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miércoles, 15 de agosto de 2012

Capítulos VEINTIUNO, DOS, TRES y CUATRO



Los siguientes días fueron muy estresantes. El huracán había pasado por alto Baywater y se había dirigido hacia la costa, pero había dejado a su paso enormes ventiscas y lluvias torrenciales dejando un paisaje desolador en la pequeña población.

Había que hacer un montón de limpieza. El equipo de Peter se mantenía muy ocupado ayudando a la policía local y a los bomberos a atender llamadas de emergencia. El había llamado para comprobar que toda su familia se encontraba a salvo, pero no había tenido tiempo aún de reunirse con sus hermanos. Hasta esa noche. Entre su trabajo en la base y las emergencias que estaban atendiendo no le quedaba mucho tiempo libre. Y el poco que tenía lo destinaba a estar con Lali.

Parecía no saciarse nunca de ella. Desde aquella primera noche juntos, la noche de la tormenta, habían estado juntos todas las noches haciendo el amor, hablando, riendo, discutiendo... Nunca había pasado tanto tiempo con una mujer antes de sentir la necesidad de salir huyendo.

Antes de conocer a Lali, siempre había mantenido las distancias. Al menos emocionalmente. Nunca había querido conocer a una mujer más allá de lo su­perficial, más allá de lo que implicaba divertirse juntos. Sin embargo, ahora, parecía que había algo más.

Peter se había dado cuenta, pero no sabía muy bien qué hacer al respecto. Una y otra vez, se sentía cada vez más implicado en su vida, en su mundo y una parte de su cerebro le advertía constantemente del peligro que eso suponía.

Y también le recordaba que él no estaba buscando algo para siempre. El no buscaba amor.

Pero aquella voz que resonaba en su conciencia cada vez era más débil, cada vez le costaba más oírla.

Se dirigió hacia el restaurante del faro y se detuvo justo a la entrada. Enganchó sus gafas de sol en el cuello de su camisa y echó un vistazo alrededor del comedor. El restaurante estaba atestado de gente, en su mayoría familias celebrando que habían sobrevivido al huracán.

Divisó a sus hermanos en una de las mesas del fondo y se preparó para lo que, sabía, se le venía encima. Él se había estado riendo de Germán y Eliseo durante las últimas semanas, así que esperaba que ellos se tomaran la revancha.

Atravesó el comedor y llegó a la mesa.
-Peter: Hazte a un lado -le dijo a Eliseo.

Cuando lo hizo, Peter se sentó en el banco. Deteniendo la mirada sobre Eliseo, Germán y finalmente Camilo, respiró hondo y dijo.
-Peter: Perdí.

Sus hermanos empezaron a celebrar su derrota gritando y riendo de forma que todo el mundo en el restaurante se volvía para mirarlos.
-Peter: Por favor, déjenlo ya, ¿quieren? -dijo a sus hermanos.
-Germán: ¡Es genial! -dijo aún riéndose. Eliseo y Germán chocaron las palmas por encima de la mesa y Camilo empezó a frotarse las manos como queriendo contar el dinero que él y su iglesia acababan de ganar.
-Eliseo: ¿Y qué ha pasado? -preguntó dándole a Peter un codazo en las costillas.
-Peter: ¿Que qué ha pasado? ¿Necesitas que te lo explique? Demasiado bien sabes lo que ha pasado.
-Eliseo: Sí, pero ¿qué ha sido de toda esa parrafada que nos soltaste acerca de que tú resistirías más que nosotros?
-Peter: He resistido más que ustedes dos, perdedores -Peter les recordó inmediatamente. Puede que él no hubiera ganado la apuesta, pero había vencido a los otros dos de los trillizos Lanzani
-Germán: Sí -dijo apoyando los brazos sobre la mesa-, pero sólo te quedaban dos semanas para ganar. Realmente pensé que ibas a lograrlo.
-Eliseo: Pues yo no -murmuró.

-Camilo: ¿Lali? –preguntó tranquilamente.
Peter asintió.
-Germán: ¿Lali? -repitió poniéndose derecho y mirando a su alrededor como si fuera el único que no conocía aquella información.
-Eliseo: Sí -añadió mirando a Camilo- ¿Cómo es que tú sabes lo de esa nenita y nosotros no?
-Peter: Chicos, ustedes no lo saben todo -dijo recostándose en su asiento.

