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jueves, 16 de abril de 2015

DOCE



El sol de la mañana relucía sobre las aguas de la bahía y el Golden Gate quedaba enmarcado por las verdes colinas boscosas. En el aire flotaban el olor a agua salada y el hedor del pescado mientras Lali contemplaba la escena sentada en un banco del parque, aferrada con fuerza al asiento. Las gaviotas bajaban en picado a su alrededor. Sus agudos graznidos amenazaban con hacer trizas sus ya destrozados nervios.
Lo que necesitaba era una patada en el trasero que la espabilara y la motivara a seguir investigando sobre lo que le había sucedido. Sin embargo, allí estaba esperando a Peter Lanzani.
Después de tres días mordiéndose las uñas y languideciendo a la espera de que Cande le comunicara las noticias sobre los análisis, había claudicado y lo había llamado. Desconocía cuál era el origen de esa compulsión que la instaba a hablar con él, y no entendía por qué le afectaba tanto la reacción de ese hombre. Lo único que tenía claro era que se sentía consumida por la culpa desde el día que lo conoció y que, si no hacía algo para arreglarlo, dicho sentimiento acabaría destruyéndola y le impediría buscar las respuestas que necesitaba con tanta desesperación.
Sabía lo que se sentía al perder a un ser querido. Y por eso intentaba ponerse en el lugar de Peter, intentaba imaginar qué haría si Benjamín se levantara de repente de la tumba.
La ira se apoderó de ella, y se aferró con más fuerza al banco. Lo primero que haría sería encadenarlo a una silla hasta obtener las respuestas que estaba buscando. Después, lo sometería al impacto de un chorro de arena a presión por ser el culpable de la pesadilla que estaba viviendo.
Respiró hondo al tiempo que soltaba el banco para pasarse las manos por el pelo. Benjamín no se levantaría de la tumba. Y ella era una mujer sin pasado.
Vio que Peter se acercaba por el camino del puerto antes de que él la localizara a ella. El extraño déjà-vu que experimentó frente a su casa se repitió mientras lo observaba. Caminaba con las manos metidas en los bolsillos delanteros del pantalón y, aunque llevaba gafas de sol, era evidente que fruncía el ceño. También se percató de que sus ademanes eran tensos, lo que ponía de manifiesto que la situación le resultaba muy incómoda.
Se detuvo a unos cuantos pasos del banco, con los dientes apretados. Lali se levantó para saludarlo y sintió que se le caía el alma a los pies, una reacción para la que no estaba preparada.
—Gracias por venir —logró decir.
—No estoy seguro de por qué lo he hecho —replicó él con un tono gélido que no le gustó nada.
¿Era la voz que usaba en su trabajo para intimidar e influir en los demás? De ser así, resultaba muy efectiva.
—Te lo agradezco de todas formas. —Cambió el peso del cuerpo al otro pie, insegura acerca de lo que iba a decirle una vez que lo tenía delante. Un incómodo silencio, tan vasto como el océano, se instaló entre ellos.
—Dudo mucho que sepas algo todavía, así que ¿cuál es el motivo de este encuentro? —quiso saber.
Por algún motivo que Lali no alcanzaba a entender, ansiaba ponerle fin a la distancia que los separaba. Ansiaba consolarlo. Una reacción de lo más inesperada.
—No, no tengo noticias. Cande dice que los resultados tardarán todavía una semana. Y, por cierto, también debo agradecerte que accedieras a realizar las pruebas.
Peter no replicó, se limitó a apoyar el peso del cuerpo en los talones mientras la observaba fijamente. Lali captó su perfume en el aire y la invadió una sensación extraña, como si reconociera ese olor especiado.
Pero no era un olor que le resultara familiar. La sensación se debía más bien a la atracción física. Era un hombre atractivo y poderoso, y a fin de cuentas ella era una mujer. Mucho antes de que sucediera todo lo que había sucedido, ya le parecía guapo. Sin embargo, la prensa rosa y las revistas del corazón no le hacían justicia. Esa nariz recta, ese mentón cuadrado y recién afeitado, esos rasgos esculpidos y tan masculinos... sumados a esa boca...
La mirada de Lali descendió hasta sus labios. Carnosos. Suaves. Tentadores. Se preguntó qué se sentiría si acariciara ese labio inferior con el pulgar, si trazara la cicatriz casi invisible que tenía en la parte derecha de la barbilla. Ese hombre tenía una boca sensual que en algún momento del pasado ella probablemente habría besado, saboreado y reclamado como suya.
