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martes, 13 de marzo de 2012

Capítulo 12


Miércoles, 11:22 P.M.

-Vico: Esta noche has estado impresionante, Peter. Impresionante.

Peter sonrió ampliamente en respuesta al cumplido de Vico cuando Las Águilas volvían al hotel después de infligirles una completa derrota a Los Ángeles. Después de haber ganado con facilidad en Colorado, habían ido en avión a California seguros de ellos mismos, y todos ellos contentos de haber vuelto a coger el ritmo de juego. Incapaz de apartar a Lali de la mente, Peter temía que su falta de concentración dañase al equipo y cayesen víctimas de la trampa implacable de Los Ángeles. Pero había sido al revés.

Gracias a él, el otro equipo no había anotado ni un tanto. Tal vez las fuerzas del universo habían cambiado, y pensar en Lali mientras estaba en la pista de hielo era ahora una buena cosa. Decidió que pensaría en ella otra vez al día siguiente por la noche, y si ganaban en Dallas, entonces empezaría a incluir los pensamientos de Lali en todos sus rituales de calentamiento, por muy doloroso que pudiera ser.

Vico había empezado a ir hacia el ascensor.
-Vico: ¿Venis?
-Peter: Ve tú. Quiero encontrar a alguien para hablarle del agua de mi habitación. No he tenido oportunidad de hacerlo antes del partido.
-Vico: Está bien, nos vemos mañana —bostezó, entrando en el ascensor que tenía las puertas abiertas.
-Peter: Hasta luego.

Peter esperó a que las puertas del ascensor se cerraran antes de acercarse a la recepción del hotel.
-Peter: Me gustaría saber si he tenido algún mensaje —preguntó al duendecillo rubio que llevaba una placa indicando que se llamaba Ana.
-Ana: ¿Cuál es su número de habitación?
-Peter: Oh, claro —negó con la cabeza, avergonzado— Lo siento. Estoy algo cansado. Mi habitación es la 301. Peter Lanzani.
-Ana: Un momento, por favor.
Peter miró al techo mientras Ana lo comprobaba.
-Ana: Lo siento, no tiene mensajes, señor Lanzani.
-Peter: Gracias —dijo abatido. Durante todo el día, en lo único que podía pensar era en si Lali le habría llamado. Ahora ya sabía la respuesta.

Decepcionado fue hacia el ascensor. Necesitaba afrontar los hechos: podía ser que ella nunca le llamara. Sentía lástima de sí mismo. Era duro volver a casa después de un viaje y ver lo excitados que estaban algunos de sus compañeros porque estaban a punto de ver a sus esposas y a sus hijos, o a sus novias. Él llegaba a casa de un viaje y lo único que lo esperaba era leche agriándose en la nevera y mensajes de su madre, que le hacían sentirse culpable, preguntándole por qué no había llamado. Sabía que sólo él era el culpable, pero de todos modos, dolía. Mientras el ascensor lo llevaba al tercer piso, se alegró como siempre de saber que tenía su propia habitación, algo que le hacía mucha ilusión. Ser capitán tenía sus ventajas.

Entró en la habitación y encendió las luces. Lali estaba acostada en su cama, llevando sólo una de sus camisetas y la sonrisa más grande que le había visto nunca.
-Lali: ¿Y bien? —ronroneó ella— ¿Ni siquiera vas a decir hola?
Peter se aflojó el nudo de la corbata.
-Peter: Voy a decir mucho más que hola, campesina. Dame sólo un minuto.

Tiró la americana sobre la silla más cercana y se sentó a los pies de la cama con los ojos clavados en ella. Lali. En su habitación. En Los Ángeles. No se lo podía creer.
-Lali: ¿Sorprendido?
-Peter: Sorprendido es decir poco.
-Lali: ¡Bien! —Los ojos de Lali brillaron como los de un niño excitado— Quería sorprenderte —Se incorporó— ¿Es una sorpresa buena o una sorpresa mala?

Peter extendió una mano, le cogió un mechón del pelo y se lo besó.
-Peter: Una sorpresa buena. La mejor sorpresa del mundo —murmuró él. Todavía no se lo podía creer— ¿Cómo has entrado?
-Lali: Conozco al gerente. Lo único que he tenido que hacer ha sido decirle que era tu novia y que había venido para sorprenderte, y ¡voilà! Aquí estoy.
Los ojos de Peter acariciaron los suyos.
-Peter: ¿Y lo sos?
-Lali: ¿Si soy qué?
-Peter: Mi novia. —Extendió la mano para acariciar la mejilla de Lali. Qué piel tan suave tenía. Suave y cálida y tan tentadora.
-Lali: Me gustaría serlo —dijo con suavidad.
-Peter: A mí también me gustaría —contestó, abrazándola.
-Lali: Estupendo —exclamó ella, acurrucándose en sus brazos. Se preguntaba si él sabía el anhelo que la había llevado hasta allí. No había pasado ni un minuto desde que Mariano le había dado una semana de vacaciones cuando supo lo que quería hacer: quería estar con Peter.

Le tomó la palma de la mano y se la besó.
-Lali: Espero que el estar aquí no rompa tu concentración.
Peter se rió entre dientes.
-Peter: Creo que podré apañármelas. ¿Podrás tú con el hecho de que vivimos en ciudades diferentes?
-Lali: Estoy aquí, ¿verdad?
La besó con suavidad, una y otra vez. Ella jamás se cansaría de sus besos. Jamás en la vida.
-Lali: No podemos quedarnos levantados mucho tiempo, ya sabes —le advirtió ella.
-Peter: ¿Por qué? —preguntó besándola en la garganta.
-Lali: Porque tomamos un vuelo a Dallas mañana por la mañana a primera hora.
-Peter: ¿Tomamos? ¿Nosotros?
-Lali: Mi jefe me ha dado una semana de vacaciones por el trabajo tan bueno que hice durante la tormenta de nieve. Estás unido a mí hasta el lunes, Lanzani.
-Peter: Espero estar unido a vos durante el resto de mi vida —contestó con ternura.
Esas palabras, tan románticas y sinceras, hicieron que los ojos de Lali se llenaran de lágrimas. Por fin entendió que la soledad que la había perseguido durante tanto tiempo provenía de haber estado incompleta. Ahora que finalmente eran de verdad el uno del otro, la soledad había desaparecido, reemplazada por una exquisita plenitud.
—Te amo— murmuraron los dos al mismo tiempo. Sonrieron.
-Lali: Haz el amor conmigo —murmuró ella.
Peter la besó en la punta de la nariz.
-Peter: ¿Al estilo Saskatchewan o al estilo Nebraska?
-Lali: Depende. ¿Cuál es la diferencia?
-Peter: Te la mostraré —dijo con una sonrisa juguetona.

Ya dormirían mañana en el avión.

FIN.


























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Cortita la nove!! pero buenoooo! DON'T WORRY que mañana se viene otra! si? o prefieren que sea hoy??... como ya tuvimos de todo en las anteriores noves, amnesia, baqueros, secuestros, novias histericas y nieve, qué les parece una nove de época?... =D

-angelica diaz: Angi que ansiosa te pusiste eh! jajaja 
-Anónimo: Sara de Italia! que lindo que leas la nove!!! y no te preocupes por la ortografía, yo que sé español tengo menos ortografia que mi primito de 7 años! jaja
-Mary ☮: Que buena idea!... no lo puse en el capitulo! pero supongan que Cande se fue con Lali y está en la habitación continua "disfrutando"(como dice vagomi genia!!) con Vico ok?? :P jaja

GRaciasss  a cada una de ustedes por leer esta nove! ^-^
Besotess
Danii

Capítulo 11



Lunes, 10:30 A. M.