-Aquí tienen, chicos -dijo alegremente una voz femenina-. Sus cuatro cervezas.
Los hermanos Lanzani se mantuvieron en silencio hasta que la camarera se hubo marchado.
Peter echó mano a su cerveza y dio un gran sorbo. La espuma helada le golpeó la garganta y alivió la irritación que tenía depositada allí.
-Germán: Escupe -le exigió - ¿Quién es esa nueva nenita?

-Peter: No es ninguna nenita -le respondió haciendo una mueca.
-Eliseo: ¿Dónde la conociste? ¿En el bar de al lado de la base? -se rió.
Peter suponía que tenían derecho a reírse. Normalmente las mujeres con las que salía frecuentaban el bar de los marines.

Dio otro trago a su cerveza y les explicó cómo había conocido a Lali. Al contárselo a sus hermanos experimentó un gran alivio. Él no se había dado cuenta, pero su voz se había suavizado y sus pupilas brillaban.
-Camilo: Parece alguien especial –dijo cuando Peter paró de hablar.
Mirando fijamente a su hermano mayor, Peter se vio preso del pánico. Volviendo a mirar a Camilo, después a Eliseo y por último a Germán, negó con la cabeza.

-Peter: No la tomen conmigo, chicos. No quieran ver en esto más de lo que es.
-Germán: Yo no he dicho nada -señaló alzando ambas manos como señal de rendición.
-Peter: No hace falta que lo hagas. Puedo verlo en sus caras.
-Eliseo: Pues tendrías que ver la tuya -le respondió agarrando su cerveza.
-Peter: ¿Qué quieres decir con eso? -preguntó.
-Eliseo: ¡Dios, Peter! Querer a una mujer no es algo de lo que uno deba sentirse avergonzado -sonrió-. A menos que se trate de Camilo, claro.
-Camilo: Ja-ja Muy divertido.

-Peter: Basta -les dijo con voz firme-. Nadie a dicho nada respecto al amor, ¡cielo santo! Lo único que he hecho es admitir que he perdido la estúpida apuesta.
-Germán: Relájate, chico -dijo, alzando su jarra de cerveza-. Todos sabemos lo que es eso. Bueno, todos excepto Camilo.
-Camilo: ¿Tú también vas a empezar con eso? -gruñó.
Germán se encogió de hombros.
-Peter: En serio -dijo sintiendo cómo el pánico se apoderaba de él-. Dejen el tema. No estoy enamorado. Y no tengo intención de estarlo.
-Eliseo: Parece que estuvieras hablando de una enfermedad o algo así.
-Peter: ¿Acaso no lo es? –respondió.
-Camilo: ¿Qué es lo que te asusta tanto, Peter?

De repente, Peter se puso tenso.
 -Peter: No he dicho que esté asustado. Simplemente he dicho que no estoy interesado.
-Eliseo: ¿Y por qué diablos no? ¡Dios! No puedo imaginarme cómo sería no estar casado con Ana.
-Peter: ¡Oh, sí! Te gusta tanto estar casado con Ana que por eso te divorciaste y volviste a casarte con ella.

-Germán: Sólo te está picando -le cortó antes de que Eliseo saltara y comenzara una de las famosa peleas entre los hermanos Lanzani. -¡Dios! Recuerdo cómo me sentía. Amaba a Mili, pero no podía admitirlo. No podía admitírmelo ni siquiera a mí mismo.
-Peter: Ahora que ambos están casados, ¿qué es lo que les queda? -refunfuñó.
-Camilo: ¿Felicidad? -contestó.

-Peter: Sin ofender, Camilo -dijo-. Pero supongo que los sacerdotes no tienen voz ni voto en esto.
Por un momento, vieron la ira reflejada en el rostro de su hermano mayor.
-Camilo: Puede que sea un sacerdote, Peter, pero también soy un hombre. Y tú hermano mayor.
-Peter: Pero no sabes nada acerca de las mujeres -dijo dando otro sorbo a su cerveza-. Éstos al menos están en posición de discutir conmigo, pero tú no. Tú no sabes lo que es esto. Tú no sabes lo que es sentir algo por alguien, alguien especial.
-Eliseo: En eso tiene razón -señaló.
-Germán: Cierto –añadió -. En eso tienes suerte.
-Camilo: ¿Con quién demonios creen que están hablando? -preguntó mirando fijamente a Peter-. ¿Acaso creen que nací con este alzacuello puesto? -dijo señalando la banda blanca que llevaba en el cuello-. En primer lugar soy un hombre. Y, después, soy su hermano. ¿Realmente creen que nunca he amado a nadie? ¿Piensan que no sé lo que significa amar?

