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domingo, 19 de abril de 2015

TREINTA Y UNO



Peter se frotó el pecho con una mano mientras subía la escalera. Escuchar a Mariana decir que lo necesitaba lo había dejado sin aire en los pulmones. Pero verla abrazar a su hijo y presenciar el amor que se profesaban casi lo había postrado de rodillas.
Quería recuperar a su familia. Quería la felicidad que les habían arrebatado. Y, sobre todo, la quería a ella de forma permanente en su vida. Quería verla sonreír todas las mañanas, quería acurrucarse con ella, con Tomás y con Luz, quería que lo mirara con esos ojazos cafés brillantes por el deseo y concentrados solo en él como había sucedido en la cocina. Y quería que le dijera una y otra vez que lo necesitaba. Que lo deseaba. Que lo quería de la misma forma que él la quería. Le daba igual que no recordara la vida que compartieron en el pasado. Lo que estaba sucediendo entre ellos en esos momentos... era mucho más sensual que lo que habían compartido antes.
Se detuvo al llegar a la puerta del dormitorio de Luz para recuperar la compostura. Cuando estuvo seguro de que no iba a hacer el ridículo, llamó con suavidad.
Luz no contestó, pero sabía que estaba dentro. Giró el pomo y empujó la puerta con el hombro para abrirla.
Su hija estaba sentada en el alféizar acolchado de la ventana, apoyada en la pared y con la vista clavada en los árboles del patio trasero. Tenía los brazos cruzados por delante del pecho, el ceño fruncido por el enfado y una expresión tan angustiada que Peter no supo qué hacer ni qué decir en un primer momento. Tras la muerte de Mariana, Luz había sido su ancla. Ella fue lo que lo ayudó a seguir adelante. Le dolía saber que ella estaba sufriendo, mientras él sentía que le habían concedido una segunda oportunidad.
Se sentó a su lado.
—¿Quieres hablar del tema o prefieres seguir enfadada?
—Prefiero seguir enfadada.
—Bueno, pues yo quiero hablar del tema.
Luz seguía con la vista clavada al otro lado de la ventana.
—No me gusta esa mujer.
—No le has dado la menor oportunidad.
—No quiero dársela. Ya sé que no me gusta.
Peter se frotó la frente.
—Luz, no sé cómo hacer que esto te resulte más fácil. Tienes que intentarlo. Sé que no es fácil, pero al menos debes intentarlo. Los demás lo estamos haciendo.
Su hija volvió la cabeza con brusquedad para mirarlo con los ojos llenos de lágrimas.
—No quiero intentarlo. No quiero llegar a conocerla. No quiero estar cerca de ella. Y no entiendo por qué tú sí quieres estarlo. No es la misma. ¿Es que no lo ves?
—Sí que lo es. En el fondo. Tienes que darle una oportunidad para que te lo demuestre.
—Te está engañando, ¿no te das cuenta? Lo único que va a hacer es complicar las cosas. —Luz se puso en pie de un salto—. ¡No te quiere, no nos quiere, y cuando lo descubra volverá a marcharse!
—No, no lo hará —le aseguró en voz baja, frustrado porque su hija tuviera que verse obligada a lidiar con esa situación.