Lali suspiró aliviada cuando observó al gentío apiñado en el vestíbulo del Barchester. Las carreteras estaban abiertas, los trenes funcionaban y la mitad de las pistas de aterrizaje del aeropuerto estaban despejadas y listas para usar. El alivio de los clientes era palpable mientras esperaban impacientes el turno para pagar. Lali estaba ocupada consiguiendo taxis y limusinas para todos los clientes.

Se había pasado la noche sin dormir en la habitación que le había asignado el director, obsesionada por el comportamiento de Peter. Por una parte quería pasar una última noche con él, pero tenía miedo de que pensara que sólo quería sexo. Y la verdad era que ahora quería algo más. Tal vez él también. Estaba ese brindis. Y la había besado cuando estaban fuera, en la nieve. Odiaba el modo en que su mente reunía esos pequeños y delicados detalles, intentando sumarlo todo y hacer como si hubiera algo más entre ellos. Tal vez lo había. Pero tal vez no. ¿Qué importaba? Él le había dicho que no quería que nada lo distrajera del juego, ¿verdad? Y hoy se iba de la ciudad.

—Hola.
El profundo timbre de la voz de Peter, siempre hacía que se sintiera débil, y ahora no era ninguna excepción. Las Águilas habían bajado al vestíbulo y puesto en la larga cola que serpenteaba hacia la caja. Lali no dejaba de asombrarse de lo ruidosos que eran. Su presencia siempre parecía dominar el lugar donde estaban sin importar dónde fuese.
-Lali: Hola Peter —contestó, dándose cuenta de que Peter tenía cara de sueño— Pareces cansado.
-Peter: No he dormido bien esta noche.
-Lali: Yo tampoco.
Peter apartó la mirada con rapidez. No quiere oírlo, pensó Lali.
-Lali: ¿Necesitas que llame algunos taxis o algo así? —dijo tratando de que la voz no le temblara. Él se estaba despidiendo. Podía sentirlo.
-Peter: No, ya está todo arreglado —se metió las manos hasta el final de los bolsillos delanteros de los vaqueros— Uh, escucha —Sacó una hoja de papel doblada y se lo tendió tan rápido que casi se le cayó— Éste es mi itinerario y también he puesto el número de mi casa —dijo con rapidez— Por si acaso te sentis sola alguna vez y queres hablar. O algo por el estilo —añadió apartando la mirada otra vez.
-Lali: Oh —Lali se sonrojó— Está bien —Cogió el papel y lo deslizó discretamente en el bolsillo del pecho de su americana— Gracias.
-Peter: No hay problema —giró los ojos hacia ella con lentitud— Bueno, supongo que te veré el próximo enero.
-Lali: Aquí estaré —dijo con falsa alegría en la voz.
-Peter: Que tengas un buen año.
-Lali: Tú también —se le hizo un nudo en la garganta. Le costaba respirar. Peter no se movió. Cuanto más tiempo estuviera él allí pareciendo como si quisiera decirle algo pero no encontrando las palabras, más posibilidades había de que ella soltara alguna cosa que haría aún más embarazosa la despedida. Vete, imploró ella en silencio.

Finalmente Peter se dio media vuelta como si la hubiera oído y se fue hacia donde estaban esperando sus compañeros, dándole la espalda hasta el último momento, cuando Las Águilas empezaron a salir del hotel. Sólo entonces la miró. Lali, deliberadamente, apartó la mirada. No quería que la viera llorar.

Lunes, 1:15 P.M.

-Maxi: Este fin de semana vos te acostaste con esa recepcionista tan sexy. Admítelo.

Una de las cosas que Peter odiaba cuando estaban en el avión era estar atrapado al lado de Maxi, que nunca sabía cuándo callar. Pero los dos se habían sentado en los mismos asientos —12A y 12B— en cada vuelo de los tres últimos años. De vez en cuando, Maxi era un buen compañero de viaje. Pero era obvio que, el que Lali lo hubiera rechazado unido a que hubiera bailado con Peter en la boda, había herido el orgullo masculino de Maxi. No iba a dejarlo en paz hasta que Peter admitiera algo, cualquier cosa.
-Peter: ¿Y qué si me acosté con ella? —le desafió.
Maxi frunció el ceño.
-Maxi: Pues ya me lo podrías haber dicho en vez de dejarme hacer el burro.
-Peter: Lo haces de todos modos.
-Maxi: Sí, yo también te quiero, hermano —reclinó el asiento— Entonces, ¿lo has hecho?
-Peter: ¿El qué he hecho? —contestó, exasperado.
-Maxi: Acostarte con ella.
-Peter: Tal vez sí, tal vez no.
-Maxi: Yo creo que sí. Al menos eso me pareció cuando anoche bailaban juntos. Había… ¿cómo lo diría?… algo de verdadera química allí.
-Peter: Lo que tú digas.

Peter cerró los ojos, fingiendo querer dormir para que Maxi lo dejara en paz. Entre Lali y él siempre había habido química, desde el mismo momento en que se vieron por primera vez. Fue esa química la que los había llevado a la cama, y fue la química lo que le había hecho hablar con el corazón durante el discurso de la boda. Lali y él «estaban conectados». Lo que le asombraba era que le hubiera llevado tanto tiempo comprenderlo.

Se había pasado la noche dando vueltas, preguntándose qué diablos hacer con esa realidad. Parecía algo inútil intentar que la relación fuera más allá, sobre todo desde que ella le había dicho con toda claridad que no tenía ningún interés en una relación a distancia. Y ahora que no volverían a dormir juntos, la conexión que los había unido al principio ya no existiría. Tal vez era que sólo se imaginaba cosas y la conexión entre ellos no iba más allá de lo sexual. Tal vez lo único que pasaba era que se sentía solo y con claustrofobia y le estaba dando más importancia de la que de verdad tenía. Pero entonces, ¿por qué se había sentido tan reacio a despedirse de ella y tan desgraciado por no oír su voz en todo un año?

Al final decidió dejar la pelota en el tejado de Lali ya que le había dado el itinerario del viaje y el número de su casa. Si ella llamaba, puede que no se estuviera imaginando la conexión. Si no llamaba, bueno, entonces tendría que tratar con ello.

Ahogó un bostezo y reclinó el asiento. Antes pensaba en Lali para relajarse. Imaginaría sus hermosos ojos oscuros, o los vería a ambos entrelazados en una maravillosa sensación de plenitud. Dejó que las imágenes inundaran su mente. Podría ser lo único que volviera a tener de ella.
 
Lunes, 2:55 P.M.

-Pablo: Mariano quiere verte.

A Lali se le cayó el alma a los pies al oír las palabras de Pablo. Había estado contando los minutos que quedaban para acabar el turno y poder irse a casa para dormir en su propia cama. Estaba cansada de trabajar en un horario al que no estaba acostumbrada, cansada de llevar la misma ropa, cansada de estar encerrada en el hotel. Quería recuperar su vida.

Dejándole su puesto a Pablo, se dirigió a la oficina de M. Estaba nerviosa. ¿Y si Mariano había averiguado de alguna manera lo de ella con Peter, que había estado comportándose de manera poco profesional durante tres años? El humor de Lali se ensombreció mientras se preparaba para la posibilidad de que, después de esforzarse durante todo el fin de semana para que los clientes del Barchester bloqueados por la nieve estuviesen lo más cómodos posible, estuvieran a punto de despedirla.