Peter parpadeó. Hacía años que no veía los ojos de Camilo brillar debido a la furia.
-Eliseo: Cálmate, Camilo -le instó.
-Camilo: Cállate -gruñó-. Esto es algo entre este imbécil y yo.
-Peter: ¡Hey!
-Camilo: Este es mi turno, idiota, así que cállate y escucha -señaló con el dedo a Peter y después tomó aire y bajó la voz-. Una vez estuve enamorado.
-¿Qué? -dijeron los trillizos a la vez.
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Camilo no parpadeó. Miraba fijamente a sus hermanos.

-Camilo: Se llamaba Paz.
-Germán: ¡Vaya! -murmuró.
-Eliseo: Creí que los sacerdotes eran los que tomaban confesión...
-Camilo: La conocí en Irlanda -continuó como si ninguno de sus hermanos hubiera hablado-. El último verano antes de que entrara en el seminario.

Peter recordó el viaje que Camilo había hecho an­tes de tomar la decisión de dedicar su vida al sacer­docio. Pasó una temporada en casa de sus abuelos en Galway y viajó alrededor de Irlanda durante todo el verano. Nunca les había hablado de esos tres meses y ellos no habían insistido ya que habían asumido que los había pasado meditando y rezando.

Pero, aparentemente, estaban equivocados.

Peter mantuvo la mirada fija sobre la de Camilo.
-Peter: ¿Qué sucedió, Camilo? Si tanto la querías, ¿por qué la dejaste marchar?
Camilo tomó aire. El brillo de sus ojos se vio empañado por los recuerdos. Despacio, se acomodó en su asiento y, sin apartar la vista de Peter, le dijo:
-Camilo: Murió.
Peter mantuvo la respiración. Y en ese momento se le vino a la cabeza Lali y su pérdida. Seguro que había algo más. Vio a su hermano revivir todo el dolor y se preguntó cómo habían llegado a tocar un tema tan delicado como ése.

-Camilo: Conducía hacia Galway para reunirse con su hermana e ir de compras -dijo dulcemente-. Una turista americana se confundió y se metió por sentido contrario golpeándola frontalmente. Murió en el acto.
Dios.
-Peter: Lo siento, Camilo -dijo sorprendido por el relato de su hermano. En todos esos años su hermano jamás les había dado la menor sospecha acerca de la tragedia que había vivido. Fue entonces cuando Peter se dio cuenta de que los marines no eran los únicos hombres valientes.

Ahora que se había disipado su enojo, Camilo volvió a sonreír de nuevo.
-Camilo: Hace ya mucho tiempo, Peter. Simplemente se los cuento porque quiero que sepan que los entiendo. Sé perfectamente lo que es amar a una mujer con toda el alma.

Hubo un momento de silencio. Cada uno de ellos estaba inmerso en sus pensamientos, pero ninguno de ellos quería ser el primero en hablar.

Finalmente, fue Germán quien rompió el hielo.
-Germán: Si Paz hubiera sobrevivido -le preguntó a Camilo-. ¿Aún te habrías convertido en sacerdote?
Camilo apretó las manos contra su jarra de cerveza. La elevó, tomó un sorbo y la apoyó de nuevo sobre la mesa antes de contestar.
-Camilo: Me he hecho esa pregunta miles de veces a lo lar­go de los años -admitió mirando a sus hermanos-. Para ser sinceros no. No lo hubiera hecho. Cuando la conocí, fue como si Dios me hubiera mandado una señal advirtiéndome que, después de todo, no quería que dedicara mi vida al sacerdocio -volvió a suspirar-. Habíamos planeado casarnos y comprarnos una casa cerca de Lough Mask. Pero entonces ella murió...
-Peter: ¿Casarse? -preguntó asombrado.
Pasaron un par de minutos antes de que Camilo volviera a sonreír.
-Camilo: Sigo creyendo que existe una razón para todo, pero aún no he podido encontrar explicación a la muerte. Quizá conocer y amar a Paz me haya convertido en un mejor sacerdote.
-Eliseo: No sé qué decir -dijo mirando a su hermano mayor.

-Camilo: No tienes que decir nada -les dijo a todos ellos.
El silencio volvió a hacerse entre ellos. Ahora, todos eran conscientes de que la vida privada de Camilo había sido un infierno y ninguno de ellos sabía cómo manejar aquella nueva faceta de la vida de su hermano mayor.