—¡Sí que lo hará! Y esta vez lo hará porque quiere hacerlo. No será un accidente. —Las lágrimas comenzaron a resbalar por sus mejillas. Se las limpió—. No quiero que eso vuelva a pasar. ¡No quiero que vuelva a pasarnos!
—Cariño —dijo Peter al tiempo que la rodeaba con los brazos, pese a sus intentos por no dejarse atrapar—. Eso no va a pasar, te lo prometo.
Claro que, ¿cómo podía estar seguro de ello? Mariana le había dicho justo la noche anterior que quería irse, que quería olvidar todo ese lío. No podía obligarla a quedarse si ella no estaba por la labor de hacerlo. Pero tampoco permitiría que se marchara sin luchar. No después de lo que acababa de pasar entre ellos.
Cuando Luz dejó de forcejear, se apartó un poco de ella y le limpió las lágrimas de las mejillas.
—Luz, te quiero. No voy a permitir que sufras otra vez. Te lo prometo.
Su hija le echó los brazos al cuello y apoyó la frente en uno de sus hombros.
—¿Por qué tienes que salir con ella? ¿Por qué no pueden ser solo amigos?
—Porque la amo, cariño —contestó en voz baja, con los labios pegados a su pelo—. Porque la amo desde hace mucho tiempo, desde antes de que tú nacieras. Y ese sentimiento no desaparece solo porque alguien quiera que lo haga. Tampoco desaparece con el paso del tiempo. Siempre está ahí.
—Pero tú no la quieres a ella. Quieres a mamá.
Peter se echó hacia atrás para mirarla a los ojos. Se parecía mucho a su madre. La misma barbilla. El mismo hoyuelo. El mismo carácter testarudo. Le apartó un mechón de pelo de la cara con delicadeza.
—Ella es mamá, cariño.
Luz lo abrazó de nuevo y enterró la cara en su pecho.
—Luz, por favor. —Peter sentía el escozor de las lágrimas en los ojos—. Por favor, inténtalo por mí. Necesito que por lo menos hagas un esfuerzo. Esta tensión me está matando.
La niña se sorbió la nariz y se limpió las lágrimas, aferrada a él como si fuera un salvavidas. Se mantuvo en silencio tanto rato que Peter no supo qué decir ni qué hacer. Tenían que superar ese problema. Tenían que hacerlo.
—Bien —dijo Luz al final—. Lo intentaré. Pero no lo haré por ella. Solo lo haré por ti.
No era la respuesta que Peter deseaba escuchar, pero era un comienzo. Era más de lo que tenía el día anterior.
Se apartó de ella para limpiarle las lágrimas de nuevo. Su hija lo era todo para él, pero ni siquiera por ella sería capaz de dejar de amar a la única mujer a la que había querido en la vida.
—Gracias, Luz. —Le apartó el pelo de la cara—. ¿Ya no estás enfadada?
—No, supongo que no.
Mentía. Lo veía en sus ojos. Pero ansiaba creerla, lo necesitaba para mantener la cordura.
—Bien. —Se levantó y le agarró una mano—. Vamos. Me muero de hambre. Tenemos que bajar antes de que el abuelo se lo zampe todo. Ya sabes lo que le gustan los huevos y las tortitas.
Luz lo siguió y mientras caminaba en dirección a la cocina, desde donde les llegaban las risas de los demás, Peter sintió, por primera vez desde hacía años, que el hielo que tenía en el pecho comenzaba a derretirse. Por primera vez desde lo que le parecían siglos, tenía esperanza.