Llamó dos veces a la puerta y entró. Mariano estaba sentado con los pies encima del moderno escritorio y la cabeza ladeada sujetando el teléfono entre el oído y el hombro. Le hizo gestos para que se sentara en el sofá de cuero que había enfrente de él. Lali se sentó intentando reprimir los funestos pensamientos que se le deslizaban por la cabeza.
-Mariano: Lali Espósito —colgó el teléfono con un suspiro de agotamiento— ¿Cómo está?
-Lali: Cansada, señor. ¿Y usted?
-Mariano: Igual. Vaya fin de semana que hemos tenido, ¿eh?
-Lali: Sí.
A Lali el corazón se le subió a la garganta cuando vio que Mariano quitaba los pies de encima del escritorio.
-Mariano: Estoy seguro de que se preguntará por qué le he pedido que viniera.
-Lali: Sí, señor —Aquí viene, pensó, conteniendo el aliento.
-Mariano: Ha hecho un trabajo ejemplar este fin de semana, tanto como recepcionista, como entre bastidores, desde ayudar en la cocina hasta poner esa maldita boda en marcha.
Lali se permitió volver a respirar.
-Mariano: Como muestra de mi gratitud, le doy libre toda esta semana, con paga. Se lo merece.
Lali se quedó momentáneamente sin habla.
-Lali: Pero muchos de los empleados…
-Mariano: También tendrán la semana libre —terminó con suavidad— No se preocupe, sé quién ha estado a la altura de las circunstancias y quién no.
Lali se permitió relajarse.
-Lali: No sé qué decir.
-Mariano: ¿Gracias?
-Lali: Eso se sobreentiende. Gracias —se puso en pie.
-Mariano: Envíeme a Candela, ¿quiere? Ella también ha hecho un trabajo excepcional.
-Lali: Ahora se lo digo. ¿Algo más, señor?
-Mariano: Váyase a casa y descanse, señorita Espósito. La veré aquí el próximo lunes. Ah, y señorita Espósito…
Lali se quedó inmóvil.
-Lali: ¿Sí?
-Mariano: Gracias. Por todo lo que ha hecho.
Lali sofocó un jadeo de alivio.
-Lali: De nada.

Continuará…

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ahí les dejo el penúltimo capítulo! les dije que era cortita la nove... 
creo que a toda nos gustó el discurso de Peter ayer no? ^-^
-Lilibeth: Si tenés razón!! vos dijiste que Lali y Peter eran los padrinos jaja genia! 
-vale: Jajaja tal cual!!! yo también quiero uno igual! :)
-Danú: Te quierooo muchoooo amiga, sos lo más locaaaa! :P
Besos a todas y si hay + de 25 firmas se viene el final!! y después empezamos otra nove!! dale??? :O  

lunes, 12 de marzo de 2012

Capítulo 10



Domingo, 11:00 P.M.

-Cande: Apuesto algo a que ese vestido cuesta más que nuestros dos sueldos juntos.

Lali se rió de la observación de Cande mientras miraba al señor y la señora Gastón Dalmau en su primer baile como marido y mujer. Tan pronto como Lali tuvo el consentimiento de la pareja para seguir adelante con la improvisada boda, había avisado a Jasper, conseguido el permiso de Mariano, buscado y convencido a Cande para que preparara la tarta y notificado a los clientes y al resto del personal que estaban todos invitados a una boda en el salón principal de banquetes del hotel.

Con la excepción de Jasper que llamó Rosa a Rocío varias veces, la ceremonia transcurrió sin ningún problema. Lali fue la madrina de la novia e, irónicamente, Peter fue el padrino del novio. Ahora, media hora después de empezar el banquete, todo el mundo parecía divertirse. Incluso había música porque habían trasladado el piano de cola del bar a la sala de banquetes.

-Lali: Se los ve tan felices —suspiró, viendo bailar a Rocío y a Gastón.
-Cande: Y todo gracias a vos —suspiró también Cande, acabándose la copa de champán— Nugent tendría que estar besándote los pies y yo debería pisártelos. ¿Has intentado alguna vez hornear, enfriar y adornar una tarta nupcial en menos de cinco horas?
-Lali: Pero lo has hecho —indicó— ¿Y acaso no ha valido la pena? —Alzó la copa de champán en dirección a los Dalmau— Míralos. Están entusiasmados.
-Cande: Vamos a no imaginarnos cosas. Él está entusiasmado. A ella se la ve simplemente aliviada —La mirada de Cande fue en dirección a la mesa de las Águilas— Vaya! Las Águilas se ven especialmente lindos.
-Lali: ¿Te referís a todos o a uno en particular? —Cande miró a Lali— Por favor, estuvimos encerradas dos días enteros en el mismo hotel crees que no me di cuenta que te traías algo con alguien?... a demás te ha estado persiguiendo y ayer después de que te dejé en el bar te perdiste durante horas… ah! y has dejado de quejarte sobre tu vida sexual.
-Cande: Bueno está bien! No sos la única que puede tener un lío con un jugador de rugby— ambas rieron.

—¿Me concedes este baile?
Lali se apartó de Cande para mirar a Pablo que, galantemente, le ofrecía el brazo. Radiante de placer, Lali se excusó y se dejó llevar a la pista de baile por su compañero de trabajo. Uno de los tecnólogos de Bangalore tecleaba el marfil con una versión muy particular de At Last.
-Pablo: He oído que este éxito es obra tuya
-Lali: Con una pequeña ayuda de Jasper y Cande.
-Pablo: ¿Quién habría creído que Jasper fuera un hombre de fe? —Negó con la cabeza— Los caminos de Dios son misteriosos.
-Lali: Amén —Los ojos de Lali se desviaron hacia el sitio donde Las Águilas y su séquito estaban sentados. Treinta y cinco en total, sus voces roncas y sus explosiones de risas dominaban el murmullo educado de voces del salón y el sonido del piano. Sus ojos se encontraron con los de Peter durante una fracción de segundo antes de que ambos desviaran la mirada.
Al parecer Pablo lo había notado.
-Pablo: ¿Cuál de esos bárbaros es tu amante? —preguntó
Lali se sonrojó.
-Lali: El que está al final de la derecha de la segunda mesa.
-Pablo: ¿Quieres decir el que viene hacia aquí?

Lali echó un vistazo sobre el hombro de Pablo cuando éste giró en la pista de baile. Pues sí, Peter caminaba a grandes pasos en su dirección. Como siempre, al verlo, la cabeza empezó a darle vueltas. Se lo veía especialmente atractivo esta noche, vestido con americana y corbata.
-Peter: ¿Le importa si le interrumpo? —preguntó educadamente.
Pablo se tomó su tiempo, mirándolo de arriba a abajo, evaluándolo con tanto descaro que Lali habría querido morirse.
-Pablo: Hmmm —respondió con el ceño fruncido— depende.
Peter pareció perplejo.
-Peter: ¿De qué?
-Pablo: De si Pablo decide que es usted lo bastante bueno para esta atractiva señorita.
-Lali: Oh, Dios —gimió.
-Peter: Creo que lo soy —afirmó con audacia.
-Pablo: Vaya, vaya. ¿Y en qué nos basamos para decirlo?
-Peter: En los hechos.
-Pablo: ¿Qué te parece? —le preguntó a Lali— ¿Es lo suficientemente bueno para bailar con el segundo mejor recepcionista de todo Chicago?
Lali estaba tan avergonzada que no le salía la voz.
-Lali: Creo que sí —logró decir con voz estrangulada.
-Pablo: Entonces de acuerdo —liberó a Lali de su abrazo con lentitud— Si vos lo decis. Diviertanse.

