Peter: Te amo —murmuraba, con una voz tan ronca, tan cargada de emoción, que los ojos de Lali se llenaron de lágrimas.
-Lali: Te necesito, Peter…

Él la penetró, despacio, con movimientos solícitos y calculados, pero Lali no quería que la tratase con tanto mimo, lo quería todo. De modo que se arqueó hacia él, envolviendo las piernas alrededor de su cintura.

Sollozos de placer y de deseo escapaban de su garganta y, por una vez, el dolor se convirtió en un lejano recuerdo. Sólo tenía aquel momento y a aquel hombre que la amaba. Subió por una empinada pendiente y luego cayó en picado, pero Peter estaba allí para sujetarla mientras murmuraba palabras de amor sobre su boca.

-Lali: No me sueltes —musitó.
-Peter: Nunca —le prometió él, acariciando su pelo, su espalda y su abultado abdomen mientras se quedaba dormida.

--

Lali saltó de la cama y se puso la bata para cubrir su desnudez. Peter estaba dormido, con un brazo donde un segundo antes había estado ella.

Habían hecho el amor durante toda la noche y, por fin, se quedaron dormidos al amanecer. Ya no había más dudas en su corazón y pronto, muy pronto, sus miedos también habrían desaparecido, estaba segura.

Bajó a la cocina para tomar un zumo de naranja y luego salió al jardín para mirar el mar. Fue allí donde la encontró Peter, tomándola por la cintura mientras le daba un beso en el cuello.

-Peter: Te has levantado muy temprano.
-Lali: Estaba pensando —murmuró.
Él la miró también, cabizbajo.
-Peter: ¿Existe alguna posibilidad de que vuelvas a amarme, Lali? ¿O he destrozado esa posibilidad para siempre?
-Lali: Ya te amo, Peter. Siempre te he amado. Desde el primer día no ha habido ningún otro hombre para mí. Y no lo habrá nunca.
-Peter: ¿Me amas?
-Lali: No podía decírtelo en Nueva York. Quería que volviéramos aquí, donde hemos sido felices. Quería que nuestra vida empezase aquí otra vez.

Peter la apretó contra su pecho. Su voz temblaba de emoción mientras murmuraba palabras en italiano y en su idioma, diciendo cuánto la amaba y cuánto lamentaba el dolor que le había causado. Después la tomó en brazos para llevarla de vuelta a la cama y volvió a hacerle el amor, ahora con más ternura que nunca. Después, con la cabeza de Lali apoyada sobre su pecho, acarició su pelo suavemente.
-Peter: Te amo tanto. No merezco tu amor, pero te lo agradezco con todo mi corazón. Durante el resto de mi vida te daré las gracias por ello.
-Lali: Yo también te amo. Y seremos muy felices juntos, yo te haré feliz.

Y así fue.

FIN.

























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mui mala yooo!! así que subi para que la lean igual!! 
GRACIAS POR LAS FIRMASS!!! ^-^
y por acompañarme todo el día!!... yo no pensé que hoy acabaría la nove! Faty me dio la idea de la maratón y me copé y buenooo! hoy yo tenía que salir con mi novio y bueno lo llamé unos diez minutos antes y le dije que no podía porque tenía una maratón jaja y él me dijo "un qué?" jaja y si chicas la nove es lo primero!! ^-^

OTRA VEZ GRACIAS
-Fernanda:  Nooooo!!! dejaste de estudiar por leer la nove!! me encanta! ESO ESTA MAL! pero me encanta jajaja!!

Capítulo 26



Lali se dio cuenta de que alguien la llevaba en brazos. Pero no era Peter.
-Vico: Tranquila, cuñada. Estás a salvo.
-Lali: ¿Dónde me llevas?
-Vico: A un sitio seguro, tranquila. Peter no dejaría que te pasara nada.
Lali iba a protestar que Peter no haría nada por ella, pero no tenía energía para hacerlo. No tenía energía para respirar siquiera.

Cuando despertó de nuevo, había una frescura en su cerebro que había estado ausente desde el día que recuperó la memoria. La confusión había desaparecido, pero con esa nueva claridad llegó un dolor insoportable.

Se sentía alerta, como si hubiera dormido durante una semana. Y tal vez había sido así. No sabía cuánto tiempo había transcurrido y, aunque el pasado ya no era un misterio, los eventos de los últimos días estaban como envueltos en niebla para ella.

Suspirando, se incorporó en la cama… y cuando miró alrededor se dio cuenta de que no sabía dónde estaba. Era una habitación espaciosa y alegre, con varias ventanas que dejaban entrar la luz del sol. Pero cuando iba a entrar en el cuarto de baño vio a Peter en la puerta y, sorprendida, se llevó una mano al corazón.
-Peter: No era mi intención asustarte. Pero me preocupé al ver que no estabas en la cama.
-Lali: Sólo quería darme un baño.
-Peter: Llámame si necesitas algo…
-Lali: Deja de mentir. Ya no tienes que fingir que te preocupa lo que me pase.
-Peter: Me importas mucho, mi amor.

Antes de que Lali pudiera responder Peter había desaparecido y, un minuto después, Emi entraba para ayudarla a bañarse.
-Lali: ¿Dónde estamos? ¿Y qué haces tú aquí? Pensé que estabas en Italia con el doctor Mariano.
-Emi: El señor Lanzani envió su avión a buscarme. Estaba desesperado… la idea de volver al apartamento te alteraba de tal modo que te trajo aquí.
-Lali: ¿Y dónde estoy?
-Emi: En su casa, a una hora de la ciudad. Aquí se está más tranquilo y pensó que tú lo preferirías.
Los ojos de Lali se llenaron de lágrimas. Y ella pensando que no le quedaban más…
-Emi: Está muy preocupado por ti. Todos estábamos preocupados.
Lali no se molestó en contarle la verdad: que Peter la odiaba. Que no la había querido nunca.
-Lali: ¿Qué voy a hacer? —susurró. Había sido una estúpida por dejar su apartamento, su trabajo, todo por estar con él. Había estado cegada por su amor y convencida de que había un futuro para ellos.

Emi la ayudó a secarse y vestirse después del baño, pero cuando salió de la habitación Peter estaba esperando en el pasillo.

-Peter: ¿Quieres comer algo? El desayuno está servido abajo.
Sin decir nada, Lali bajó la escalera. Y no dejó que la tocase. Se sentaron a una mesa desde la que podía ver un hermoso jardín. La luz del sol entraba por las puertas de cristal, calentándola un poco…
-Peter: Tenemos que hablar, Lali —empezó a decir él— Tenemos muchas cosas que decirnos. Pero antes debes comer para recuperar las fuerzas. Tu salud y la de nuestro hijo es lo primero.
Ella comió, sin mirarlo, sin decir una palabra. Pero cuando estaba terminando su zumo de naranja oyó el ruido de una puerta a lo lejos y luego unos pasos que se acercaban. Vico entró en el comedor poco después.
-Peter: Sea lo que sea, seguro que puede esperar hasta que Lali termine de desayunar.

Vico parecía preocupado, pero asintió con la cabeza. Y a Lali se le hizo un nudo en la garganta. Fuera lo que fuera de lo que querían hablar, evidentemente no querían hacerlo delante de ella.
-Lali: Podés hablar ahora mismo. Ya he terminado —dijo, levantándose.
-Peter: Espera, no te vayas…

Pero sin hacerle caso, Lali siguió adelante. Peter masculló una palabrota. Se sentía angustiado, deshecho. ¿Cómo iba a solucionar aquello? ¿Cómo iba a convencerla de que él no la había abandonado? ¿Y cómo iba a pedirle perdón? Lali lo odiaba y tenía todo el derecho a hacerlo.