Unos amenazadores nubarrones se cernían sobre la ciudad, semioculta por una leve neblina, y una suave brisa agitaba las hojas de los árboles. Si el clima era indicativo de lo que iban a encontrar, Lali no estaba muy segura de querer seguir adelante.
Se habían puesto en marcha más tarde de lo que esperaba. Después de sacar su viejo portátil y su bolso del ático, donde habían estado guardados desde el accidente, Peter se marchó durante una hora o así para solucionar un problema que les había surgido en el trabajo. Ver sus antiguas pertenencias no ayudó en absoluto a que Lali recordara algo, pero tampoco había supuesto que la ayudaría. Sin embargo, le resultó extraño mirar algo que en el pasado fue suyo. Y no sentir nada.
Se libró de la melancolía que le provocaba la situación y, por insistencia de Peter, se mantuvo alejada de la editorial. La secretaria de Ramiro no se tomó muy bien lo de comunicarle el mensaje, pero no quería discutir con Peter sobre el tema. Al menos, no hasta que descubrieran quién estaba involucrado en su desaparición.
Comprobó la dirección mientras Peter conducía por el vecindario más cercano al puerto. El coche pasó sobre una banda reductora de la velocidad al llegar a Harbor Drive y ella cambió de posición en el asiento de cuero. El nuevo Jaguar de Peter destacaba muchísimo, tan negro y tan reluciente, entre las camionetas oxidadas y los antiguos coches aparcados en la mayoría de los caminos de acceso a las casas que se alineaban a lo largo de ese tramo de carretera.
Lo miró de reojo mientras conducía el lujoso coche y recordó que era un hombre de éxito. A veces, incluso se le olvidaba que era un famoso, se le olvidaban su fortuna y su prestigio. Cuando estaban a solas, era como cualquier otro hombre. No vivía como alguien que había amasado millones; no actuaba como si pudiera comprar y vender a una persona a capricho. Pero también había momentos en los que lo había oído hablar por teléfono con alguno de sus socios y su actitud le había recordado lo poderoso que era realmente.
¿Cuál era el verdadero Peter Lanzani? ¿El hombre frío y centrado en el trabajo que conoció al principio o el hombre cariñoso y tierno de los últimos días?
La tensión sexual que reinaba entre ellos cuando estaban juntos era innegable, al igual que lo eran los profundos sentimientos que albergaba por él. Sin embargo, las dudas sobre su capacidad para juzgar a los demás persistían. ¿Acaso no se había equivocado por completo con Benjamín?
Recordó la conversación que había mantenido con Peter la noche anterior. Conocía a Benjamín. Habían trabajado juntos. Pese a lo que le había contado, ella tenía la creciente sospecha de que no había sido del todo sincero.
—Creo que es ahí. —La voz de Peter la devolvió al presente.
—Es una casa flotante.
Peter aparcó el coche en la acera y detuvo el motor.
—Parece que no hay nadie en casa.
—La suerte sigue de nuestro lado... —replicó ella con el ceño fruncido.
Peter abrió la puerta.
—Vamos a echar un vistazo.
El embarcadero se meció levemente bajo los pies de Lali a medida que caminaba. El miedo la llevó a clavarse las uñas en las palmas de las manos, y tuvo que hacer un gran esfuerzo para no volver a la carrera a tierra firme.
—¿Qué te pasa? —le preguntó Peter.
—No me gustan mucho las embarcaciones.
—¿Desde cuándo? —Rodeó un cubo que alguien había dejado en el suelo.
—Desde siempre.
—Pues antes no te molestaba. Solías pasar horas en nuestro barco.
Lali se detuvo al llegar a la puerta.
—¿Tienes barco?
—Tenía. Lo vendí hace unos años.
«Qué raro», pensó Lali. No se imaginaba ansiosa por subirse a un barco a sabiendas de que acabaría mareada. Un detalle más que demostraba que no era la misma mujer que Peter recordaba. Levantó una mano para llamar a la puerta. Al no obtener respuesta, llamó de nuevo.
Peter se volvió y echó un vistazo por la zona.
—Quédate aquí. Ahora mismo vuelvo.
—¿Adónde vas?
—A comprobar una cosa.
«Genial», pensó ella. Detestaba que la dejara en la inopia. Pero más detestaba saber que estaba a bordo de un barco. Echó un vistazo a las aguas verdosas que tenía debajo y sintió que se le revolvía el estómago. No alcanzaba a entender cómo alguien podía vivir en un barco.
La puerta principal se abrió y vio la cara de Peter tras la mosquitera.
Abrió los ojos de par en par.
—¿Qué estás haciendo?
—Vamos —dijo él, invitándola a pasar—. La puerta trasera estaba abierta.
—Peter, estamos cometiendo un delito de allanamiento de morada —le recordó ella mientras cerraba la puerta.
—Anoche no tuviste el menor problema con eso.