-Lali: Dios mío, lo siento —le dijo a Peter en cuanto Pablo quedó fuera del alcance de sus voces— No tenía ni idea de que fuera tan protector.
Peter siguió a Pablo con la mirada.
-Peter: ¿Le has contado lo nuestro?
-Lali: Lo adivinó.
-Peter: Parece que no lo aprueba. Me estaba temiendo que agarrara un repelente contra insectos y me rociara con él.
-Lali: Le preocupa que pierda mi trabajo si el jefe se entera. Pero de todos modos creo que no le gustan mucho los jugadores de rugby.
-Peter: ¿Le has dicho que ya habíamos terminado?
-Lali: No —Tal vez era cosa de su imaginación, pero Lali sintió como si la tristeza los envolviera a los dos. Se obligó a concentrarse en el baile. Fue cuando se dio cuenta de que hacían poco más que balancearse en el mismo sitio. Lali miró a Peter inquisitivamente.
-Lali: No sabes bailar, ¿verdad?
-Peter: La verdad es que no. Supongo que estuve demasiado ocupado en mi juventud para aprender —bromeó.
-Lali: Bueno, pues te balanceas muy bien para ser canadiense.
-Peter: También tú, señorita Pastel de Melocotón de Nebraska de 1988.
-Lali: Estás muy guapo —notó ella con voz queda, alzando la mano para alisar la solapa izquierda.
Los ojos de Peter recorrieron su cuerpo con lentitud.
-Peter: Tú también.

Lali sonrió mentalmente. Puede que fuera una muchacha del campo, pero eso no parecía evitar que Peter todavía la deseara cuando la veía con el uniforme. La excitación la recorrió cuando se lo imaginó ahí mismo, ahora mismo. La mirada de Peter se desvió hacia Gas y Rochi, que se estaban dando de comer el uno al otro un trozo de tarta.
-Peter: Me alegro que por fin se hayan podido casar.
-Lali: Yo también.
-Peter: Aunque no puedo comprender por qué demonios ha querido que yo fuera su padrino.
-Lali: ¿Te ha llegado a dar las gracias?
Peter parecía perplejo.
-Peter: ¿De qué?
-Lali: Del consejo que le diste anoche en el bar. Me dijo que quería agradecértelo.
-Peter: Bueno, no, pero… —estaba completamente confundido— ¿cómo sabes que quería agradecérmelo?
-Lali: ¿Recuerdas cuando ayer por la mañana Rocío se puso a gritarme y tú saliste en mi defensa? —Peter asintió— Pues bien, Gastón asumió que me defendiste porque eras mi novio.
-Peter: Ah. —Le dio la impresión de que Peter la abrazaba un poquito más fuerte— ¿Y vos que le dijiste?
-Lali: Que sos sólo un cliente habitual.
-Peter: Es que lo soy. Técnicamente. Quiero decir, que siempre he sido un cliente, pero hasta ayer por la noche era… algo más.
-Lali: Técnicamente.
-Peter: Exacto.
-Lali: ¿Cuál fue tu consejo?
-Peter: ¿El que le di a Gastón? —Lali asintió— No fue nada.
-Lali: No, dale, decimelo.
Peter puso los ojos en blanco.
-Peter: Él quería que le aconsejara sobre cómo conseguir que Rochi se fuera a la cama con él antes de decir «Sí, quiero».
Lali se puso rígida.
-Lali: ¿Y vos que le dijiste?
-Peter: Le dije que si ella quería esperar hasta la noche de bodas, entonces él debería esperar. Que a las mujeres les gusta que estas cosas sean especiales —Buscó la mirada de ella— ¿Verdad?
-Lali: Verdad.

—¡El discurso! —gritó alguien— ¡El discurso del padrino!
El sonido del piano se desvaneció, sustituido por el tintineo del metal contra el cristal cuando los invitados dieron golpecitos a las copas de champán con los cubiertos.
Peter pareció horrorizado.
-Peter: Deben estar bromeando.
El tintineo se hizo más fuerte.
—¡Discurso! ¡Discurso! ¡Discurso!
-Peter: Mierd&%$ —murmur mientras se alejaba un poco de Lali— Perdóname un minuto mientras me tiro por la ventana que esté más cerca.
-Lali: Puedes hacerlo —le animó. Le dio un apretón en el brazo y volvió a su asiento al lado de Cande. Peter regresó lentamente a la mesa de Las Águilas, el paso despreocupado disimulaba el enorme pánico que crecía dentro de él. Podía enfrentarse sin problemas a los taclees que le hacían, pero ¿hablar en público? Sólo de pensarlo le daban ganas de escaparse. Todos en el salón lo miraban cuando cogió la copa de champán.
-Peter: ¿Qué diablos digo? —le murmuró a Maxi por un lado de la boca.
-Maxi: Haz un montón de chistes sobre la noche de bodas —le aconsejó— Ya sabes, lo que de si el novio está más feliz por la boda o por usar la suite matrimonial, o cosas por el estilo. Les gustará, confía en mí.
-Peter: Idiota —murmuró. Gas y Rochi, radiantes de amor, lo miraban expectantes. Todos lo miraban expectantes. Miró a Lali.
-Lali: Podes hacerlo —articuló ella.
-Peter: Sí, seguro —soltó en voz alta. Los ojos de la gente se clavaron en él, confundidos. Peter respiró profundamente—Relájate —se dijo a sí mismo.

Necesitaba un ritual. Algo que hacer para tener buena suerte. Parpadeó una vez, dos veces, tres veces, el número de equipos de la NHL con los que había jugado hasta ahora. Tosió una vez, poniéndose el puño delante de la boca, que quería decir el número de Copas Stanley que había conseguido. Sólo entonces levantó la copa.
-Peter: Estoy seguro de que todos se unen a mí para desearles lo mejor a Gastón y a Rocío. No los conozco muy bien, así que no sé si han estado juntos mucho tiempo, o si han tenido que luchar con algo más que con el clima para decirse «Sí, quiero» esta noche —Los invitados se rieron apreciativamente— Al final, supongo que no importa cuánto tiempo hace que están juntos. Sé que hay parejas que han estado juntos durante años y todavía son unos desconocidos el uno para el otro. Y también están las parejas que se ven muy poco, pero de algún modo, su conexión es muy profunda —Instintivamente buscó a Lali con los ojos— Lo importante no es la cantidad del tiempo que pasen juntos, sino la calidad. —Alzó aún más la copa— Por Gastón y Rocío, para que todo el tiempo que pasen juntos sea especial.

Continuará...

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Les subo tarde! perdoonn :O 
Haré todo lo posible para que más tarde pueda subir otro capitulo ok??? ^-º

domingo, 11 de marzo de 2012

Capítulo 9



Domingo, 4:30 P.M.