Vico sacó un periódico del bolsillo.
-Vico: Mira esto.
En la primera página había una fotografía de Vico llevando a Lali en brazos el día que salió huyendo del apartamento. Debajo, había fotografías de él y de Paula… que por lo visto había dado una entrevista hablando de su relación con Lali.

-Vico: Supongo que habrá pensado que no tiene nada que perder y todo que ganar contando su versión de la historia —suspiró su hermano. Angustiado, Peter se dejó caer sobre un sillón.
-Peter: Maldigo el día que contraté a esa mujer. Lali podría haber muerto por su culpa.
-Vico: La amas.
No era una pregunta sino una afirmación. Sí, la amaba con todo su corazón. Pero había logrado matar el amor de Lali no una vez sino dos veces.
-Peter: La entendería perfectamente si no quisiera perdonarme. ¿Cómo va hacerlo si yo no puedo perdonarme a mí mismo?
-Vico: Ve con ella. Intenta arreglar la situación.

Peter se levantó. Sí, había llegado el momento de hablar con Lali. Si ella estaba dispuesta a hablar.

--

Lali estaba en su habitación, mirando por la ventana pero sin ver el jardín. Nada de lo que Peter hiciera debería sorprenderla o dolerle ya y, sin embargo…

-Peter: Lali.
Cuando se volvió, él estaba en la puerta. Parecía cansado, sus ojos llenos de angustia. Y había algo más en su expresión… ¿tristeza, miedo?
-Peter: Tenemos que hablar.

Lali asintió con la cabeza, pero se dio la vuelta para seguir mirando el jardín. Sí, tenían que hablar y terminar con aquello de una vez por todas.
-Peter: No me apartes la mirada, mi amor. No quiero verte tan triste.
-Lali: Dime lo que tengas que decir y acaba con ello de una vez.
-Peter: Vení, sentate —dijo él, tomándola suavemente por la muñeca.
Lali lo apartó, pero se sentaron uno al lado del otro sobre la cama, sin tocarse.
-Lali: Me mentiste. Todo lo que me dijiste en el hospital, en la isla… todo era mentira. Yo no te importo nada. Cuando nos acostábamos juntos me mentías… ¿qué clase de persona haría una cosa así? —temblando, Lali se tapó la cara con las manos.
-Peter: Te equivocas —empezó a explicar él— Me importas mucho y cuando hacíamos el amor no estaba mintiéndote. Sí, te mentí sobre los detalles. Me advirtieron que no debía contarte nada, que recuperarías la memoria poco a poco. Te mentí sobre pequeñas cosas…
-Lali: Como que estábamos prometidos, por ejemplo.
-Peter: Tuve que hacerlo o no me habrían dejado cuidar de ti —suspiró él— Me he portado muy mal contigo, pero hay cosas que debes saber. Yo nunca recibí las demandas de rescate… yo habría movido cielo y tierra para rescatarte, Lali. Ninguna cantidad hubiera sido demasiado alta. Yo no sabía siquiera que te hubieran secuestrado.
-Lali: ¿Cómo que no?
-Peter: Paula destruyó las notas en las que pedían el rescate. Fue ella quien robó los planos… quien estaba vendiéndonos a la competencia.
-Lali: Paula…
-Peter: Quería librarse de ti y por eso decidió esconder lo del secuestro. Yo no supe nada hasta el día que te encontró la policía, te lo juro. Y fui un imbécil por acusarte esa noche… ni siquiera te escuché. Ahora no sé cómo pude creer que tú habías robado los planos. No lo entiendo… me porté como un canalla. Pero aquella noche, cuando me preguntaste por nuestra relación… la verdad es que me asusté. Pensé que no eras feliz conmigo, que querías más de lo que yo podía darte —Peter apretó su mano— Por eso te dije que eras mi amante, pero no era verdad. No sos eso, no lo has sido nunca.
-Lali: ¿Qué estás diciendo?
-Peter: Que te amo.
Lali ni siquiera podía responder, tan perpleja estaba.
-Peter: Aunque entonces no lo sabía, sí sabía que no quería que te fueras de mi lado. Pero cuando vi esos papeles en tu bolso me puse furioso. No podía creer que tú nos hubieras estado robando.
-Lali: Pero lo creíste —le recordó ella.
-Peter: Mis hermanos y yo hemos trabajado mucho para conseguir lo que tenemos… y pensé que me habías utilizado, por eso te dije que te fueras.
Lali cerró los ojos para no recordar el miedo y la desesperación que había sentido durante esos meses. Aunque había recuperado la memoria, esa parte, afortunadamente, era un borrón. Y, con un poco de suerte, no la recordaría nunca.
-Lali: ¿Me amas?
Peter la tomó entre sus brazos, con la misma delicadeza que si fuera un objeto de cristal.
-Peter: No he sabido demostrártelo, pero te amo. Y quiero que te cases conmigo, Lali. Si vos querés.
Ella sacudió la cabeza, desconcertada.
-Lali: ¿Sigues queriendo casarte conmigo?
-Peter: No espero que me contestes ahora mismo, pero dame una oportunidad. No lo lamentarás, te lo prometo. Haré que vuelvas a quererme.
Había perdido la cabeza, pensó Lali. Peter estaba abrazándola, diciendo que la quería, que quería casarse con ella…
De verdad esta vez, sin mentiras.
-Peter: Pensalo, mi amor. Esperaré el tiempo que haga falta hasta que me des una respuesta.

Después se levantó, como si intuyera su deseo de estar sola, y Lali se quedó inmóvil, mirando la puerta por la que había desaparecido. ¿La quería?

¿Paula era la persona que robó los planos? ¿Paula quien ocultó que la habían secuestrado?

Peter había dicho que la quería y que deseaba casarse con ella, pero no podía perdonarlo y olvidarlo todo sin más. Ni siquiera había podido devolverle esa declaración de amor.

Suspirando, se tumbó en la cama. Estaba tan cansada física y emocionalmente. Pasándose una mano por el abultado abdomen, sonrió cuando su hijo le dio una patadita.
-Lali: ¿Qué debo hacer? —susurró. Tenía tanto miedo de volver a confiar en el amor de Peter. Cerró los ojos un momento. No podía tomar una decisión así en unos minutos porque había demasiado en juego, sobre todo, el futuro de su hijo.

--

Durante los días siguientes, Peter la atendió a todas horas. La mimaba, estaba pendiente de ella y a menudo le decía que la quería… aunque intentaba mantener cierta distancia entre ellos. Dos días después, sus hermanos fueron a visitarlo y Lali se dirigió a su habitación porque no se sentía cómoda con los Lanzani después de todo lo que había pasado. Pero era con ella con quien querían hablar.

-Vico: Nos hemos portado de manera vergonzosa contigo —fue el primero en disculparse.
Pablo asintió.
-Pablo: Entenderíamos que no nos perdonases porque no hay defensa posible para nuestro comportamiento, especialmente estando embarazada de nuestro sobrino.

Parecían sinceros, pero ella no sabía qué decir. Y cuando miró a Peter, le pareció que había perdido peso, su rostro más delgado que antes. Parecía tan infeliz…

No porque se sintiera culpable, aunque había mucho de eso flotando en el ambiente, sino como si hubiera perdido lo que más quería.
¿A ella?

Después de murmurar una disculpa, Lali salió de la habitación, casi corriendo en su prisa por estar sola.

