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martes, 12 de marzo de 2013

Capítulo TREINTA y SEIS



De alguna manera, Lali pensó confusamente, que Peter parecía creer que ella encontraría sus besos tan indeseables que iba a confesar cualquier cosa para hacerlo desistir. Lali no podía pensar en cómo había llegado a dicha noción. De hecho, no podía pensar en nada. 

Su boca se movía sobre la de ella en un ángulo suave, íntimo, hasta que encontró un alineamiento perfecto que la hizo débil en todo. Ella puso sus brazos alrededor de su cuello para evitar caer al suelo y sintió el calor de su cuerpo duro, la punta de su lengua la acariciaba, saboreándola. 

Su cuerpo parecía más fuerte contra el suyo como si sus miembros se ponderarán con el placer. Ella sintió el momento en que su ira fue eclipsada por la pasión, el deseo y la necesitad al rojo vivo. Sus dedos se hundieron en su hermoso pelo, sintiendo las cerdas fuertes y vibrantes, el cuero cabelludo caliente contra sus palmas. Con cada inhalación se inundo más de su fragancia de sándalo en la piel masculina caliente. 

Su boca se deslizó sobre la de ella y la arrastró a lo largo de la garganta, cruzando lugares sensibles que la hacían retorcerse. A ciegas se frotó los labios contra su oreja. Él respiró fuerte y volvió la cabeza hacia atrás. Su mano llegó a la mandíbula, que apretó con firmeza. 
—Peter: Dime lo que sabes — dijo, con su aliento abrasador sobre sus labios. — O voy a hacerte algo peor que esto. ¿Es eso lo que quieres? 

De hecho, si. . . 

Sin embargo, recordando que este iba a ser un castigo, Lali logró decir lánguidamente: 
—Lali: No, deténgase. — Su boca se apodero de la de ella otra vez. Suspiró y se fundió en ese beso. 

La besó con más fuerza, presionando la espalda contra el lado de la rejilla, con las manos tocándola indecentemente. Su cuerpo estaba atado y comprimido, oculto bajo capas de ropa femenina, frustrando sus intentos de acariciarlo. 

Sus prendas de vestir, sin embargo, presentaban mucho menos obstáculos. Ella deslizó los brazos dentro de su chaqueta, buscando a tientas tocarlo, tirando ardientemente en su chaleco y la camisa. Al llegar por debajo de las correas de los tirantes de sus pantalones, se las arregló para sacar parte de su camisa de los pantalones y sentir su cuerpo caliente. 

Ambos jadearon mientras sus dedos tocaron el frío ardor en la piel de su espalda. Fascinada, Lali exploró la curvatura de los músculos intrínsecos, la fuerza impresionante debajo de la superficie. Ella encontró la textura de las cicatrices, vestigios de dolor y supervivencia. Después de acariciar una cicatriz más, la cubrió tiernamente con su palma. 

Un estremecimiento sacudió su cuerpo. Peter gruñó y aplastó la boca sobre la de ella, apoyando su cuerpo contra el suyo, hasta que juntos se unieron en una cadencia erótica. Instintivamente Lali trató de unirlo más a ella, tirando de sus labios, con su lengua acariciando la suya. 

Peter rompió el beso de manera abrupta, jadeando. Acunando su cabeza entre las manos, apretó su frente contra la de ella. 

—Peter: ¿Eres tú? — Preguntó con voz ronca. — ¿Lo eres? 

Lali sintió que las lágrimas se deslizaban debajo de las pestañas, no importa cómo parpadeo varias veces para disiparlas. Su corazón estaba en llamas, parecía que su destino la había llevado hacia este hombre, hacia este momento de amor no expresado. Pero estaba demasiado asustada de su desprecio y avergonzada de sus propias acciones, para responder. 

La mano de Peter encontró la marca de la lágrima en su piel húmeda. Su boca rozó los labios temblorosos, deteniéndose en una esquina suave, deslizándose hasta el borde de la mejilla de con sabor a sal. 

Se separo de ella, dio un paso atrás y la miró con ira desconcertada. El deseo ejercía tal fuerza entre ellos que Lali aturdida se preguntó cómo podía mantener esa pequeña distancia incluso. 

Un suspiro se le escapó. Se arreglo la ropa, moviéndose como si estuviera intoxicada. 
—Peter: Maldita seas. – dijo con voz baja y tensa, luego salió de los establos. 

Albert, que había estado sentado junto a la puerta, comenzó a trotar tras él. Al percatarse de que Lali no iba con ellos, el terrier se detuvo y mirando hacia ella gimió. Lali se inclinó para acariciarlo. 
—Lali: Ve, muchacho — susurró. 
Vacilante sólo un momento, Albert corrió tras su amo. 

Y Lali miro a ambos con desesperación. 

Continuará...

+15 FIRMAS :D

23 comentarios:

  1. Noooo!!! más nove!!! ;)

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  2. noevelaAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA

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  3. mas ams amssssssssssssssssssssss

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  4. :O Masssssssssss, me esta fascinando estos capitulos re LALITER! alksjdlaiuedakj masss caps Daniiiii!! ❤

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  5. Solo puedo decir que MAS NOVE me e quedao sin pelabras :o


    Arantxa

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  6. Jajajaj,me encantaaaaaaa,seguilaaaaaaaaa!!!!!!!masmasmasmasmasmasmasmasmasmasmasmasmasmasmasmasmasmasmasmasmasmasmasmasmasmasmasmasmasmasmasmasmasmasmasmasmasmasmasmasmasmasmasmasmas,besotes!!!nos leemos;-)

    bethket

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  7. Haaaaaaaaaaaay pobre La!! Maaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaas
    @Male_Mika

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  8. me encanta que pasara ahora un beso desde españa

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  9. mas nove que me tengo que acostar que aqui en itali es de noche

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  10. Que sentimientos contradictorios... por las caritas que marque porque puse una feliz y una triste! :| jajajaja lfiwejflwjflwe yo te dijeee se iba a enojar pero por lo menos ya sabe la verdad :'( @LuciaVega14

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