Cande y Lali estaban sentadas en el bar, sacando un poco de tiempo para relajarse. El jefe, Mariano, por fin había reconocido la derrota y le había dado permiso a Cande para emplear algo de la comida destinada a la boda Dalmau, para dar de cenar a los clientes.
-Cande: Déjame ver si lo he entendido bien —siguió, bebiéndose poco a poco su cerveza— Peter y tú decidieron no volverse a enrollar, luego volvieron a enrollarse, luego hablaron de ustedes y averiguaron que son compatibles, y luego te besó mientras estaban los dos lo bastante chiflados para fingir que estaban de paseo en un maravilloso paisaje invernal.
-Lali: Sí.
Can simuló poner un micrófono invisible delante de la boca de Lali.
-Cande: ¿Cómo se siente después de eso, señorita Espósito?
-Lali: Confundida. Confusa. Perpleja.
-Cande: Quizá sos para él algo más que solo sexo.
Lali hizo una mueca.
-Lali: ¡Odio esa expresión!
-Cande: ¡Hey! Quien se pica… —se encogió de hombros y bebió un sorbo de cerveza— Ahora en serio, puede ser que le gustes.
-Lali: Apenas me conoce.
-Cande: Es obvio que le gusta lo que sabe de ti. ¿A ti te gusta él?
-Lali: Sí. —bebió un sorbito de cerveza. Tenía que ser cuidadosa; el alcohol le iba directamente a la cabeza.
-Cande: Entonces averigua su número de teléfono.
-Lali: ¿Para qué? Su vida está en Nueva York y la mía aquí. Además, él ya me dijo que una relación interferiría con su trabajo. No quiero que parezca que me lanzo sobre él.
-Cande: A pesar de que es lo que quieres. ¿Qué pensas vos, Jasper? —llamó al viejo y malhumorado barman— ¿Crees que nuestra muchacha aquí presente tendría que averiguar el número de teléfono de uno de esos muchachos de rugby?
-Lali: ¡Cande! —sintió deseos de matarla.
-Jasper: Depende de cuál sea…
-Cande: El capitán
Lali se cubrió la cara con las manos.
-Lali: Oh, Dios, ayúdame.
-Jasper: ¿Lanzani? —se mostró interesado y empezó a rascarse la papada— Es un buen hombre. Simpático. Divertido. Resistente sobre la cancha. Grandes propinas.
-Lali: Si esas no son las mejores cualidades para un hombre de ensueño, no sé cuáles serán —se burló apartándose las manos de la cara.
-Cande: Aun así yo averiguaría su teléfono —siguió, impertérrita— O dale el tuyo. ¿Qué es lo peor que puede pasar? ¿Que nunca te llame? Bueno, de todos modos no lo ves en todo el año.
-Lali: ¡Lo vería el próximo enero!
-Cande: Para entonces ya no te importará si te ha llamado o no —fue la sabia respuesta— ¿Quién sabe? Tal vez para entonces ya tendrás un novio de verdad. El amor actúa de forma misteriosa… si es que actúa.
-Lali: Hablando del amor —dijo, permitiéndose otro pequeñísimo sorbo de cerveza— me sabe mal por Rocío, aunque sea la reina del drama más grande al este de Los Ángeles. Todos esos meses planeando una boda para que venga una ventisca y lo eche todo a perder. Eso tiene que doler.
-Jasper: ¿Alguien pretendía casarse hoy aquí?
Cande soltó un bufido.
-Cande: ¿Bajo qué piedra has estado escondiéndote?
Jasper se encogió de hombros.
-Jasper: No sé si será de ayuda pero soy sacerdote de la Iglesia Episcopal.
Lali lo observó con atención.
-Lali: ¿Sos sacerdote?
-Jasper: Oh sí —dobló el paño de lavar platos que tenía en la mano en un cuadrado perfecto— Aunque no he llevado el alzacuellos o he oficiado nada en años.
Cande parecía impresionada.
-Cande: Vaya, Jasper, sos un hombre misterioso.
-Jasper: No hay ningún misterio en eso. Aún escucho los problemas de la gente y les ofrezco consejo. Solo que ahora no lo hago las veinticuatro horas del día. Y la paga es mejor.
Lali bebió un sorbo de cerveza, apartó el vaso y de un salto bajó del taburete de la barra.
-Cande: ¿Adónde crees que vas? —la llamó Can cuando Lali se dirigió a la puerta.
-Lali: Ya lo verás.

Domingo, 4:45 P.M.

—¿Sí?
Rochi Igarzabal, frustrada futura esposa, observaba con cautela a Lali a través de la rendija abierta de la puerta de la habitación.
-Lali: ¿Puedo pasar? —preguntó, tratando de contener la amplia sonrisa entusiasta que amenazaba con aparecerle en la cara.
-Rochi: Supongo.
Rochi parecía insegura cuando permitió que Lali entrara. La habitación estaba hecha un desastre; era como si la maleta de Rochi hubiera explotado en la entrada, llenando el espacio con ropa, zapatos, artículos de aseo y ropa interior. El novio, Gastón, estaba acostado en la cama deshecha mirando tele, lanzando barritas Skittles al aire y atrapándolas con la boca.
-Lali: Pueden casarse hoy —anunció
Los ojos de Rochi se iluminaron esperanzados.
-Rochi: ¿Qué? ¿El aeropuerto está abierto? Oh, gracias dios mío…
-Lali: No, no es eso, por desgracia. Pero el barman del hotel, Jasper es ministro. Él podría casarlos.
Rochi frunció el ceño.
-Rochi: ¡No quiero que me case ningún ministro de martinis! ¡Quiero que me case el rabino Schnurn!
-Gas: El techo del garaje del rabino Schnurn se ha hundido bajo la nieve esta mañana —intervino el novio desde la cama— Él no va a ir a ninguna parte —Apuntó a la tele con el mando a distancia, la apagó, se levantó de la cama y fue hacia donde estaban ellas. Repítalo, quiero oírlo otra vez —le dijo a Lali.
-Lali: Bien, Gastón, como le acabo de decir a Rocío, si ustedes quieren, nuestro barman puede casarlos en una ceremonia civil. Luego podrían tener una ceremonia religiosa con la familia y los amigos más adelante.
Gas miró a Rochi.
-Gas: ¿Oyes eso, Pookins? ¡Podríamos casarnos y usar la suite nupcial esta noche, tal como habíamos planeado al principio!
Rochi no parecía muy convencida.
-Rochi: No sé.
-Lali: Era sólo una idea. Esta mañana ha dicho que tenía que casarse hoy o se moriría. Cuando he visto la forma de conseguirlo he pensado que usted se alegraría.
-Gas: Yo creo que es una gran idea.
-Rochi: Por supuesto que lo crees —dijo entre dientes— Tu sueño es cualquier acontecimiento en el que no esté mi madre. —Se la veía derrotada— Mis padres estarán tan desilusionados.
-Gas: Ya has oído lo que ha dicho la recepcionista. Siempre podemos tener una ceremonia más formal en otra fecha.
Rochi se dejó caer en los pies de la cama.
-Rochi: No sé —repitió— Una ceremonia civil sin banquete. ¿No es muy deprimente?
-Lali: Aún podría tener un banquete —indicó— Todos los que están en el hotel por la nieve podrían ser los invitados de la boda. ¡Piense lo que les animaría a todos una fiesta! Nuestro cocinero podría hacer la tarta de boda. Podría tener un banquete con tarta y con champán.
-Gas: Suena estupendo —se entusiasmó. Rodeó a su prometida con el brazo— ¿Y qué te parece Ro?
Rochi parecía estresada.
-Rochi: No me atosigues, Gas. Deja de hacerlo —Tenía una expresión ansiosa cuando miró a Lali— ¿Cuándo tengo que decidirme?
-Lali: Pronto —dijo con delicadeza— si quiere que el cocinero tenga tiempo para hacer la tarta.
Rochi empezó a mordisquearse la cutícula del pulgar izquierdo.
-Rochi: Aún así, el «banquete» sería bastante tarde, ¿verdad?
-Lali: Supongo
-Gas: ¿Qué más da? —Bruce se rió— ¡Nadie va a ir a ninguna parte! Creo que deberíamos hacerlo, Ro —Y le murmuró algo al oído que hizo que se ruborizara y soltara unas cuantas risitas.
-Rochi: Tienes razón —dijo radiante. Fue la primera sonrisa que le vio Lali en los dos últimos días.

Continuará...