Abrió la puerta del jardín y respiró profundamente el aire fresco de la noche. No podía dejar de darle vueltas a todo lo que le había pasado durante aquellos días…

Peter parecía tan dolido como ella. Si la odiase de verdad, ¿por qué habría montado esa farsa cuando perdió la memoria? ¿Sólo por su hijo? Sí, era posible, desde luego. ¿Pero entonces por qué no hizo lo que Vico había sugerido, instalarla en un apartamento e intentar llegar a un acuerdo económico con ella? ¿Por qué la había llevado a la isla, por qué le había hecho el amor, por qué había actuado como si le importase?

¿La amaría de verdad? Tal declaración no podía haber sido fácil para él ya que Peter no era un hombre dado a compartir sus sentimientos. Durante el tiempo que estuvieran juntos nunca le había dicho lo que sentía por ella… aunque Lali le había mostrado cientos de veces cuánto le importaba.

¿Podía confiar en él otra vez? Esa idea la asustaba y, al mismo tiempo, le ofrecía cierta medida de paz. La elección era suya.

Continuará...

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Cambié los caps para que sean más largos!! ^-^
ahora solo falta un cap para que termine la nove! 
+45 firmas y se viene el final!!
Solo espero que Faty, Mary, Clau y las demás españolas que están leyendo la nove no estén dormidas ya! jeje ^-^

Capítulo 25



Unos minutos después, la psicóloga salía de la habitación y cerraba la puerta.

—Le he inyectado un sedante porque está muy nerviosa. Necesita descansar sobre todo. Su realidad es muy dolorosa, así que prefiere esconderse, es natural. Ese mismo instinto de supervivencia es lo que provocó la amnesia. Ahora que la falta de recuerdos ya no puede protegerla, está intentando lidiar con esto como puede —la mujer lo miró y en sus ojos Peter pudo ver muchas preguntas— Llámeme si me necesita otra vez. Vendré enseguida.
-Peter: Gracias —dijo él.

Cuando se marchó, Peter se dejó caer en el sofá.

-Vico: Oí algo —murmuró su hermano.
-Peter: Ella no robó nada… y yo nunca recibí una petición de rescate. Lali cree… cree que la dejé a merced de esos canallas, que no me importaba lo suficiente como para pagar ese dinero…
Vico puso una mano en su hombro.
-Vico: Tenemos que investigar lo que ha pasado.
Peter asintió con la cabeza.

-Peter: Paula
-Vico: ¿Qué?
-Peter: Paula estuvo en el apartamento esa noche. Ella debió meter los papeles en el bolso de Lali.

Entonces se le ocurrió otra cosa, algo que lo puso enfermo. Cualquier demanda de rescate hubiera pasado por su oficina ya que nadie tenía el teléfono del ático… y la única persona que podía haberlas interceptado era Paula.

-Peter: Quédate aquí con Lali —dijo, levantándose— Por favor, encárgate de que no vaya a ningún sitio. Voy a llamar a un médico para que venga a examinarla.
-Vico: ¿Dónde vas?
-Peter: Voy a averiguar si estoy en lo cierto sobre lo que pasó.
-Vico: Peter, espera —dijo— Deberías llamar a la policía. Aunque la hicieras confesar, no serviría de nada, sólo lo sabrías tú.

Peter apretó los puños, frustrado, pero sabía que su hermano tenía razón. Él quería que se hiciera justicia y ésa era la única manera de conseguirlo.

--

Peter paseaba por su oficina mientras esperaba la llegada de Paula. No quería estar allí, quería estar con Lali… aunque ella no permitía que se acercase siquiera. Cuando despertaba se mostraba distante, remota, como si no pudiera concentrarse en nada. Estaba allí, pero no estaba allí. Era como si hubiera ido a un sitio donde ya nada podía hacerle daño. Cerrando los ojos, Peter intentó concentrarse en la tarea que lo esperaba. Cuando oyó entrar a Paula en el despacho se puso tenso, pero hizo un esfuerzo para sonreír, para actuar como si no pasara nada, como si no la odiase a muerte.

-Paula: ¿Quería verme, señor Lanzani?
-Peter: Sí, sí —murmuró él, sonriente— Yo siempre quiero verte, Paula.
-Paula: Ah, gracias —sonrió su ayudante, coqueta.
-Peter: Supongo que sabrás lo que pasó anoche y… en fin, estuve pensando… a veces los hombres no nos enteramos de nada, ¿verdad?
-Paula: No sé a qué se refiere.
-Peter: ¿Por qué no me habías dicho que me querías, Paula? En lugar de estar contigo he mantenido una relación que no me interesaba… aunque agradezco tus esfuerzos para librarme de Lali. Siento no haberme dado cuenta antes, claro.
Una fría sonrisa iluminó el rostro de su ayudante. Era extraño, pero Peter no se había dado cuenta hasta aquel momento de que no era una mujer bella sino todo lo contrario.
-Paula: ¿Cómo lo hiciste?

Y entonces escuchó, horrorizado, cómo Paula le contaba lo que había hecho para que Lali pareciese culpable de los robos. El secuestro no había tenido nada que ver con ella, pero cuando recibió las demandas de rescate en la oficina lo vio como una oportunidad de librarse de Lali Espósito para siempre. Tan ansiosa estaba por demostrarle su devoción que no se dio cuenta de que estaba admitiendo haber vendido ella misma los planos a la competencia.
-Peter: De modo que tú robaste los planos y se los vendiste a la competencia —dijo con voz helada.
Paula se puso pálida al darse cuenta de lo que había confesado.
-Paula: No, yo…
-Peter: Entonces hiciste parecer culpable a Lali, pensando no sólo en el dinero que recibirías por los planos sino que con que Lali fuera de mi vida, tú podrías ocupar su sitio.
-Paula: Yo no he dicho eso…
-Peter: Y cuando llegaron las demandas de rescate, tú las destruiste sin decirme nada. ¿Qué esperabas, Paula, que la matasen?
Lo único que Peter podía ver era a Lali sola, asustada. Embarazada de su hijo. Pensando no sólo que la odiaba sino que la había abandonado a su suerte. Le daban ganas de llorar.
Paula pareció recuperar la compostura entonces y lo miró con desdén.
-Paula: Nunca podrás demostrarlo.
-Peter: No tengo que hacerlo —dijo él, pulsando el botón del intercomunicador— Pueden pasar, detective.
Su ayudante estuvo a punto de desmayarse cuando tres policías entraron en el despacho.
-Paula: ¡No puedes hacerme esto! —gritó— Yo te quiero, Peter. Habría hecho cualquier cosa por ti.

Él sacudió la cabeza, sin mirarla siquiera mientras los policías se la llevaban. No tenía la menor intención de escucharla, solo quería volver con Lali.

Continuará…

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7º cap del día!! WOW!! :O

GRACIAS POR LA FIRMAS!!! a todassss!! ^-^
-Myprettylanzani :)
-HappinessLIP
-fresy07
-Clau
-Lilibeth
-Fernanda
-ca_ta_barabara
-Vivu: Totalmente de acuerdo con vos ya era hora de que Peter sufriera un poquito! jaja y a esta altura todas estamos paranoicas así que no te preocupes! :)
-luju: Al final Paula fue la culpabre de todo :(
-Alexia (@porLali_ITALIA): Tranquila no pareces loca!  solo un poquito chiflada! naa mentira sos una GROSSA!! ^-^
-Faty: Encerio!! que hora es en España???... perdooonnn jaja una capa sos!! 
-Anonimo: No se quien sos pero se nota que te encanta la nove!! :) jeje

Geniasss! gracias por las firmas!!  :)
si hay más de 40 subo el siguiente!!
vamos que podemos acabar la nove hoy!!! ^-^

Capítulo 24



Peter entró en el hotel Imperial Park, apartando de mala manera a los empleados que se acercaban a saludarlo. Alguien estaba sujetando las puertas del ascensor y, a toda prisa, subió y pulsó el botón de la última planta.