—Era distinto. Había un motivo para hacerlo. Pero esto me parece... tengo la impresión de que estamos invadiendo la intimidad de otra persona.
Peter rio entre dientes mientras inspeccionaba la pequeña sala de estar.
—No vayas a ponerte quisquillosa ahora. Echa un vistazo, a ver si encuentras algo. Yo voy arriba. —Desapareció por el pequeño tramo de escaleras.
Lali frunció el ceño mientras reparaba en la manta naranja y marrón que descansaba sobre el respaldo de un desgastado sillón relax de cuero con agujeros en los brazos. Un montón de revistas del corazón yacían desperdigadas sobre la arañada mesa auxiliar de roble. En otra mesita más pequeña había una taza de café vacía.
Lali inspeccionó la cocina adyacente. La mesa de formica estaba atestada de papeles. En un plato de plástico había una rosquilla a medio comer.
Se acercó y tocó la cafetera. Aún estaba caliente y la luz roja parpadeaba, indicando que la máquina estaba encendida. O Janet Kelly había salido a la carrera o no le preocupaba en absoluto que su modesta casa se incendiara.
Lali ojeó los papeles de la mesa. Facturas, recetas y una revista de moda. A la mujer le gustaba comprar. Siguió buscando con la esperanza de encontrar algo que pudiera relacionar a Janet Kelly con la pesadilla en la que se había convertido su vida.
Su busca fue infructuosa. Volvió a inspeccionarlo todo. Al otro lado de la cocina, vio un periódico. Suspiró mientras se acercaba y le dio la vuelta.
En ese momento, contuvo el aliento.
Una foto suya y de Peter tomada durante la conferencia de prensa del día anterior ocupaba la portada. El fotógrafo había captado un momento durante el cual ella estaba respondiendo una pregunta y Peter la estaba mirando, bien sorprendido por lo que ella decía o bien emocionado. Su expresión era muy tierna. Y muy distinta de como la había mirado poco rato antes de que comenzara la conferencia. Sin embargo, el motivo de que Lali contemplara la portada con los ojos como platos no era la foto, sino el hecho de que su cara estuviera rodeada por un círculo rojo trazado con rotulador.
Escuchó el crujido de las tablas del suelo en la planta alta. Cogió el periódico y subió.
La segunda planta consistía en un espacioso dormitorio dividido en una zona para dormir y en una oficina, que contaba con una mesa y un ordenador. La mesa estaba oculta bajo un sinfín de papeles. Sobre ella colgaba una lámpara de techo.
Cuando entró, Peter alzó la vista de los documentos que estaba ojeando.
—Janet Kelly tenía prisa por marcharse —le dijo.
—Sí, eso me ha parecido —replicó ella, al tiempo que el miedo le provocaba un hormigueo en la piel—. La cafetera todavía está caliente.
—¿Has encontrado algo?
—Solo esto. —Arrojó el periódico sobre la mesa.
Peter lo miró, pero Lali fue incapaz de interpretar su expresión.
—¿Y tú? —le preguntó, desterrando el terrible presentimiento que acababa de asaltarla.
—No he encontrado mucho. —Le entregó una arrugada hoja de papel arrancada de un cuaderno—. ¿Reconoces algún nombre de esta lista?
—El mío.
—Lo sé.
En la hoja había escritos quince nombres. Casi la mitad de ellos estaban tachados con rotulador rojo. El suyo era el último y no estaba tachado, sino rodeado por un círculo.
—¿Qué significa esto? —le preguntó a Peter en voz baja.
            —No lo sé. Pero creo que debemos empezar a comprobar los demás nombres de la lista. Después, buscaremos a Janet Kelly y descubriremos qué está pasando.

Continuará... +15 :o

20 comentarios:

  1. no no no no que onda esa mina que tiene que ver en todo esto que raro ayyy que intriga necesito sabber como sigue estooo ansiosa por leer mas

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  2. Maaaaass maaaas maaaas masas masas

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  3. Esta mujer tiene algo que esconder mas mas maaasss

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  4. gente muerta? Quiero más! Me mató la charla con luz!

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  5. otro capítulo otro capítulo otro capítulo otro capítulo

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  6. Que intriga saber que le hicieron a lali

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  7. sube mas estoy ansiosa por saber que pasara de ahora en adelante

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  8. masssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss

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  9. Al menos Luz ,x su papá le dará una oportunidad.

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