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Y aca les dejo en último capitulo de la maratón! perdón chicas pero mi mamá me pidio ayudarla en algunas cosas y bueno, no le puedo cancelar como a mi novio o a mis amigos,  yo le dije de que no me molestara y que estaba muy ocupada y ella empezó a decir cosas como que la juventud de hoy y que como los hijos son unos ingratos y no sé que cosas más hasta que llamó a papá que me regañó y me dijo que no le cancelara a mi mamá o si no él me cancelaría el internet. ¡Pueden creerlo!... :( 

Les agradezco por bancarme en esta maratón!... se que algunas son de el otro lado del mundo (Alexia, Sara, Faty, Chari)  y que ya es mui tarde así que graciass son lo más!
-Myprettylanzani: Aya!! te juro que no sé exactamente de que capitulo es la foto! perdoonn :O
-sara: Sarita gracias por aguantar!! te jurooo que vos en exámenes mañana lunes y yo desvelándote...

GRACIAS: VIVU, VAGOMI, CA_TA_BARABARA, ANA CAROL, VALE, LILIBETH y a... ANÓNIMO que es un capo/a que firma cono locoo! ^-^

Capítulo 8



Domingo, 3:30 P.M.

¡Zas! La bola de nieve golpeó a Peter directamente en la mejilla izquierda. Aturdido, se dio la vuelta, esperando encontrar a algún hincha chiflado del Chicago que odiara Las Águilas. Pero no, era una mujer menudita embutida en un grueso abrigo y con orejeras que avanzaba trabajosamente hacia él, sus movimientos se veían obstaculizados por la gran cantidad de nieve y los fuertes vientos. Había creído que él era el único lo bastante loco como para aventurarse al exterior. Al parecer no era así.

—¡Vos, idiota!
Peter entrecerró los ojos, acercándose. Era Lali.
-Peter: ¿Qué estás haciendo aquí fuera?
-Lali: Yo podría preguntarte lo mismo —Lanzando resoplidos y jadeando, por fin llegó hasta él— ¡Tarado! —Lo empujó hacia el montículo de nieve más cercano.
-Peter: ¡Eh! —Furioso logró mantener el equilibrio— ¡¿Qué diablos te pasa?!
-Lali: ¡Cómo si no lo supieras!
-Peter: Y no lo sé —insistió sacudiéndose la nieve del abrigo.
-Lali: Me he enterado de lo que has hecho —lo acusó— ¡Le has dicho a Rastafari que si quería darse un revolcón viniera a verme! ¡¿Cómo te has atrevido?!
Ella estaba respirando con fuerza, creando espirales heladas de humo. Peter no pudo menos que notar que tenía la punta de la nariz adorablemente roja.
-Peter: ¡Nunca haría eso!
-Lali: Entonces ¿por qué ha venido a recepción y me ha invitado a su habitación, insinuando que habría sexo?
-Peter: Hmm, déjame pensar —ladeó la cabeza pensativamente dándose golpecitos con el índice en la piel congelada de la mejilla izquierda— ¿Tal vez… porque… es un estúpido?
-Lali: Lo siento, pero la oportunidad del momento es demasiado sospechosa. ¿Decidimos que terminábamos y de repente uno de tus compañeros viene arrastrándose buscando pasar un buen rato? ¡Qué casualidad!
-Peter: ¡Nunca haría eso, Lali!
-Lali: ¿Cómo puedo saberlo?
-Peter: ¡Porque yo lo digo!
-Lali: ¿Y por qué debería creerte? ¡Apenas te conozco! —Se dio la vuelta y empezó a alejarse con dificultad. En un abrir y cerrar de ojos, Peter le hizo un placaje en la nieve.
-Lali: ¡Suéltame! —balbuceó.
-Peter: Dentro de un momento —la contempló, inmovilizada bajo él— ¿Queres saber más de mí? Vale, ahí va: Me fui de la granja para jugar rugby. No he tenido novia en al menos tres años porque la última me rompió el corazón. En los ratos que no me pagan para que unos lunáticos me tacleen, me relajo leyendo libros de misterio y jugando al golf. Tengo un barco. Vivo en un apartamento que está bastante bien. Odio la colonia. Detesto a las mujeres que llevan demasiado maquillaje. Me gustan las costillas a la barbacoa. Quiero a los hijos de mi hermano porque me hacen reír. Cuando me retire, iré a la universidad. No sé lo que estudiaré, pero sea lo que sea, tendré éxito porque soy un idiota obstinado y tenaz que se niega a aceptar la derrota. La primera vez que te ví pensé que eras la mujer más hermosa que había visto en mi vida. Creo que lo que hay entre un hombre y una mujer es algo privado. Nunca les he dicho, y nunca les diré a mis compañeros de equipo lo que hemos compartido —La fulminó con la mirada— ¿Te basta?
Lali asintió.
-Peter: Ah, y una cosa más —La besó, con fuerza, con rapidez, con decisión. Sus lenguas jugaron un rato hasta que la falta de aire los hizo separarse. Lali parecía aturdida.
-Lali: ¿Por qué has hecho esto?
-Peter: No lo sé —A Peter la cabeza le daba vueltas. El corazón todavía le latía a toda velocidad por el discurso que había hecho— Porque me ha parecido una buena idea. —Se apartó de ella levantándose y tendiendo una mano para ayudarla— ¿Ahora me crees? ¿Crees que no les he contado nada a mis compañeros?
Lali parecía humillada cuando se sacudió la nieve del abrigo.
-Lali: Sí. Lo siento. Y si alguna otra vez me haces un placaje de estos, voy a…
-Peter: ¿Vas a qué?
-Lali: Diré en recepción que te despierten a las 7:20.
-Peter: Sos una mujer con el corazón muy duro —dio patadas en el suelo intentando mantener los pies calientes— No me puedo creer el frío tan horroroso que hace aquí fuera.
-Lali: ¿Y eso lo dice un hombre que es natural de Canadá?
-Peter: ¡Eh!, que nunca he dicho que me gustase el frío.
-Lali: Tampoco has dicho nunca qué estás haciendo aquí fuera.
-Peter: Claustrofobia. Tenía que salir.
-Lali: Yo también —Ambos se giraron hacia el sonido de una quitanieves, que estaba apartando la nieve a un lado de la calle. El banco de nieve que se había formado era más alto que Peter.
-Peter: Deben estar cobrando horas extras por triplicado —comentó.
-Lali: Sí, pero se lo merecen.
-Peter: Por cierto, ¿dónde has aprendido a lanzar bolas de nieve de esa manera?
Lali sonrió ampliamente.
-Lali: Mi padre. Solíamos jugar partidos juntos. Él me enseñó a lanzar así.
-Peter: Te enseñó más bien cómo matar —se quejó— Si esa bola de nieve me hubiese dado un centímetro más arriba, estaría muerto.
-Lali: No ha podido ser peor que ser tacleado por otro hombre.
-Peter: Al menos ellos no tienen intención de matarme.

Peter miró a su alrededor. Poco a poco, se iba viendo algo de gente saliendo de los edificios circundantes. No mucha, pero sí lo bastante para tener esperanzas de que lo peor de la tormenta ya hubiera pasado. Algunos de los que salían trepaban por encima de los bancos de nieve para llegar a la calle recién despejada. Otros luchaban sin éxito, intentando quitar la nieve con una pala sin tener ni idea de cómo hacerlo. Para Peter la quietud que los envolvía era embriagante. Había algo en estar al aire libre después de una nevada que siempre le hacía sentirse en paz. Casi podía ignorar el hecho de que tuviera los huevos totalmente congelados.

-Lali: Me voy para dentro —anunció, apretándose la bufanda alrededor del cuello.
-Peter: ¿No queres quedarte aquí fuera un minuto más? —preguntó Chris— Esto es tan hermoso.
Lali miró a su alrededor.
-Lali: A veces añoro vivir en el campo —confesó con suavidad.
-Peter: Yo también. Cuando me recuerda a esto. Tan… silencioso.
-Lali: Sí. ¿Estás seguro de que nunca has visto un alce?
Peter agarró un puñado de nieve y empezó a forma una bola.
-Lali: Ok, ok retiro lo dicho —dijo entre risas. Peter dejó caer lo bola de nieve— Pero me voy para dentro igual —añadió.
-Peter: Iré contigo —la sujetó por el antebrazo— Creo que te será más fácil caminar si vamos juntos.