 Unos segundos después, entraba en la suite reservada normalmente para los VIPS, donde lo esperaba su hermano.

-Peter: ¿Por qué no la has llevado al apartamento?
-Vico: Estaba muy alterada y no quería ir allí de ninguna manera. Dile a esa psicóloga que venga aquí. A lo mejor ella puede ayudarla.
-Peter: Pareces preocupado por Lali.
-Vico: Bueno, al fin y al cabo va a ser la madre de mi sobrino —se encogió de hombros— Pero tenías razón, actúa como si fuera a ella a quien se ha hecho daño. Al verla en el parque así… quise ayudarla.
-Peter: ¿Dónde está ahora?
-Vico: Dormida. Se quedó dormida mientras la traía en brazos. 

Peter se dirigió al dormitorio, decidido a comprobar por sí mismo que Lali estaba a salvo. Pero incluso con la luz apagada pudo ver su expresión de dolor.

Alargando una mano tocó su cara, apartando un mechón de su frente. Ella no se movió. Estaba pálida y tenía los párpados enrojecidos de tanto llorar. Y se le encogió el corazón al verla así. Mientras volvía al salón, sacó el móvil del bolsillo para pedirle a la psicóloga que fuera al hotel. Cuando terminó, cerró el teléfono y miró a su hermano.

-Peter: ¿Dónde la has encontrado?
-Vico: Sentada en un banco del parque. Iba descalza y estaba helada.
-Peter: Yo… no sé qué hacer.
-Vico: ¿Seguis pensando que es culpable?
-Peter: No lo sé —admitió— A veces pienso que eso ya no importa.
-Vico: Cuando la vi en el banco, tampoco me importó a mí.

La psicóloga llegó unos minutos después y Peter le explicó la situación. A pesar de que le resultaba muy desagradable contarle detalles tan íntimos de su vida a una extraña, quería que lo supiera todo para que pudiese ayudar a Lali. Afortunadamente, la psicóloga no hizo ningún comentario. Sencillamente, aceptó la información y pidió ver a la paciente.
-Peter: Ahora está descansando, pero puede esperar en la habitación hasta que despierte. No quiero que vuelva a marcharse.
—Muy bien.

Peter la acompañó a la habitación y, al abrir la puerta, Lali se movió, pero cuando iba a dar un paso adelante, la psicóloga se lo impidió.
—Deje que hable yo con ella.
-Peter: De acuerdo.
Se quedó en el pasillo, con el corazón encogido. Hubo un largo periodo de silencio y luego oyó un murmullo de voces. Era la psicóloga quien hablaba sobre todo, pero después oyó la temblorosa voz de Lali y aguzó el oído para tratar de entender algo.

-Lali: Fui al ginecólogo el día que Peter volvía de viaje y cuando descubrí que estaba embarazada me quedé sorprendida. Me preocupaba la reacción de Peter. Quería que hablásemos de nuestra relación, de lo que sentía por mí…
—Sigue —la animó la psicóloga.
Las preguntas de Lali aquella noche de repente tenían sentido para él…
-Lali: Me dijo que no teníamos una relación. Que yo era su amante, una mujer a la que pagaba por acostarse con ella.
Peter quiso protestar, entrar en la habitación y decir que jamás la había considerado eso.
-Lali: Y luego me acusó de… —bajó la voz y Peter no pudo oír lo que decía.
—Tranquila, tranquila.
-Lali: Me dijo que le había robado, que me había llevado unos planos de su oficina. Y luego me dijo que me fuera.
—¿Tú habías robado los planos?
-Lali: Es usted la primera persona que se molesta en preguntarme.
Peter hizo una mueca. Era verdad, no se había molestado en preguntarle, ni siquiera la había dejado hablar.
-Lali: Me quedé tan sorprendida que salí del apartamento sin decir nada más. Pensaba volver al día siguiente para hablar con él, cuando estuviera más calmado.
—¿Y qué pasó?
-Lali: Un hombre me agarró por la calle y me puso algo en la cabeza. Luego me metieron en un coche y me llevaron a algún sitio, no sé dónde. Me dijeron que me habían secuestrado para pedir un rescate… y yo estaba tan asustada por mi hijo.
Peter apretó los puños.
-Lali: Enviaron dos demandas de rescate —siguió— pero Peter se negó a pagar. Me dejó con esos hombres… ni siquiera valía medio millón de dólares para él.

Cuando empezó a llorar, Peter se quedó mirando hacia delante, perplejo. Él no había recibido ninguna demanda de rescate… ¿Lali había creído que no quería salvarla, que la había dejado a propósito en manos de esos canallas? Atónito, sintió que una lágrima rodaba por su rostro.

Continuará…

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Es el próximo cae el culpable del robo! ;)
-Alexia (@porLali_ITALIA):  Ya subi el cap!!! no rompas tu computador!!! please!! jajaja

YA SOLO FALTAN 4 CAPÍTULOS PARA TERMINAR LA NOVE!! 

Capítulo 23



Peter despertó con un monstruoso dolor de cuello. Había querido pasar la noche con Lali entre sus brazos, pero cada vez que intentaba tocarla ella se alteraba de tal modo que tenía que soltarla. Siguiendo el consejo del médico había vuelto a llevarla al apartamento y, en cuanto llegaron allí, llamó a una psicóloga que le recomendaron. Esperaba que Lali quisiera hablar con ella.

Entonces miró hacia la cama… y al ver que estaba vacía se levantó de un salto. Iba a salir del dormitorio cuando un brillo en la mesilla llamó su atención.

El anillo de compromiso.

Peter corrió de habitación en habitación y, al no encontrarla, empezó a sentir pánico. No estaba por ninguna parte.
Mientras bajaba en el ascensor sacó el móvil del bolsillo y en cuanto las puertas se abrieron chocó con Nico.

-Peter: ¿Dónde está?
-Nico: No la he visto, señor Lanzani. Creí que estaba con usted.
-Peter: ¡Se ha ido! Llama a tus hombres. Quiero que la encuentren inmediatamente.

El conserje tampoco la había visto y parecía tan sorprendido como su jefe de seguridad. ¿Dónde podía haber ido? En su estado, no debería salir a la calle. Y los canallas que la habían secuestrado seguían libres…

Angustiado, iba a salir a la calle cuando su hermano Victorio entró en el edificio.
-Vico: Peter, venía a verte. ¿Cómo está Lali?
-Peter: Se ha ido.
-Vico: ¿Qué? ¿Pero cómo…?
-Peter: No tengo ni idea —contestó él, sin saber qué hacer— Ha desaparecido y tengo que encontrarla.
-Vico: La encontraremos, no te preocupes.
-Peter: Hay algo raro en esta situación… algo que no entiendo. Ha recuperado la memoria, pero no parecía sentirse culpable por lo que pasó… lo único que vi en su cara fue desolación, como si fuera ella la traicionada. Estaba tan alterada que el médico tuvo que inyectarle un sedante… y no me dejaba tocarla.
-Vico: Cálmate, Peter.
-Peter: No es ella misma, Vico… y no sé dónde puede haber ido.
-Vico: Yo te ayudaré —le prometió su hermano— No te preocupes, la encontraremos.