Al fin, Eliseo volvió a hablar y, gracias a Dios, cambió de tema.
-Eliseo: Eres un gran sacerdote, ¿lo sabías?
Camilo lo miró.
-Camilo: Gracias. Eso creo.
-Eliseo: No, lo digo de verdad -dijo dando un sorbo a su cerveza-. Y eso probablemente significa que podré recordar tus famosos sermones cuando esté fuera.
-Peter: ¿A qué te refieres? -le preguntó.
Eliseo miró a cada uno de sus hermanos, sonrió y se encogió de hombros.
-Eliseo: El mes que viene embarco hacia Oriente Medio.
Siendo su padre un marine habían crecido sabiendo que los cambios de destino eran frecuentes, pero formar su propia familia les había hecho tener que vivir con ese temor.
-Camilo: ¿Se lo has dicho ya a Ana? -preguntó.
-Eliseo: No -admitió-. Voy a hacerlo ahora, cuando llegue a casa. Para eso también me serán útiles tus oraciones -sonrió-. Discutir con Ana puede resultar muy duro.
-Germán: Pero estarás aquí para celebrar nuestra humillación conjunta, ¿verdad?
-Eliseo: Oh, sí. Estaré aquí para pasear con ustedes en  el descapotable con falda de hawaiana y sostén de coco. Claro que estaré aquí -le dio un pequeño empujón a Peter-. Déjame salir, ¿quieres?
-Germán: Me voy contigo. Tengo que llegar pronto a casa o Mili me echará la bronca.
Peter soltó una carcajada.
-Peter: ¿Lo ven? ¿Ven lo que el matrimonio ha hecho con ustedes?
Eliseo agitó la cabeza.
-Eliseo: Realmente eres idiota -y después le dio una palmada en el hombro-. Vamos, muévete.
Peter se levantó y Eliseo se deslizó por el banco de madera en el que estaba sentado. Sacó un par de billetes que dejó sobre la mesa y se despidió de sus hermanos.
-Eliseo: Hasta la vista, chicos.

Después, Germán y él se dirigieron hacia la salida y Peter volvió a sentarse.
-Peter: A Ana no le va a alegrar nada la noticia.
Camilo se encogió de hombros.
-Camilo: Ella es fuerte. Se preocupará por él, pero sabrá manejar la situación.
-Peter: Supongo -pero no estaba preocupado por su cuñada ni tampoco por Eliseo. Lo que le preocupaba era saber que su hermano mayor había estado enamorado tiempo atrás. Mirando a Camilo, le preguntó
-Peter: ¿Por qué nos has hablado de ella?
Camilo suspiró y se recostó contra su asiento.
-Camilo: No lo sé. Quizá me he hartado de escuchar sus comentarios acerca de no saber  lo que era amar a una mujer.

Peter sonrió levemente y asintió.
-Peter: Muy bien. Ya te entiendo.
La noticia aún lo sorprendía. Él siempre había pensando en Camilo como un hombre tranquilo y meditabundo nacido para el sacerdocio. Ahora, descubrir que había sentido dudas en su camino le resultaba un poco inquietante.
-Peter: ¿Cómo era ella?
-Camilo: ¿Paz?
-Peter: Sí.
Camilo sonrió con tristeza.
-Camilo: Guapa, divertida, testaruda -su voz se suavizaba al recordar-. Era una artista muy buena. Pintaba en su mayoría paisajes.
Entonces Peter recordó el cuadro que Camilo tenía en su cuarto.
-Peter: ¡El cuadro de tu habitación! El de las piedras...
-Camilo: Sí. Lo pintó ella.
A Peter siempre le había gustado aquel cuadro. Incluso había intentado comprárselo a Camilo en cierta ocasión. Ahora sabía por qué su hermano se había negado a deshacerse de él.
-Peter: Era muy buena.
Camilo sonrió.
-Camilo: No necesito que sientas pena por mí, Peter.
-Peter: Entonces, ¿qué se supone que debo sentir?
Camilo se inclinó hacia delante y sonrió.
-Camilo: Sólo quiero que pienses -dijo sacando dinero de uno de sus bolsillos-. Piensa en lo que has encontrado, en lo que podrías tener. Y recapacita sobre ello antes de que decidas perderlo.
Después, se marchó.