¡Uf!
¿De dónde narices había salido ese pensamiento? Se obligó a apartar la vista de esa boca tan tentadora y a alzarla de nuevo a sus ojos. O a sus gafas de sol para ser más exactos.
Y puesto que no podía verle los ojos, le estaba costando bastante interpretar sus reacciones. Una circunstancia que aumentaba su nerviosismo.
—Vale, a ver... —dijo al tiempo que enderezaba la espalda y desterraba los pensamientos lujuriosos de su mente—. Solo quería disculparme por todo esto. Sé que no estás muy contento conmigo. Y quiero que sepas que lo siento mucho. Solo quiero saber la verdad. No tienes ni idea de lo difícil que me resulta todo esto.
—¿Te resulta difícil? —Enarcó una de sus cejas—. ¿Que no tengo ni idea de lo difícil que te resulta todo esto? Intenta ponerte en mi lugar diez segundos.
Lali suspiró.
—Lo he hecho. Sé que no es fácil para ti, que no es fácil para ninguno de ustedes. Pero yo no me levanté una mañana diciendo alegremente: «Oye, voy a buscar a Peter Lanzani para joderle la vida.» No soy así.
—¿Ah, en serio? Porque eso es justo lo que has hecho. —Empezó a alejarse, pero se detuvo y regresó—. ¿Sabes la cantidad de pirados que hay por ahí intentando joderme la vida? Mi vida personal es asunto mío y de nadie más. ¡Joder! Si la prensa se huele lo tuyo, caerán sobre nosotros como una jauría salvaje. ¿Alguna vez te has parado a sopesar las consecuencias, aunque sea un minuto? Mi hija va a acabar involucrada en todo esto. La prensa intentará devorarla, y llevo cinco años intentando protegerla de todos ellos. Si hubieras aparecido en nuestra puerta preocupada por nosotros, sería una cosa. Pero que lo hayas hecho por curiosidad... ¡Es increíble!
Estaba más enfadado de lo que pensaba. Lali intentó mantener la voz serena y tranquila.
—No es así.
—Claro que es así. No somos nada para ti. Lo veo en tu cara. Lo vi el día que te presentaste delante de mi casa. Nos miraste como si no fuéramos nada. Y nosotros te miramos como si lo fueras todo. Pero a ti te importa un comino. —Se pasó una mano por el pelo con los músculos tensos.
Lali se dejó caer de nuevo en el banco, tras perder de repente las ganas de pelear.
—Sí que me importan. De no ser así, no habría venido. No me mueve solo la curiosidad. Es muchísimo más que eso. Si resulta que soy Mariana Lanzani, significa que Luz es mi hija. No puedo darle la espalda a algo así. Jamás habría dejado a mi hija a propósito. Y tampoco me gustaría que creciera pensando que eso fue lo que pasó. Si no hago algo para arreglar las cosas no podré vivir conmigo misma.
Tragó saliva, nerviosa por las implicaciones de lo que acababa de decir. Si al final era Mariana Lanzani, y Luz era realmente su hija, cabría la posibilidad de que Tomás fuera hijo de Peter. No de Benjamín, como le habían hecho creer. Tomás era idéntico a Peter, hasta ella lo veía. Entonces ¿por qué se engañaba pensando que no era Mariana Lanzani?
Se obligó a superar el miedo. Tenía que saber la verdad a toda costa. Fuera la que fuese, tenía que saberla.
Alzó la vista, deseando con desesperación que Peter se quitara las dichosas gafas.
—No quiero joderle la vida a Luz. De verdad que no, créeme. Tampoco quiero ponerla en peligro. Pero... pero si es mi hija, tengo que saberlo.
En un primer momento, Lali pensó que Peter se daría media vuelta y se marcharía. En cambio, se sentó a su lado en el banco, se quitó las gafas de sol y apoyó la cabeza en las manos. Un hombre derrotado. Un hombre que sufría, como ella.
—¿Crees que no lo he pensado? ¡Por Dios, llevo tres días sin pensar en otra cosa! Luz es mi mundo. Y todo esto la tiene muy enfadada. No lo comprende. Es una niña de nueve años muy madura para su edad, pero no entiende lo que está pasando. Yo tampoco, por cierto.
—Pues ya somos tres.
Peter clavó la vista en el agua.
—Me he devanado los sesos en busca de una explicación para todo esto. ¿Qué te pasó desde que te dejé en el aeropuerto hasta que el avión despegó sin ti? Me dijeron que ibas en el avión. Identifiqué tu bolso y tu portátil, que encontraron entre los restos del accidente. Fuera lo que fuese, debió pasarte en un intervalo de una hora como mucho. Te juro por mi vida que no lo entiendo.