--

Lali estaba temblando mientras se dejaba caer sobre el banco de piedra. Ahora sabía por qué se había sentido atraída por aquel sitio. Horas antes de esa última noche se había sentado allí, preguntándose qué diría Peter de su embarazo, de su relación. Y era lógico que tuviese miedo. Peter no la quería, no confiaba en ella. Y la había dejado a merced de unos secuestradores.

Pero se negaba a seguir pensando porque los recuerdos dolían demasiado. Al menos ahora entendía por qué había elegido olvidar. Todas esas semanas de terror con los secuestradores palidecían al lado de la traición de Peter.

¿Cómo podía ser tan frío? ¿Cómo había sido capaz de no pagar esa cantidad… aunque hubiera sido por una extraña? Él, que se gastaba alegremente millones en diamantes… Lali no sabía que fuera tan cruel, pero la tonta había sido ella por enamorarse… no una, si no dos veces.

Un gemido escapó de su garganta y tuvo que cerrar los ojos. Nunca se había sentido tan herida, tan sola.

¿Y por qué Peter había pasado semanas fingiendo que la quería? ¿Era una forma de castigarla? No, no podía ser. Lo había hecho por el niño… ah, claro, su hijo. Era por eso. Ella no le importaba nada.
Se quedó allí, abrazándose a sí misma para evitar el frío, con los ojos cerrados, sin saber qué hacer.

—¿Lali?
 Ella levantó la mirada, asustada, pero no era Peter sino Victorio quien estaba a su lado.
-Lali: ¡Vete de aquí!
-Vico: Tengo que llevarte al apartamento —dijo él, poniéndose en cuclillas frente al banco— No te encuentras bien… no deberías estar en la calle. Deja que te lleve a casa.
-Lali: ¡No! —exclamó— No pienso volver nunca.
-Vico: Piensa en tu hijo. Deja que te lleve… estás helada.
-Lali: ¡He dicho que no! ¡Vete ahora mismo!
-Vico: Si prometo no llevarte al apartamento, ¿vendrás conmigo? No puedo dejarte aquí con este frío…

Lali intentó levantarse, pero se le doblaron las rodillas y Vico aprovechó para tomarla en brazos.
-Lali: Déjame en paz… suéltame.
-Vico: No puedo hacer eso, cuñada.

Lali cerró los ojos, agotada. Quería salir corriendo, alejarse, pero no tenía fuerzas para hacerlo. No tenía fuerzas para nada. Y maldijo haber recuperado la memoria porque recuperarla la había destruido para siempre.


Continuará…

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Y continuamos con el 5º capitulo de la maratón!!... gracias por las firmitas!!
-Alexia (@porLali_ITALIA):   me mataste!! jajaja actualizando la página cada segundo una genia! 
si hay más de 35 subo más!!
:)

Capítulo 22



Lali corrió hacia el vestíbulo. Peter la llamó, pero ella no se detuvo. Corría sin saber dónde iba, sin destino. Estaba a punto de salir del hotel cuando se encontró con una montaña: Nico. Furiosa, lo empujó, intentando apartarlo de su camino. Su único pensamiento era salir de allí, alejarse, marcharse tan lejos como pudiera.

Intentó rodear al guardaespaldas, pero tropezó y cayó al suelo. Nico corrió a su lado para ver si estaba bien y, un segundo después, Peter lo apartó.

-Peter: Lali…

Ella no podía decir nada. Sollozaba de tal modo que apenas podía respirar. Peter la tomó en brazos, ladrando órdenes para que llamasen a un médico y, poco después, entraban en una habitación. En cuanto la dejó sobre la cama, Lali se hizo una bola y se dio la vuelta para no tener que mirarlo.

-Peter: Tenes que dejar de llorar,  vas a ponerte enferma.
Ya estaba enferma, pensó ella. Enferma del corazón. Cerró los ojos, pero las lágrimas no dejaban de rodar por su rostro.
-Peter: No llores, Lali…

Ella quería escapar, marcharse a cualquier sitio, alejarse de él todo lo que fuera posible. A través de la niebla que se había instalado en su cerebro oyó a Peter hablando con un médico y, un momento después, sintió un pinchazo en el brazo. Y entonces empezó a flotar en el vacío, en un sitio donde no había penas ni angustia. Lali se abrazó a ese vacío, a aquel sitio donde no había dolor ni traiciones.

--

Peter paseaba de un lado a otro de la habitación mientras el médico del hotel le administraba un sedante a Lali. Estaba disgustado, asqueado con sus hermanos y con Paula… y consigo mismo.
-Peter: ¿Se encuentra bien?
El médico lo llevó aparte.
-Doctor: Sus lesiones no son físicas, señor Lanzani. Si, como dice, ha recuperado la memoria de repente, eso es lo que le causa dolor.
Peter se movió, impaciente.
-Peter: ¿Qué puedo hacer yo? No puedo dejarla así… no soporto verla sufrir.
-Doctor: Debe volver a casa, a un sitio que le resulte más familiar. Necesita un médico, pero no de medicina general sino un psicólogo. Un trauma como ése… tiene que darle tiempo. Ahora mismo es extremadamente frágil y recordar eventos traumáticos podría provocar un ataque de nervios o algo peor.
-Peter: Dios mío…
El médico apretó su hombro.
-Doctor: Es bueno que haya recuperado la memoria, aunque ahora lo esté pasando mal.
Peter no estaba tan seguro. De hecho, sabía que no iba a ser así. Al recuperar la memoria, Lali sabría que la había echado de su casa… básicamente poniéndola en manos de sus secuestradores. Y recordaría también lo cruel que había sido con ella. Y también recordaría su propio papel en todo aquel lío.

Nervioso, se pasó una mano por el pelo. Una parte de él deseaba que no hubiese recuperado la memoria. Habían empezado otra vez, sin engaños ni traiciones…

Pero Lali no había parecido avergonzada por lo que hizo. No, parecía rota de dolor, un dolor tan profundo como el sonido de su llanto, que era como un cuchillo en el corazón para él. Peter tragó saliva, inquieto. No podía dejar de pensar que había cosas enterradas en la memoria de Lali que a él no iban a gustarle nada.

--

Lali apenas se daba cuenta de lo que ocurría a su alrededor. Oía la voz de Peter, que parecía preocupado, pero no quería saber nada de él y apretó los ojos para no salir de aquella especie de sueño reparador.

Cuando despertó de nuevo reconoció la habitación del ático y la angustia y el dolor la dejaron sin aliento.

Pero ni siquiera Peter podía ser tan cruel. Ni siquiera él la llevaría de vuelta al sitio que habían compartido y del que la había echado. Alargó una mano para secar sus lágrimas, pero curiosamente no estaba llorando. Y sentía una extraña distancia, un vacío, unido al deseo de marcharse de allí.

Enseguida vio a Peter dormido en un sillón, al lado de la ventana. Estaba inclinado hacia un lado, con la ropa arrugada y sombra de barba.

Esperó sentir una ola de rabia, de odio contra él. Pero no sentía nada más que el deseo de escapar.

De modo que se levantó de la cama sin hacer ruido. Se le ocurrió que podría cambiarse, pero no quería despertar a Peter. No, tenía que irse de allí. No podía mirarlo a los ojos sabiendo que la había acusado de cosas tan horribles para dejarla luego a merced de unos secuestradores.