Y Peter se quedó solo sin saber muy bien qué hacer.
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-Rochi: Puedo volver a casa antes.
-Lali: No es necesario -dijo agarrando el auricular mientras se dirigía hacia la cocina para servirse algo de té helado-. Sinceramente, Rochi, toda va bien.
-Rochi: La casa y la librería, ¿no han sufrido ningún daño?
Lali suspiró. Ya se lo había asegurado más de una docena de veces en los últimos días. De todas formas, suponía que no era fácil estar lejos de casa sabiendo todo lo que estaba aconteciendo.
-Lali: Sólo hay una pequeña gotera en la tienda -volvió a decirle-. Un diminuto charco en la parte de atrás, en la zona de juegos de los niños.
-Rochi: ¡Maldita sea! Debería haber arreglado el tejado el año pasado. Lo sabía. Y, aun así, lo pospuse.
-Lali: Es una gotera sin importancia, Ro. En serio. Créeme, la librería no se ha inundado.
-Rochi: Bueno, bueno. Sé que estoy siendo un poco pesada, pero...
-Lali: Sólo un poco -admitió sonriendo mientras cerraba la nevera y apoyaba su vaso de té sobre la mesa. Tomó un sorbo y dijo -. Limítate a disfrutar el resto de las vacaciones en compañía de los tuyos.
-Rochi: Si te soy sincera, me tienen de los nervios.
Lali se rió, retiró una silla y se sentó. Le hacía sentirse muy bien el poder pensar en algo más que en su extraña situación. En los últimos días, no había estado más que dándole vueltas a la cabeza en torno a Peter. Sin embargo, aún no tenía ni idea de cómo manejar lo que se estaba convirtiendo en una relación más y más complicada.

Naturalmente, para Peter no lo era en absoluto. Sólo ella era la culpable de haber cometido el error de sentir más de lo que debería. Ahora, sólo le quedaba pensar en una solución para poder sobrellevar aquello.
-Rochi: No me malinterpretes. Mis padres son estupendos, pero se pasan el día consintiendo a los niños y eso me pone muy nerviosa.
Lali dejó escapar un suspiro al preguntarse cómo sería ahora si su hijo estuviera vivo. Ahora tendría seis años. Cerró los ojos y trató de imaginar aquel dulce rostro de bebé tal y como sería en aquel momento, pero no lo logró.

Ella siempre había querido tener hijos. En el pasado siempre había asumido que tendría un hogar lleno de niños. Sin embargo, ahora parecía que todos aquellos sueños habían quedado atrás con la pérdida de Eric. Estaba sola y, a pesar de lo que sentía por Peter, iba a seguir estándolo.

Agitando la cabeza, dijo:
-Lali: Parece que las cosas son entonces como se suponen que tienen que ser.
-Rochi: Supongo. Creo que ya estoy lista para volver a casa.
-Lali: Sí -dijo suavemente-. Yo también.
-Rochi: ¿Te has cansado ya de la vida en la pequeña ciudad? -preguntó-. ¿Estás ya lista para volver a Manhattan y empezar de nuevo a recaudar fondos?

Sinceramente, no, pero Lali no iba a confesarlo. Le gustaba Baywater. Le gustaba tener vecinos, le gustaba vivir en una cuidad pequeña, el ritmo de vida más tranquilo y el sentimiento de comunidad que había experimentado cuando el huracán estaba a punto de arrasar el lugar.

Y, sobre todo, le gustaba Peter.

Instantáneamente, la imagen de su sonrisa llenó su mente. Su lunar, sus profundos ojos verdes, la gravedad de su voz en mitad de la noche, sus dedos deslizándose sobre su piel, su risa, su humor y su fuerza.
Le gustaba todo.

¡Oh, Dios! Lo había hecho. Se había enamorado.

Sentada en la silla contempló la pared que tenía frente a ella. ¿Por qué no se había dado cuenta cuando aún había tiempo para evitarlo?

Quizá no había tenido opción de hacerlo. Había sentido algo nuevo, algo increíblemente fuerte y poderoso desde el primer momento en que lo vio.

Entonces supo que él era diferente. Y que podía ser peligroso.

Pero, simplemente, no había sopesado cuánto.
-Rochi: ¿Hola? Llamando a tierra, ¿Lali?
-Lali: ¿Eh? Oh -agitó la cabeza, agarró el vaso de té y dio un sorbo. Al hacerlo, sintió cómo el líquido helado la hizo estremecer.
Pero no era el té helado lo que le causaba aquellos escalofríos, sino saber que le había entregado su corazón a un hombre que no lo quería.
-Lali: Oh, no.
-Rochi: ¿Qué? ¿Qué pasa? -preguntó.
-Lali: He cometido un grave error.
-Rochi: Qué mal suena eso...
-Lali: No podía ser peor.
-Rochi: ¿Acaso es Peter el nombre de ese error?
-Lali: ¿Cómo lo has adivinado?
-Rochi: Era de suponer –admitió sin disimular su agrado.
-Lali: No tienes por qué mostrarte tan contenta al respecto -murmuró sonriendo al auricular.
-Rochi: ¿Y por qué no iba a estar contenta? Dos de mis mejores amigos han encontrado el amor y la felicidad. ¡Es una noticia estupenda!