—Si supiera la repuesta, esto no sería tan difícil.
Peter meneó la cabeza y clavó la vista en el suelo.
—No, nada lo haría más fácil.
Tras sus palabras se produjo un silencio durante el cual la frase quedó flotando en el aire. Cuando por fin la miró, Lali reconoció la sinceridad y la franqueza en esos brillantes ojos verdes. Y, de repente, sintió una descarga para la que no estaba preparada.
—Si hubiera sabido que no ibas en ese avión, te juro por Dios que te habría buscado.
La determinación que irradiaba su voz la conmovió hasta lo más hondo. Esos ojos feroces y decididos parecían atravesarla y llegarle al alma. Por más que lo intentara, era incapaz de dejar de mirarlos. La atraían y parecían estar despertando algo en su interior.
—Te creo —susurró.
Peter cerró los ojos y después volvió a mirar hacia el agua, rompiendo el hechizo que comenzaba a embrujarla.
—En fin, ¿qué hacemos ahora?
—Yo... no lo sé. Esperar, supongo.
—Ya sabemos la respuesta. Yo la sé. Y tú también la sabes, porque de lo contrario no estarías aquí sentada conmigo.
Lali sintió un nudo en la garganta, provocado por la certeza de sus palabras. Meneó la cabeza.
—Necesito saberlo con seguridad. Luz no querrá ni verme hasta que podamos confirmar una cosa o la otra.
—Es posible que no quiera verte con independencia del resultado de los análisis. Lo ha pasado muy mal.
Lali sintió un repentino dolor en el pecho. Su intención no era hacerlos sufrir. Solo quería mejorar las cosas. Para todos.
—No quiero hacerle daño, ni a ti tampoco.
—Hagas lo que hagas, vamos a sufrir. —Peter se puso en pie y volvió a colocarse las gafas.
El brillo del oro cuando movió la mano llamó la atención de Lali, que reparó en ese instante en la alianza que llevaba en el dedo.
—Pero ya lo decidiremos cuando tengamos los resultados definitivos. —Su voz ya no era amable, sino fría y desabrida—. Hasta entonces, no intentes verla. Necesita tiempo para hacerse a la idea. Si insistes en aparecer, solo conseguirás confundirla aún más.
Lali asintió con la cabeza, incapaz de entender sus súbitos cambios de humor. Jamás había visto nada semejante. Su voz pasaba de conmoverla hasta lo más hondo a apuñalarla con su frialdad en un abrir y cerrar de ojos, provocándole un escalofrío en la espalda.
—De acuerdo. Lo entiendo. ¿Tú estás bien?
—¿Yo? Sí, estoy acostumbrado a vivir en el infierno. Lo superaré.
Lali lo observó alejarse. Sin embargo, no se sentía mejor que antes. En todo caso, se sentía peor. Hablar con él solo había demostrado que ese hombre había querido a su mujer muchísimo más de lo que ella había supuesto.
Continuará... +15 :'/

20 comentarios:

  1. Ayyy me encantaaaa! Muy buena nove!!! Subi otroooo

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  2. Porq no le dice q tiene un hijo osea el momento ese q están pasando es un terrible bajón pero necesita saberlo Peter también

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  3. Me niego ir a cocinar sin leer otro capi más 😄

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  4. subi otrooooo massssssssssss

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  5. Muy buena novela!! necesito otro capítulo antes de seguir estudiando!! porfiiii

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  6. muy buen cap!!.. uy lo que va a ser cuando se entere de su hijo, que esta vivo!! pobre pitt!! sube mas!

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  7. otro más porfii! me encanta la novela!!

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  8. :OOO cuando se entere que tomás es su hijo :O

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  9. ayy noo me mueroo
    maass
    hay q triste toda la situación imaginate cuando aparezca con el nene!
    maass

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  10. necesito seguir leyendo
    massssssssssssssssssssssssssss

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  11. Peter lleva una coraza puesta.
    El anillo llamó su atención,será posible k el suyo sea idéntico.
    Lali ,aún no les habló d Tomás.

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  12. Cap a cap, me tienes en un suspenso continuo.

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