Después de dejar el anillo de compromiso sobre la mesilla salió de la habitación sin hacer ruido. Descalza, pulsó el botón del ascensor… y recordó entonces la noche que Peter la había echado de allí, cuando el mundo se había derrumbado a su alrededor. ¿Cómo podía haberla acusado de tales cosas?

Cuando llegó abajo se dio cuenta de que su gente de seguridad estaría en la puerta y, aunque no podrían evitar que se fuera, con toda certeza llamarían a Peter para avisarlo. De modo que salió por la puerta de atrás. Desafortunadamente, otro de los guardaespaldas estaba allí, apoyado en un coche. Lali buscó la salida de servicio, entre la lavandería y la sala de mantenimiento del edificio. Y, desde allí, salió a la calle.

Continuará…

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A este paso creo que la nove va terminar hoy! jeje
Si hay más de 25 más nove!! ^-^

Capítulo 21



Lali tiraba de su vestido, nerviosa, mientras se miraba al espejo, moviendo la cabeza de un lado a otro para que los zafiros que llevaba en las orejas y en el cuello reflejasen la luz.

-Peter: Estás preciosa.
Al darse la vuelta se quedó asombrada. Con el esmoquin llamando la atención sobre sus anchos hombros, francamente estaba para comérselo.
-Lali: Tú también.
-Peter: ¿Estoy precioso? —rió.
-Lali: Guapísimo, tremendo, para comerte —rió— Me dan ganas de quitarte ese traje y…
-Peter: Ah, me gusta tu manera de pensar.
-Lali: Era una broma, tonto.
-Peter: ¿Estás lista? El coche está esperando.
Respirando profundamente, Lali asintió con la cabeza.
-Lali: Sí, estoy lista.
-Peter: No te preocupes, yo estaré contigo todo el tiempo —dijo tomando su mano.

Cuando llegaron a la entrada del hotel, atascada por limusinas y coches de lujo, tragó saliva al ver tanta gente elegante. Sentía mariposas en el estómago cuando entraron en el salón de baile. Una banda de jazz tocaba en el escenario y los camareros circulaban con bandejas de champán mientras otros ofrecían una selección de canapés.
Lali hizo una mueca al ver a Vico y Pablo… y luego a Paula. Aunque sabía que iban a acudir, había esperado evitarlos en lo posible. Pero eso no iba a pasar, pensó al ver que Vico se acercaba. Su primera reacción fue decir que tenía que ir al lavabo, pero Peter apretó su mano como si supiera que pensaba salir corriendo.

-Vico: Hola —dijo saludando a Lali con la cabeza.
Bueno, al menos no se había mostrado tan antipático como en el aeropuerto, pensó. El hermano de Peter señaló a Pablo, que se acercaba con un hombre alto de aspecto distinguido y una mujer que, Lali pensó, debía ser su esposa.
-Peter: Señor y señora Vázquez, les presento a mi prometida, la señorita Lali Espósito. El señor y la señora Vázquez están en Nueva York en viaje de negocios.
Sonriendo, ella saludó a la pareja.
-Peter: Lali y yo vamos a casarnos mientras estamos en Nueva York y sería un honor para nosotros que acudieran a la boda.
Detrás de Lali sonó un gemido ahogado y, al volverse, vio a Paula a un metro de ellos, con una expresión de total incredulidad en el rostro. Se recuperó enseguida, pero no tan rápido como para que no se diera cuenta.

¿Por qué parecía tan sorprendida de que Peter anunciara el compromiso?, se preguntó. Pero cuando se volvió para mirar a los otros, sólo los Vázquez estaban dándole la enhorabuena. La expresión de Pablo y Victorio era la misma que la de Paula. Lali no entendía nada. ¿Cómo era posible que su boda fuera una noticia tan inesperada para todos? ¿Y tan mal recibida? Estaban prometidos antes del accidente y, sin embargo, todo el mundo actuaba como si fuera algo inesperado.
Después de los obligatorios buenos deseos de los Vázquez, la conversación empezó a girar sobre la construcción del hotel en Río de Janeiro y Lali permaneció en silencio, pensativa.

Unos minutos después, Peter pareció darse cuenta de que se sentía incómoda y la llevó a la pista de baile, donde la banda de jazz estaba tocando una suave melodía.
-Lali: Ah, gracias. Me apetecía apartarme un poco de los demás.
-Peter: Aunque me gustaría que pudiéramos irnos a casa, me temo que debemos quedarnos un rato más. Pero si te cansas, puedo pedirle a Nico que te lleve de vuelta al apartamento.
Ni loca. Como si fuera a dejarlo con Paula, la eficiente ayudante personal.

Aunque los hermanos de Peter, y su ayudante, parecían empeñados en tratarla como si fuera un paria, mucha gente se acercó para saludar a su prometido y se mostró terriblemente amable con ella. Al final, Lali se encontró disfrutando de la velada a pesar del poco favorable comienzo.
Estaba haciéndose tarde cuando Peter se inclinó para hablarle al oído.
-Peter: Tengo que hablar con mis hermanos. ¿Te importa quedarte sola un momento?
-Lali: No, claro que no. No te preocupes por mí. Además, tengo que ir al lavabo.

Alegrándose de poder apartarse un rato de la gente, y sobre todo de las oscuras miradas de los Lanzani, Lali entró en el lavabo de señoras para retocarse un poco.
-Lali: Pero no puedes quedarte aquí escondida para siempre —intentó animarse antes de salir. Cuando iba hacia el salón de baile oyó la voz de Peter en uno de los reservados y vaciló un momento, sin saber si seguir o quedarse esperándolo.

Las siguientes palabras tomaron la decisión por ella:

-Pablo: Maldita sea, Peter, no tenes necesidad de casarte con Lali. Cómprale un apartamento hasta que nazca el niño. No te ates a ella, dándole así acceso a todo lo que posees.
Lali se quedó boquiabierta al oír las palabras de Pablo.
-Peter: Vamos a tener un hijo —replicó— Que me case con ella o no, es cosa mía.
-Paula: ¡No puede casarse con ella! —exclamó— ¿Olvida que le robó y le traicionó? Si necesita algún recordatorio, mire los hoteles que se están levantando en París y en Roma. Sus hoteles. Pero ahora los está levantando la competencia.

Lali tuvo que agarrarse a la pared para no caer al suelo. Como un enjambre de abejas furiosas, retazos de información empezaron a aparecer en su cerebro. Y, de repente, fue como si un dique se rompiera. La puerta que no había podido abrir en sueños se abrió y el pasado apareció rodando a la velocidad de un torrente. Peter acusándola de haberlo engañado… echándola del apartamento, de su vida. Su secuestro y los meses que había pasado aterrada, esperando que Peter respondiera a las demandas de los secuestradores. Demandas que él había ignorado…

La había dejado. La había descartado incluso cuando la secuestraron. Medio millón de dólares, calderilla para un hombre como él… pero un dinero que no había querido pagar para que la liberasen. Todo había sido una mentira. Peter había mentido sin parar desde que despertó en el hospital. No la quería, no estaban prometidos.

Ni siquiera valía medio millón de dólares para él. Su corazón se rompió en mil pedazos al ver que todo lo que había creído se convertía en una mentira. No había intentado salvarla.

El gemido torturado que escapó de su garganta hizo eco en el pasillo. Lali se llevó una mano a los labios, pero era demasiado tarde. Peter salió al pasillo y, tras él, los demás. Y cuando miró a los ojos de «su prometido» supo que él sabía que lo recordaba todo.