-Lali: ¡Aja! -se apoyó contra la silla-. En lo que se refiere a Peter, sólo hemos compartido sexo.
-Rochi: ¿Y qué me dices de ti?
Ella suspiró.
-Lali: Rochi... Soy una estúpida.
-Rochi: No, no lo eres cariño -le dijo su amiga suavemente-. Te has enamorado y eso te hace ser afortunada.
-Lali: No. Sólo hace que resulte más duro marcharme.
-Rochi: ¿No vas a quedarte y ver qué pasa?
 -Lali: No -se levantó, anduvo hasta la ventana y contempló el sol. El cielo era azul, las nubes se movían lentamente y el viento soplaba como una brisa fresca. Era como si el huracán nunca hubiera pasado por allí.
Lali sabía que cuando estuviera de nuevo en casa, desbordada de trabajo, lo que sentía por Peter también se desvanecería. El tiempo le haría olvidar aquellas dos semanas.

Pero si había una parte de ella que lamentaba aquello, era una parte muy pequeña. La cruda realidad era que no quería volver a amar a nadie otra vez. No quería volver a arriesgarse y sufrir el dolor de la pérdida.

Después de la muerte de Eric, Lali había estado perdida, asolada. Había caído en un círculo vicioso de riesgo, aventura. Había puesto su vida al límite una y otra vez en un intento de perseguir la muerte. Se había sentido desesperadamente sola. Había echado tanto de menos a su hijo que ni siquiera se había reconciliado con su familia para poder buscar apoyo en ellos.

Por el contrario, se había dedicado a hacer todo tipo de actividades arriesgadas para mantener la mente alejada del sufrimiento.

Hasta aquella mañana hacía cinco años en que, al despertarse en la habitación de un hospital, hizo frente a la verdad. Se sentía tan vacía como el mundo que la rodeaba. Había estado arriesgando la vida para no tener que enfrentarse a la vida sin su hijo.

Lali experimentó un cambio desde aquella mañana. Construyó su vida en torno a dar, ayudar y tender la mano hacia todos aquéllos que se encontraban tan solos como ella había estado.

Pero, si optaba por amar a Peter, ¿no estaría de nuevo en zona peligrosa?
-Rochi: ¿Lali?
-Lali: Perdona -murmuró aún perdida en sus pensamientos.
-Rochi: No estás bien, ¿verdad?
-Lali: No, supongo que no -admitió, agradecida de tener una buena amiga con quien poder hablar y confesarle sus miedos y preocupaciones.
-Rochi: ¿Sabes? Creo que, definitivamente, voy a regresar a casa antes.
-Lali: No tienes por qué hacerlo.
-Rochi: Lo sé, pero, de todas formas, echo de menos todo aquello.
-Lali: Rochi...
-Rochi: Estaré allí mañana o pasado mañana.
-Lali: Muy bien -dijo ella planificando ya su vuelta a Manhattan. No estaba huyendo, sólo estaba dando marcha atrás rápidamente-. Y, Rochi...
-Rochi: ¿Sí?
-Lali: Gracias.
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Dos horas después, fue el mismo Camilo quien abrió la puerta de la casa parroquial.

El ama de llaves estaba fuera haciendo la compra semanal y el otro sacerdote estaba en la iglesia pasando confesión, así que fue a Camilo al que le tocó esperar a que llegara la persona encargada de reparar el tejado y le diera presupuesto.

Pero al abrir la puerta, no se encontró con el señor Angelini sino con una hermosísima morocha de enormes ojos marrones que le sonreía saludándolo. Al instante, Camilo adivinó quién era.