Lali pareció complacida, lo que hizo que Peter se sintiera feliz. Decidió no analizarlo demasiado y simplemente disfrutar de ello. Juntos emprendieron el camino de regreso al Barchester.

Continuará...

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+25 y subo el siguiente...
-Vivu: mm vos decis que es una señal? y si yo también creo en las señales! ^-^

Capítulo 7



Domingo, 6:45 A. M.

Lali se obligó a no mirar por última vez a Peter mientras dormía, antes de salir sigilosamente de la habitación y bajar al vestíbulo para empezar a trabajar. Horrorizada comprobó que todavía nevaba. El aeropuerto y la estación de tren continuaban cerrados y todavía se aconsejaba a la gente que no salieran a las carreteras que eran prácticamente intransitables. No tuvo ninguna duda de que Chicago sería declarado zona catastrófica al acabar el día.

Al ver a Pablo tras el mostrador se sobresaltó. Creía que ninguno de los dos tenía que hacer el turno nocturno. ¿Había habido algún cambio? ¿Había estado tan absorta en Peter que no se había enterado de las últimas instrucciones de Mariano? ¿Acaso Mariano la había estado buscando y no la había podido encontrar?
-Lali: Hey —saludó a Pablo, simulando una expresión tranquila. Si la había fastidiado, Pablo se lo diría con toda claridad— Me sorprende verte aquí.
-Pablo: No podía dormir, así que pensé venir aquí. No tengo nada mejor que hacer —Movió la cabeza apesadumbrado— La triste verdad es que no puedo dormir si no tengo abrazada a mi mujer. La he echado mucho de menos estos dos días, con ronquidos y todo.

Lali asintió comprensiva aunque se le formó un nudo en la garganta. Normalmente le gustaba oír a Pablo hablando de su vida. Esa mañana hizo que se pusiera melancólica. Echó un vistazo por la ventana. Todavía estaba oscuro, pero el cielo del amanecer permanecía iluminado por la nieve.
-Lali: No sé si podré aguantar otro día.
-Pablo: Vos y todos los demás —salió de detrás del mostrador para que Lali y él pudieran intercambiar los sitios— A propósito, ¿dónde has estado escondida?
Lali empezó a toquetear el montón de papeles del mostrador.
-Lali: ¿Qué quieres decir?
-Pablo: Quiero decir que a todos nos han asignado habitaciones y Julie me ha dicho que la compartía contigo, pero no te ha visto ni una sola vez. —Arqueó las cejas— ¿Hay algo que le quieras contar a Pablo?
-Lali: No —sintió un intenso calor en las mejillas. Así que el tiempo pasado conociendo a Peter se había cobrado su precio: ¡No se había enterado de que les hubieran asignado habitaciones! Apuntó mentalmente el decirle a Julie que se ocupara de sus propios asuntos, luego volvió la atención a Pablo sabiendo que el rubor la había traicionado— Es una larga historia. Algo que dura desde hace tiempo.
-Pablo: ¿Es uno de esos chicos de rugby, verdad?
Lali se quedó sin aliento.
-Lali: ¿Cómo lo has sabido?
-Pablo: Has dicho que dura desde hace tiempo. Esos chicos vienen cada año provocando problemas ¿Por qué has tenido que liarte con uno de ellos? Esos chicos tienen la cabeza llena de piedras y ni siquiera conservan los dientes. Si quieres un deportista, el puedo emparejarte con uno de los Bull así de rápido —Y chasqueó los dedos.
-Lali: No me he liado con uno de ellos, ¿vale? —se defendió con los ojos llenos de lágrimas— Y no me atraen los deportistas. Tenemos sexo una vez al año, ¿vale?
-Pablo: Bueno, eso es una cosa que tú y yo compartimos —bromeó mientras se desabrochaba la americana y la señalaba con un dedo advirtiéndola— Pero ten cuidado, ¿de acuerdo? Si Nugent averigua que estás teniendo un lío, te vas a encontrar fuera con el abominable hombre de las nieves —Ahogó un bostezo— Voy a intentar dormir un poco. Te veo a las tres.

Domingo, 10:00 A.M.

-Maxi: ¿Cómo va tu dolor de cabeza?
Peter ignoró la sonrisa satisfecha de la cara de Maxi cuando se sentó en una de las sillas de la habitación de su compañero de equipo. Les habían dicho que tendrían que quedarse en Chicago otro día. Lo que había empezado pareciendo una aventura —ooh!!, bloqueados por la nieve, podría ser divertido— ahora era un problema. Los jugadores casados no podían estar con sus familias y todo el mundo estaba de mal humor. Había un límite en las partidas de póquer que se podían jugar o en la televisión que se podía ver antes de volverse loco. Y no ayudaba nada el que no hubieran podido entrenarse en los últimos días.
-Peter: Me siento mejor.
-Maxi: Eso creía —agregó enigmáticamente.
-Peter: ¿Qué pasa con vos?
-Maxi: ¿Crees que soy tonto? —dijo con un bufido— Te vas del bar con dolor de cabeza y cinco minutos más tarde la recepcionista se larga y eso que acababa de llegar. Es ella con la que te has estado acostando, hermano.
-Peter: Estás loco —se mofó, pero en el fondo estaba sorprendido: nunca se habría imaginado hasta ahora que Maxi fuera tan observador— Y a todo esto donde está Vico?
-Maxi: Seguramente en la cocina. Desde que te fuiste ayer no ha dejado de perseguir a la amiga de tu chica
-Peter: No es mi chica…
-Maxi: Yo creo que es bastante obvio.
-Peter: Sí, bueno, eso pasa cuando se tiene demasiado tiempo que perder y se ve el mundo a través de vasos llenos de sangría —contestó Peter.
-Maxi: Venga, reconócelo. No se lo contare a nadie.
-Peter: No hay nada entre la recepcionista y yo —mantuvo inflexible. La tentación de hablar era muy fuerte. Todo había acabado entre Lali y él. ¿Qué importancia tendría? Pero todavía había una parte de él que quería mantenerlo en privado, no sólo por él, sino por Lali. Era algo que habían compartido, algo en lo que ella tenía derecho a opinar. No tenía derecho a hablar sin su permiso. Así que no hablaría.

Aquella mañana se había despertado como lo hacía siempre… solo. Sin embargo, esta vez había sido diferente. Solo. Final. Cuando estaba en la ducha, un pensamiento traidor lo dejó aturdido: llegar a conocerse había hecho que el sexo entre los dos fuera todavía mejor. Siempre había asumido que era el elemento de misterio el que hacía que lo que había entre ellos fuera tan excitante. Pero no era por eso. Eran ellos dos juntos, Peter y Lali. ¿Qué se suponía que tenía que hacer él con ese descubrimiento?

Maxi lo observaba con los ojos entrecerrados mientras con tres rápidos mordiscos devoraba una barra de Toblerone del minibar.
-Maxi: Entonces si vos no te la has ligado, no te importara que me la ligue yo, ¿verdad? —preguntó.
-Peter: ¿Qué te hace pensar que ella querría estar con un perdedor como vos?
-Maxi: ¿Qué te hace pensar que no querría? —le desafió.
Peter se encogió de hombros.
-Peter: Ve a por ella entonces —Fingió indiferencia, pero no quería pensar en ello ahora mismo— Cincuenta dólares a que te rechaza.
Maxi se levantó de un salto de la cama y fue hacia la puerta.
-Maxi: Ya lo veremos.