Continuará…

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Pobre Lali!! :(
MARATOOOONN...
si más de 25 firmas hay más caps!! ^-^

Capítulo 20



Peter los recibió en la puerta del restaurante y, durante el almuerzo, le preguntó qué tal la mañana. Lali le contó los sitios en los que había estado, pero cuando le preguntó qué tal en la oficina, él se mostró vago, reticente, como si no quisiera hablar de su trabajo.

-Lali: Bueno, cuéntame, ¿cómo es la recepción a la que tenemos que ir? ¿Es muy elegante?
-Peter: Eso depende de a qué llames tú elegante.
-Lali: ¿Puedo ir en vaqueros?
Peter soltó una carcajada.
-Peter: Yo no pondría ninguna objeción, pero me temo que te pararían en la puerta. Además, no quiero que los demás te vean con algo que se ajusta tanto a ese precioso trasero tuyo.
-Lali: ¿Entonces debo ponerme un vestido largo?
-Peter: No te preocupes por eso, hermosa. Yo elegiré un vestido para ti.
-Lali: Prefiero elegirlo yo —sonrió— Y pienso ponerme zapatos de tacón.
-Peter: No, claro que no. ¿Y si te caes?
-Lali: Entonces mejor descalza —bromeó ella
-Peter: Y mejor yo debería dejarte encerrada en casa.
Lali tomó la última porción de pasta y dejó el tenedor sobre el plato.
-Lali: Creo que he comido demasiado, pero estaba riquísima.
-Peter: Deberías engordar un poco. Yo creo que estás muy delgada.
-Lali: ¿Qué? ¿Estás loco? Si engordo un poco más no me cabrá ningún vestido —se tocó el abultado abdomen— ¿Hacen vestidos elegantes para mujeres embarazadas?
-Peter: Encontraremos algo estupendo, ya lo verás.
-Lali: ¿Cómo es que conoces tantas boutiques?
-Peter: No esperarás que responda a esa pregunta, ¿verdad? —rió
Al final, resultó que Peter Lanzani era un experto eligiendo vestidos de noche. Lali se probó una túnica de seda blanca muy sencilla, sujeta por dos tirantitos, y se quedó perpleja por lo bien que le sentaba.
-Lali: Me hace parecer muy embarazada, ¿no?
-Peter: Estás preciosa —murmuró él— Yo creo que todas las mujeres embarazadas deberían parecerse a ti.
La admiración que veía en sus ojos le vendió el vestido, que fue enviado al apartamento junto con unas sandalias a juego, pero de tacón bajo.

-Peter: Dime, ¿queres un vestido de novia tradicional?
Lali negó con la cabeza.
-Lali: No, creo que prefiero algo sencillo.
La dependienta le mostró varios diseños, pero se enamoró de un vestido de color melocotón que caía suavemente desde la cintura. Acentuaba su embarazo de tal forma que se sentía guapa y femenina. Y, por la expresión de Peter, él estaba de acuerdo.

Para su sorpresa, en lugar de volver al coche, entraron en una joyería cercana para comprar unos pendientes y un collar de diamantes para el vestido de novia. Lali se quedó boquiabierta cuando Peter eligió luego otros pendientes y otro collar, éstos de zafiros, que sugirió se pusiera con el vestido blanco para la recepción.
-Peter: Quedan preciosos con el color de tus ojos —le dijo al oído— Y por la noche, me gustaría verte con ese collar… y nada más.
Lali se ruborizó y miró alrededor para comprobar que nadie le hubiera oído.
-Lali: La verdad es que me gusta que me mimes tanto —le dijo cuando salieron de la joyería.
-Peter: Me alegro. Sería una pena que no te gustase algo que tengo intención de seguir haciendo.
Impulsivamente, Lali se apretó contra él en el asiento del coche y le dio un beso en los labios.
-Lali: Lo he pasado muy bien.
-Peter: Me alegro.
-Lali: ¿Soy una buena cocinera?
-Peter: ¿Perdona?
-Lali: Nico me ha dicho que cocinaba para ti cuando volvías de algún viaje. ¿Se me da bien?
-Peter: Hacía tiempo que no pensaba en ello, pero es verdad, solías cocinar para mí cuando volvía de algún viaje —contestó él, con una expresión que le pareció peculiar.
-Lali: ¿Y viajabas mucho?
-Peter: Me temo que sí. A veces estábamos semanas sin vernos.
-Lali: Qué horror —murmuró— Yo te he echado de menos durante las horas que hemos estado separados esta mañana.
Peter volvió a besarla.
-Peter: Y yo te he echado de menos a ti, hermosa.

Lali apoyó la cabeza en su hombro. Estaba un poco cansada, pero no pensaba decírselo porque aún tenían toda la tarde y toda la noche por delante.

Continuará...

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Que rapidass!! ^-^
bueno ahora más de 18 firmas!! ;D
es siguiente capitulo es IMPERDIBLEE!!

Capítulo 19



Cuando despertó estaba en una cama diferente. Lali parpadeó al ver que estaba en el dormitorio principal, pero no sabía cómo había llegado allí. Cuando se sentó en la cama vio a Peter al otro lado de la habitación, mirándola fijamente.
-Lali: Debía estar más cansada de lo que creía. Ni siquiera me he despertado cuando me trajiste aquí.
-Peter: A partir de ahora dormirás en nuestra habitación, en nuestra cama.
-Lali: Sí, muy bien. Entré en la otra habitación sin darme cuenta…
-Peter: Tu sitio está aquí, conmigo.

Lali inclinó a un lado la cabeza. Tenía la impresión de que Peter no estaba hablando sólo de que se hubiera tumbado en la otra cama. Era casi como si quisiera convencerse a sí mismo, y a otros, de que aquél era, efectivamente, su sitio.
-Lali: A tus hermanos les caigo mal, eso está claro.
-Peter: Mis hermanos no tienen nada que decir sobre nuestra relación. Además, anunciaré nuestro matrimonio en la recepción, pasado mañana, y nos casaremos dentro de una semana.
Y no había nada que decir porque era una orden, evidentemente.
-Peter: ¿Por qué no te vistes? Vamos a salir a cenar.
-Lali: ¿Langosta? —sonrió. Y entonces se dio cuenta de lo que había dicho— ¡Me gusta la langosta!
-Peter: Sí, tenés razón. Te encanta. Yo solía pedirla por teléfono y la comíamos en la cama.

Lali debía admitir que la idea era muy atractiva, pero Peter la ayudó a levantarse para ir al cuarto de baño. Media hora después, su prometido la escoltaba hasta el vestíbulo del edificio. En la puerta, como siempre, los esperaba una limusina con chófer. Los llevó a un restaurante precioso, donde les dieron una mesa ligeramente apartada de las demás. El local estaba iluminado casi como si fuera Navidad y Lali suspiró, pensando cuánto le gustaban las fiestas. Otro recuerdo, se dio cuenta. Le gustaban las fiestas navideñas. En un mes, todas las tiendas y restaurantes de Nueva York estarían iluminados y, sin saber por qué, sonrió al imaginar las navidades con Peter.

-Peter: Estás perdida en tus pensamientos. Y tenes una sonrisa tan dulce que espero ser yo en quien estás pensando.
-Lali: Estaba imaginando las navidades contigo. Y he recordado que me gusta mucho la Navidad.
-Peter: Parece que estás recuperando la memoria —dijo él, aunque no parecía excesivamente contento.
-Lali: Sólo algunas cosas, muy poco a poco. Y es más una sensación que un recuerdo de verdad.
-Peter: Volverá, debes ser paciente.