-Camilo: Debes ser Lali Espósito.
-Lali: ¿El padre Camilo Lanzani? -preguntó con una sonrisa—. Peter no me dijo que su hermano era adivino.
-Camilo: Oh, no lo soy -dijo abriendo la puerta e invitándola a pasar-. Peter te describió demasiado bien. No podía haber equívoco alguno.
Lali entró en la casa parroquial y Camilo cerró la puerta tras ella. La miró fijamente. Llevaba un elegante traje color beige y una blusa de seda amarilla. Era guapa, pero parecía preocupada. Y el instinto natural de Camilo se percató de ello.
-Camilo: ¿Te apetece tomar algo fresco? Tenemos refrescos y té helado, pero te recomiendo los primeros. El ama de llaves hace un té espantoso.
-Lali: No. Nada. Gracias -dijo mientras caminaban hacia la sala de estar.
-Camilo: Por favor, siéntate.
Lali se sentó en el sofá y Camilo lo hizo frente a ella. Había tristeza en sus ojos y toda ella irradiaba un aire nostálgico que lo sobrecogía. Ahora entendí por qué Peter se había enamorado tan rápido de ella. Lo que le resultaba extraño era que su hermano aún estuviera luchando contra ello.
-Camilo: ¿Qué te trae por aquí, Lali?

Ella tomó aire y echó un vistazo a su alrededor antes de responder. Después, miró a Camilo.
-Lali: Así me gusta. Directo al grano.
El asintió, esperando.
-Lali: Peter me dijo -prosiguió ella-, que ibas a usar los diez mil dólares de la apuesta para cambiar el tejado de la iglesia.
Camilo sonrió.
-Camilo: ¿Ah, sí?
Ella abrió su bolso y sacó de él un sobre.

-Lali: No sé si lo sabías, pero él tenía intención de darte el dinero aunque ganara la apuesta.
Camilo arqueó las cejas.
-Camilo: No, no lo sabía, pero es algo muy propio de Peter. Es un buen hombre.
-Lali: Sí -dijo ella deslizando los dedos por el reverso del sobre-. Lo es.
-Camilo: Y tú lo quieres.
Ella le miró sorprendida y él sonrió. Aunque no lo esperaba, vio la emoción reflejada en los ojos de Lali. Y eso le hizo alegrarse por Peter. Ya era hora de que su hermano hubiera encontrado una mujer que significara algo para él.

-Lali: ¿Estás seguro de que no eres adivino? -le preguntó dedicándole una sonrisa.
-Camilo: Oh, seguro. Espero que no te moleste, pero no resulta nada difícil descubrirlo leyendo tus ojos.
-Lali: Genial. Ahora resulta que soy un libro abierto -dijo encogiéndose de hombros-. Espero que Peter no tenga la misma facilidad para leer que tú.
-Camilo: ¿Acaso no quieres que lo sepa?
-Lali: No -respondió firmemente-. Ninguno de los dos buscaba esto, padre.
-Camilo: Camilo -corrigió.
-Lali: Camilo. Lo que ha pasado entre nosotros... Bueno, eso ahora ya no importa.
-Camilo: Te pareces mucho a él —dijo sonriendo. Aquella mujer le gustaba. Sentía deseos de patearle el trasero a Peter por siquiera pensar en permitirse perderla.
-Lali: En todo caso -dijo ella-, no es ése el motivo por el que estoy aquí.
-Peter: Muy bien. Entonces, ¿por qué has venido? -le preguntó apoyando los antebrazos sobre los muslos e inclinándose hacia delante.
-Lali: Por esto -dijo ella entregándole el sobre.
Confuso, Camilo lo abrió, miró dentro. Se quedó atónito. Dentro del sobre se encontraba un cheque por valor de veinticinco mil dólares que Lali donaba personalmente a la parroquia.

Alzando la mirada, Camilo dijo.
-Camilo: No es que no aprecie tu donación, que lo hago, pero es una suma muy grande. ¿Puedo preguntarte qué te ha llevado a hacer esto?
Lali cerró su bolso y apoyó los brazos encima.
-Lali: Diez mil dólares no habrían sido suficientes para pagar un nuevo tejado, Camilo.
-Camilo: Cierto, pero eso no explica tu generosidad.
Lali tomó aire.
-Lali: Digamos que le he tomado cariño a Baywater -se puso en pie y anduvo hacia la ventana para ver los árboles-. Es un lugar precioso y la gente es muy amable. Voy a echarlo de menos. Quería ayudar de alguna forma antes de marcharme.
-Camilo: ¿Te marchas?
Se volvió para mirarlo y asintió. Sin embargo, antes de que pudiera bajar la vista de nuevo, Camilo vio la tristeza en sus ojos.