Domingo, 10:30 A.M.

-Lali: Todavía está prohibido el tránsito de pasajeros. Los aeropuertos están cerrados. Estamos bajo estado de emergencia —Si Lali tenía que repetir ese discurso una vez más, iba a empezar a cargarse a los clientes a la espalda y a llevarlos ella misma a sus destinos. La mirada de esperanza moría cada vez que alguien se acercaba al mostrador para pedirle información. Todos tenían los nervios crispados. Estaban a punto de estallar. En el vestíbulo había estallado una pelea por un periódico de hacía dos días. Cuando las luces parpadearon por los fuertes vientos, los jadeos le recordaron a Lali en cierto modo a las miradas de la gente en una película de terror. Aunque esto era real.
—Tiene que hacer algo o me tiraré delante de un camión.
Lali observó admirada a Rocío Igarzabal que se mecía de pie, hacia delante y hacia atrás, delante del mostrador. La futura esposa parecía haberse vuelto loca. A su lado, como siempre, estaba el futuro novio. Parecía pálido y con una monumental resaca.
-Lali: Señorita, hacemos todo lo que podemos por los clientes teniendo en cuenta las circunstancias y los últimos partes meteorológicos.
Rocío cayó de rodillas sollozando.
-Rochi: No lo entiende. ¡Se supone que hoy me voy a casar!
Lali salió del mostrador y se agachó a su lado.
-Lali: Siento mucho lo que está usted pasando —le dijo poniendo un brazo sobre el hombro de Rochi para consolarla. Miró hacia fuera. Parecía que había un poco menos de nieve, pero eso no quería decir que los trenes, los aviones y los coches empezaran a circular.
-Rochi: ¿Sabe cuánto dinero vamos a perder? —gimió— ¡Mi abuela Esther viene desde Boca! ¡Tiene ochenta y dos años y está durmiendo sobre una maldita camilla en el aeropuerto, alimentándose de enormes galletas de chocolate Au Bon Pain!
Esperando que la ayudara, Lali alzó los ojos para mirar al prometido de Rochi. Él le hizo señas para que ella se apartara un poco y pudieran hablar.
-Lali: ¿Sí? —murmuró.
-Gas: Siento mucho todo esto —se disculpó con mofletuda cara sonrojada por la mortificación— Sé que ya tiene usted bastantes problemas con los que lidiar sin que venga Rochi a darle más lata.
-Lali: No se preocupe. Estamos acostumbrados a tratar con problemas.
El novio pareció algo aliviado.
-Gas: Dele las gracias a su novio de mi parte cuando pueda, ¿de acuerdo?
Lali se quedó estupefacta.
-Lali: ¿Perdone?
-Gas: El deportista. Es su novio ¿no?
-Lali: No —¿Cómo podía saber ese tipo algo sobre Peter y ella?
El novio se encogió de hombros.
-Gas: Oh. Pensaba que lo era por la manera en que la defendió ayer.
-Lali: Él es sólo un cliente habitual del hotel —dijo con mucha educación, encontrando, inesperadamente, muy duro decir aquellas palabras— Nada más.
-Gas: Pues si lo ve, dele las gracias por el consejo que me dio anoche en el bar.
-Lali: ¿Qué consejo le dio? —no pudo resistirse a preguntar, aunque era algo completamente inapropiado. De todas formas, la rabieta de Rochi también era inapropiada. Así que Lali se figuró que el señor Prometido tenía alguna especie de deuda con ella.
-Gas: Un consejo romántico —contestó el novio— No resultó, pero le agradezco el tiempo que se tomó para hablar conmigo. Parece un gran tipo.
-Lali: Estoy segura de que a él le gustaría oírselo decir a usted mismo, pero si lo veo se lo diré —prometió, disimulando su sorpresa. ¿Peter daba consejos románticos? No podía ni imaginárselo. Tal vez no quisiera imaginárselo. Eso significaría admitir que Peter había estado enamorado en algún momento; en alguna parte a lo largo de su carrera había podido compaginar el rugby con una vida personal. El pensamiento le molestó y el hecho de que le molestara le molestó aún más. ¿A qué venía el preocuparse por lo que él hacía o a quién veía los otros trescientos sesenta y cuatro días del año? Además, todo había acabado entre ellos.
Volvió a prestar atención a Rochi, que había levantando los brazos hacia el cielo, suplicando:
-Rochi: ¡¿POR QUÉ YO, DIOS?! ¡¿POR QUÉ?!

Era una actuación digna de un Oscar, una que amenazaba con acabar con el buen temple de Lali. Al menos entretenía a algunos de los otros clientes del hotel que se la quedaban mirando divertidos a la vez que horrorizados.
Rochi, por fin, dejó de gimotear mirando suplicante a Lali con los ojos enrojecidos.
-Rochi: ¿Está usted segura de que no puede hacer absolutamente nada? Tengo que casarme hoy, o me moriré. Tengo que casarme.
-Lali: Estamos haciendo todo lo que podemos —repitió, sabiendo que sus palabras no la tranquilizaban. No podía esperar a que su turno hubiera terminado.

Domingo, 10:40 A.M.

—¡Eh, bella señorita! ¿Cómo le va?
Lali reconoció enseguida al hombre de cuerpo enorme y salvaje pelo castaño. Era uno de los compañeros de equipo de Peter. Al principio pensó que se dirigía a Rochi. Pero luego comprendió que le hablaba a ella. Le sonrió con cordialidad.
-Lali: ¿Puedo ayudarle, señor?
La sonrisa del hombre se hizo más íntima.
—Espero que sí —Apoyando el codo izquierdo sobre el mostrador, se puso la mano bajo la barbilla— Mi nombre es Maxi.
-Lali: Encantada de conocerle, Maxi.
-Maxi: Ya sé tu nombre —dijo él de forma insinuante.
Lali parpadeó. Lo primero que pensó fue: Peter y su enorme bocaza. Le costó unos segundos darse cuenta de que él tenía los ojos clavados en la placa identificativa.
-Lali: ¿Le puedo ayudar? —repitió.
-Maxi: ¿A qué hora sales del trabajo? —murmuró.
-Lali: A las tres —contestó con sospecha— ¿Por qué?
-Maxi: ¿Te gustaría venir a mi habitación y tomar una copa? —La voz de Maxi era zalamera hasta la exageración intentando parecer sofisticado. Lali no supo si echarse a reír como una tonta o esconderse debajo del mostrador hasta que se marchara.
-Lali: No, gracias.
-Maxi: Vamos —la aduló— ¿Qué mejor manera de pasar el rato mientras estamos todos bloqueados por la nieve? Podríamos beber algo y llegar a conocernos mejor el uno al otro —La miró de forma seductora— Te prometo que no lo lamentarás.

Lali no estaba segura de a quién quería pegar más fuerte: si a él o a Peter. No había ninguna confusión en lo que estaba insinuando. Peter le debía haber dicho a sus compañeros que estaba dispuesta a tener un revolcón, que era una mujer fácil. ¡Ese hijo de…!
-Lali: Como puede ver —contestó señalando al grupo de apenadas devotas de Oprah que se dirigían hacia el mostrador— estoy muy ocupada. ¿Hay algo más en lo que pueda ayudarle?
-Maxi: En estos momentos no —dijo— Pero si cambias de idea, estoy en el sexto piso. Habitación 662. —Y se marchó guiñándole un ojo.

Lali observó cómo se iba. Peter Lanzani era hombre muerto.

Continuará...
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+20 y el siguiente ^-^