Lali asintió, aunque era frustrante. Pero, decidida a no estropear la noche, se dijo a sí misma que debía relajarse y disfrutar de la cena y de Peter. Sin interrupciones, ni familiares o ayudantes groseras.
-Peter: ¿Quieres que vayamos de compras mañana?
-Lali: ¿Qué?
-Peter: Tengo una reunión a primera hora, pero luego podríamos comer juntos e ir a comprar un vestido para la recepción. Y también podríamos mirar vestidos de novia.
No podía imaginar a Peter de compras con ella y estaba segura de que no era porque no lo recordase.
-Lali: ¿De verdad quieres que vaya a la recepción?
-Peter: Como pienso anunciar nuestra próxima boda, sería raro que tú no estuvieras allí. A menos que no quieras ir.
-Lali: No, pero es que…
-Peter: Entonces, está decidido. Iremos de compras mañana… después de que hayas comido bien.
-Lali: Oye, que no soy un cachorro.
-Peter: No, pero tengo que cuidarte —sonrió él, apretando su mano— Además, sos mi cachorrita… sólo mía.
-Lali: Bueno, me gusta que cuides de mí. Y no me importa ser tu cachorrita.
-Peter: Sos mía. Eso es lo que sos.
-Lali: Entonces por qué no vamos a casa y me lo demostrás? —susurró soltando una risita juguetona.

--

A la mañana siguiente Peter se levantó temprano, como era su costumbre, y después de darle un beso en la frente le dijo que volvería a buscarla para comer. Lali siguió durmiendo, pero cuando despertó de nuevo y miró el despertador comprobó que aún era temprano. Quedaban muchas horas antes de que Peter fuera a buscarla y no tenía la menor intención de pasarlas sentada en el apartamento. Con tantos guardaespaldas, alguno de ellos podría llevarla a dar una vuelta, pensó. Aunque no sabía dónde ir. Entonces se le ocurrió algo: siendo Peter un obsesionado de la seguridad, alguno de ellos recordaría dónde solía llevarla y las cosas que solía hacer.

Animada, Lali se metió en la ducha y, media hora después, bajaba en el ascensor. En el portal había un hombre alto y fuerte al que reconoció… Nico, se llamaba.

-Nico: Señorita Espósito.
-Lali: Supongo que Peter le habrá dicho que… en fin, que perdí la memoria después del accidente.
El hombre asintió con la cabeza.
-Lali: Imagino que yo tenía seguridad antes del accidente.
-Nico: Yo me encargaba personalmente de su protección, señorita Espósito.
-Lali: Ah, estupendo, entonces a lo mejor puede ayudarme. Me gustaría ir a algún sitio, pero la verdad es que no recuerdo dónde solía ir.
Nico sacó el móvil del bolsillo y, después de hablar rápidamente en italiano, asintió un par de veces con la cabeza y le pasó el teléfono.
-Nico: El señor Lanzani quiere hablar con usted.
-Lali: Por el amor de Dios… no ha perdido el tiempo delatándome, ¿eh?
Nico soltó una carcajada.
-Peter: ¿En qué líos te estás metiendo ahora, hermosa?
-Lali: Ninguno lío. Sólo quería salir un rato pero volveré a la hora de comer, te lo prometo.
-Peter: Disfruta de la mañana, pero ten cuidado y no te canses. Si vas a llegar tarde dile a Nico que me llame. Así podremos vernos para comer sin que tengas que volver al apartamento.
-Lali: Muy bien, un beso —se despidió, antes de devolverle el teléfono a Nico— Usted y yo tenemos que hablar sobre eso de delatar lo que hago.
-Nico: Le aseguro, señorita Espósito, que ya hemos tenido más de una conversación sobre ese asunto en el pasado.
-Lali: ¿Ah, sí?
Un segundo después un coche se detenía frente al portal. El guardaespaldas le abrió amablemente la puerta y subió al asiento del pasajero.
-Nico: ¿Dónde quiere ir, señorita Espósito?
-Lali: No lo sé. ¿Puede llevarme a todos los sitos a los que solía ir antes?
-Nico: Muy bien.
La primera parada fue una cafetería a unas manzanas del apartamento. Nico y otro hombre de seguridad la escoltaron al interior.

Era un sitio alegre, lleno de gente, y Lali se imaginó a sí misma en un local así. Pero no despertaba recuerdo alguno. Suspirando, se volvió para decirle a Nico que quería seguir con su excursión. La siguiente parada fue en un mercado y eso sí la dejó realmente sorprendida.

-Nico: Le gusta cocinar, señorita Espósito. Particularmente cuando el señor Lanzani ha estado fuera de Nueva York durante mucho tiempo. Solíamos venir aquí para que comprase los ingredientes que necesitaba… y luego me hacía llevar las bolsas.
-Lali: ¿Era muy antipática? —rió.
-Nico: No, al contrario. Era un placer acompañarla.
-Lali: Vaya, por fin alguien que no me odia —suspiró ella— ¿Dónde vamos ahora?
Visitaron una biblioteca y una tiendecita de arte y, aunque se imaginaba a sí misma en esos sitios, no despertaban ningún recuerdo. Sin embargo, cuando el coche se detuvo a la entrada de un parque, de repente sintió una oleada de pánico.
-Nico: ¿Se encuentra bien?
-Lali: Sí, sí…
-Nico: Tal vez deberíamos volver al apartamento. Es casi la hora del almuerzo.
-Lali: No —dijo saliendo del coche. Quería estar allí. Necesitaba estar allí. Algo en aquel sitio provocaba una especie de tambor en su mente, aunque fuera desagradable.

Mientras recorría un camino de tierra se envolvió en el abrigo. Hacía sol, pero tenía frío, un frío que le llegaba hasta el alma. Tras ella, Nico  la seguía. Lali miró un banco de piedra al lado de una estatua y se acercó a él, sin saber muy bien por qué. Después de sentarse puso las manos sobre la fría piedra y, al mirar hacia delante, se rio embargada por una ola de tristeza. No tenía sentido, pero sabía que había estado allí antes, en aquel mismo sitio. Y sabía que había sentido miedo, inseguridad. El recuerdo estaba tan cerca que podía sentir el peso de esa tristeza, de esa indecisión.
-Nico: ¿Se encuentra bien? ¿Quiere que llame al señor Lanzani?
-Lali: No, estoy bien. Pero noto que he estado aquí antes.
Nico asintió, preocupado.
-Nico: Solía sentarse aquí a menudo… en este mismo banco, para pensar.
-Lali: ¿Por qué? ¿Tenía mucho en lo que pensar?
El hombre miró su reloj.
-Nico: Deje que llame al señor Lanzani para decirle que iremos directamente al restaurante.
Lali no puso objeción alguna cuando el hombre la ayudó a levantarse y, en lugar de caminar tras ella, la tomó del brazo para llevarla al coche.
-Lali: No hace falta que preocupe a Peter. Si le dice que estoy triste me obligará a meterme en la cama… ésa es su solución para todo. Además, no quiero. Vamos a ir de compras. Tengo que comprarme un vestido de novia y no puedo hacerlo desde la cama.
Sonriendo, Nico cerró la puerta y volvió a su asiento.
-Nico: Si el señor Lanzani pregunta, le diré que hemos pasado el día dando vueltas por Nueva York.
-Lali: Ya sabía yo que había una razón para que me cayera usted bien —suspiró.

Continuará…

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^-^ no se desesperen dentro de poco recuerda!... 
y les copa una maratón??... después de las 15 firmas inmediatamente subo el próximo cap... !!
y si firman mucho puede que hoy acabemos con la nove!! ^-^
Gracias a Faty por la idea!...