-Camilo: ¿Cuándo?
-Lali: Dentro de un par de días.
-Camilo: ¿Lo sabe Peter?
-Lali: No y me gustaría que me prometieses que no vas a decírselo.
-Camilo: ¿Vas a hacerlo tú?
-Lali: No lo sé aún.
Suspirando, Camilo dejó el sobre en la mesa que tenía a su lado y se acercó a ella tomándole las manos.
-Camilo: ¿Hay algo que yo pueda hacer para ayudarte?
Ella le sonrió levemente y negó con la cabeza.
-Lali: No, pero gracias por el ofrecimiento.
-Camilo: ¿Estás segura de querer marcharte? -le preguntó preguntándose cómo dos almas tan testarudas habían sido capaces de encontrarse.
-Lali: No he dicho que quiera irme. Simplemente, me voy.
El sonrió de mala gana.
-Camilo: Eso no tiene sentido, y lo sabes.
-Lali: Quizá no, pero es lo que tengo que hacer.
-Camilo: Quizá deberías contarle a Peter lo que sientes.
Lali soltó una carcajada.
-Lali: Oh, no -negando con la cabeza, continuó-. Incluso aunque yo quisiera aprovechar la oportunidad de volver a amar, sé que Peter no está interesado.
-Camilo: Le importas mucho.
-Lali: Sí, lo sé -dijo encaminándose hacia la puerta-. Pero eso no es amor, padre. Él no quiere más de lo que yo quiero.
-Camilo: ¿Estás segura de eso?
-Lali: Totalmente.
Camilo la acompañó hasta la puerta.
-Camilo: Gracias otra vez por tu donación.
-Lali: De nada, Camilo. Ha sido un placer conocerte -se dio media vuelta y se dirigió hacia el área de estacionamiento de la iglesia.
-Camilo: ¿Lali?
Lali se detuvo y echó la vista atrás. Sus ojos reflejaban el dolor que sentía en aquel momento.

Camilo apretó los dientes y, aunque su única intención era ayudar y reconfortar, se contuvo porque, de alguna manera, sabía que a ella no le haría gracia que lo hiciera.
-Camilo: Si te deja marchar, mi hermano es un completo idiota.
Ella agitó la cabeza.
-Lali: A veces, padre, quitarse de en medio es lo mejor en estos casos.
Y entonces se marchó, dejando a Camilo en el porche preguntándose cómo diablos iba a hacer para que su hermano entrara en razón antes de que fuera demasiado tarde.

Continuará....
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2 de la madrugada les posteo nove!!! 
PERDÓN! :(

Pero listo ya esta mañana la terminamos!! ;) 

no les digo nada más porq ya tengo sueño! jajaja
BESOSSSSSSSSS :D





25 comentarios:

  1. Buenísimos los caps geniales mas mas te espero mañana

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  2. Son las dos de lamañaba y aaqui estoy, fiel jajaja graciaaaas y Terminala yaaa, tipo maratoooon jaja

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  3. No pueden ser tan duros los dos!! Me encanta más!!

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  4. Esta muy buena masssss

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  5. Que tontos que son los 2 que se amen de una ve y se acabo. Camilo haz algo antes de k sea tarde!!. MAS NOVE!!!!

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  6. Quien ceder+aprimero?O tendran q intervenir Camilo o Rochi para q estos dos bobos entren en razón?
    Pobre Camilo,me llevó tres noves pero lo he perdonado,JAJA!Espero q no les hadga cumplir lo del disfraz,sólo eso.
    En cuanto a ellos supongo q se arreglaran y TODOS FELICES!Ojalá Lali tenga otro bebé,se nota q ama a los niños!

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  7. Gracias por subir a pesar de la hora y estar tapada de cosas!Fue grata soprpresa levantarme y desayunar con tu nove!

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  8. hay que feo no me gusta primero felicidad y ahora toda se va a derrumbar y todo por que los 2 son unos tercos que no pueden entender que se aman

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  9. Quiero que Peter se entere de que lali se va a ir y que se de cuenta que esta enamorado! u.u
    Espero mas novee!
    besos

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  10. sos geniaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

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  11. Mas Novee
    @sarapinyana

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  12. Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove

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  13. Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove

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  15. Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove Mas nove

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  16. lo importante es que publicastes....

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  17. Me encanta!
    Siempre terminan con Camilo! Tanto ellos como ellas jajajaja
    Un genio Milo :)
    Espero mas!
    Besos y gracias x subir :)

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  18. aaaaaaaaaaaaaaaaaa
    nasssssssssssssssssss

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  19. mas!! espeero peter no deje que lali se valla!!
    @Marines_coronel

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  20. No sabia que habías posteado...como siempre, BUENISIMA la nove. GRACIAS

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  21. NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO PETER DATE CUENTAAA POR LO QE MAS QUIERAS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! DATE CUENTA!!!!!!!!!!!!!!1 @LuciaVega14

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